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MALENTENDIDO EN MOSCÚ

AUTORA: Simone de Beauvoir

PUBLICACIÓN: 23/03/2020

EDITORIAL: Navona


Envejecer conlleva cambios. Pensar en la muerte y sentir pánico van asociados, pero cuando los años empiezan a dar señales de que el momento de envejecer está cercano, este parece tener prioridad. Porque, aunque cueste creerlo, poco a poco van saltando las alarmas que nos van preparando.

Malentendido en Moscú es una novela que muestra el desencanto cotidiano de Nicole y André, una pareja de profesores jubilados que viajan a Moscú.

Contiene una dosis autobiográfica relacionada con uno de los viajes que Beauvoir y Sartre realizaron a Moscú. Ambos escritores mantuvieron una larga relación abierta de muchos años, propuesta por Sartre y basada en no casarse, no vivir juntos y no exigirse fidelidad sexual.

Se prometieron algo más: no mentirse y contarse lo que ocurriera con sus otros amantes. Pero esta libertad que cada uno deseaba para sí mismo no eliminó los celos en la escritora.

Esta forma de construir una relación, donde cada uno podía tener su propia existencia sin quedar atrapados en las convenciones sociales, no tiene por qué resultar extraña, y menos aún con los cánones actuales.

Beauvoir podía aceptar que Sartre fuera libre para amar a otras mujeres y, por lo que he leído, sufría con la situación. Ella no quería tenerlo en propiedad, pero sí ocupar el lugar más importante en su vida.

Creo que esta situación encaja bien en el papel de los personajes de Nicole y André.  Aunque están casados en el sentido convencional, ya en Moscú, ambos miran al pasado analizando lo que han tenido, lo que han hecho y hasta donde han llegado.

La edad los lleva a replantearse la vida que eligieron llevando caminos diferentes, y ambos se muestran decepcionados.

Esta evolución de desencanto amoroso y personal hace que la novela parezca más deprimente. Pero tengo que aclararlo.

La actitud de Nicole es la de una mujer celosa en parte, asustada por la vejez a los sesenta años, y siente que su marido no le presta la atención que ella espera. Su conciencia es fuerte, pero siente que el tiempo se le acaba y esto juega en su contra; parece haber perdido la ilusión. Cuando era joven las posibilidades parecían infinitas, pero a su edad siente que se le están cerrando.

André parece un hombre más inseguro y, al encontrarse con su hija en Moscú, está convencido de que no está a la altura de lo que ella esperaba de él. Hace promesas de futuros proyectos que no llegarán a nada. Lo vive de otra manera. Parece más despreocupado, incluso más satisfecho consigo mismo. Pero también tiene su propia decepción.

Lo que Beauvoir pretende expresar aquí, así lo interpreto, es la llegada a ese punto de la vida en que se percibe el comienzo del declive y surgen preguntas sobre la propia existencia y, al mismo tiempo, es difícil no relacionarlo con situaciones que Beauvoir y Sartre afrontaron al llegar a esa etapa.

Los dos están decepcionados, pero no por las mismas razones: Nicole mira hacia atrás y piensa en lo que no hizo, y André tiende más a pensar en lo que todavía puede hacer. Ella es más consciente de la pérdida; él intenta mantener abierta la posibilidad de seguir viviendo como antes.

Chocan porque, después de tantos años juntos, no encuentran en el otro el apoyo que necesitan. Han compartido gran parte de sus vidas y, sin embargo, cada uno tiene su mundo interior al que el otro no puede acceder completamente.

Quizá lo más preocupante sea descubrir que se ha podido desperdiciar esa vida que has compartido.

Todos tenemos al final aquello que un día decidimos construir libremente, no exento de condicionamientos sociales o de las barreras y puentes que encontramos en el camino. Y parece que, al llegar a una edad avanzada, es inevitable preguntarse si estamos satisfechos con el camino andado.

André y Nicole han llegado a ese punto final que se puede interpretar como un malentendido.

 

CITAS:

—Mantener la vitalidad, la alegría, la agilidad mental, eso es permanecer joven. luego el sino de la vejez es la rutina, la tristeza, la decrepitud.

—Sería hermoso, pensaba a menudo, si el pasado fuese un paisaje en el cual uno pudiera pasear a su antojo, descubriendo poco a poco sus meandros y recovecos.

—La quería mucho y ella se lo devolvía con creces: pero veían el mundo de forma tan diferente; y ninguno de los dos tenía verdaderamente su lugar en la vida del otro.




LAS CATILINARIAS

 

AUTORA: Amélie Nothomb

EDITORIAL: Circe

PUBLICACIÓN: 2026


Las Catilinarias, es una novela breve de Amélie Nothomb que narra un episodio de la vida de Émile y Juliette, un matrimonio de jubilados que compran una casa en el campo y realizar el sueño de vivir, por fin, con paz y tranquilidad. 

En familia y entre amigos tenemos por norma contestar a quien dice: «qué a gustico estoy», con un «no lo digas en voz alta; que no te escuche nadie», por eso de que puede traer mal presagio.

Eso parece ocurrirle a este matrimonio de sesenta y cinco años: son tan felices que lo manifiestan a diario. Sin embargo, esa sensación de felicidad se ve perturbada por la llegada de su único vecino cercano, que comienza a visitarlos cada tarde a la misma hora.

Lo que en principio parece una visita cordial, que se prolonga dos horas, Émile y Juliette, quedan desconcertados por el comportamiento de su vecino. El siguiente día ocurre lo mismo, y al tercero deciden ausentarse a la hora habitual, pero al regresar descubren que el vecino ha vuelto de nuevo. La situación se repite hasta que las circunstancias caminan hacia un final que no imaginamos. ¿O sí?

La forma en que el vecino invade la intimidad del matrimonio les provoca una situación absurda, grotesca y cada vez más inquietante. El humor negro que recorre la novela hace sonreír, pero con cierta incomodidad, y poco a poco se percibe que hay algo más profundo.

La autora abre la historia con una frase que recomiendo no olvidar porque cobra sentido al final de la novela: «No sabemos nada de nosotros mismos. Creemos que nos habituamos a ser nosotros mismos, pero ocurre lo contrario. Cuantos más años transcurren, menos sabemos quién es esa persona en cuyo nombre hablamos y actuamos».

Nothomb construye una historia «singular» que, a priori, parece sencilla por lo que cuenta, pero al mismo tiempo se aparta de lo común por cómo lo cuenta y el efecto que produce en el matrimonio y en el lector.

¿En qué me baso para decir que es singular?:

En que la autora parte de una situación cotidiana, el vecino que los visita, que se acaba convirtiendo en insoportable.

Estas visitas inoportunas se van transformando en un acontecimiento bastante molesto en la pareja que los acaba descolocando. Se mezclan diferentes tonos: a veces te hacen reír, otras generan incomodidad y otras lleva juzgar lo que está pasando. El vecino pesado se convierte además en un intruso; su comportamiento es exigente e irreal que pone a prueba la capacidad del matrimonio  para establecer límites.

El final lo veo irreal, pero tiene su intención. La transformación de Émile es extrema. Ya no es el hombre civilizado, y se convierte en alguien que ha cruzado una línea y lo reconoce. Este desenlace revela aspectos que en la vida cotidiana están ocultos, y es probable que nunca aflorasen si no es en una situación límite o extrema.

 

CITAS:

—No sabemos nada de nosotros mismos. Creemos que nos habituamos a ser nosotros mismos, pero ocurre lo contrario. Cuantos más años transcurren, menos sabemos quién es esa persona en cuyo nombre hablamos y actuamos.

—Por primera vez en mi vida, comprendí que era viejo. Y la causa de mi descubrimiento fue la mirada de una muchacha afectuosa: la revelación era aún más terrible.

CARTAS DE LA PRINCESA PALATINA

AUTORA: Liselotte von der Pfalz

EDITORIAL: Caparrós

PUBLICACIÓN: 27/10/2003


Isabel Carlota del Palatinado, en alemán Elisabeth Charlotte von der Pfalz, nació en Heidelberg, Alemania, el 27 de mayo de 1652 y murió en Saint-Cloud, Francia, el 8 de diciembre de 1722.

Fue princesa del Palatinado por nacimiento, hija de un conde palatino, y duquesa de Orleans al contraer matrimonio con Felipe de Francia, duque de Orleans y hermano del rey Luis XIV de Francia.

Desde la infancia fue más conocida como Liselotte. Convertida ya en duquesa también se la conocía como Madame porque Felipe, su marido, era conocido en la corte como Monsieur. Tal vez, de no ser por estas cartas, Madame, no hubiera pasado a la posteridad.

Su vida en la corte francesa dio para muchas cartas siendo estas el medio habitual para comunicarse. Se calcula que Liselotte escribió alrededor de sesenta mil cartas, de las que se conservan entre cinco y seis mil. Estas fueron escritas a sus amigos, familiares en Alemania, damas de confianza, etc. Se trata de una gran cifra, pero si tenemos en cuenta que permaneció en la corte desde su matrimonio, en 1671, hasta la muerte del rey Luis XIV, en 1715, cuarenta y cuatro años dan para mucho.

El gran valor de estas cartas radica en que no fueron escritas para publicarse. La espontaneidad y la visión de Madame de la corte de Versalles es sobre todo curiosa y una fuente histórica de primera mano sobre la vida cotidiana y política en la corte francesa.

Este pequeño libro, en edición bilingüe, que me costó encontrar, contiene solo doce cartas, una de ellas escrita a Luis XIV. Las once restantes, en su mayoría, están escritas a su tía Sofía de Hannóver y fueron enviadas desde Versalles, Fontainebleau, Saint-Cloud y por último desde París, cuando se instaló allí tras la muerte del rey.

Es un número de cartas muy limitado, pero en estas escribe sobre su llegada a la corte; de su matrimonio con Felipe de Orleans y la relación que había entre ellos; habla de su rivalidad con las dos amantes conocidas del rey, Mme. de Maintenon y Mme. de Montespan; de cómo se queja ante el rey por el trato que se le daba en la corte; por citar algunas.

Os dejo el retrato que hizo de ella el duque de Saint-Simon y que se cita en el libro:

«Madame tenía en todo más del hombre que de la mujer. Era fuerte, valiente, alemana a la extremidad, franca, recta, buena y bondadosa, noble y grande en todas sus maneras y mezquina a la extremidad con todo lo que atañía a lo que le era debido. Era agreste, siempre encerrada escribiendo salvo en los breves momentos de corte en sus aposentos; el resto del tiempo sola con sus damas; dura, ruda, proclive a la aversión y temible por las ocurrencias -sobre cualquiera- que tenía a veces; ninguna facilidad, ninguna muestra de ingenio, aunque ingenio no le faltara; ninguna flexibilidad; un celo extremo, como hemos dicho, sobre todo lo que se le debía; la apariencia y la villanía de un suizo; capaz con todo ello de un amistad tierna e inviolable».

En definitiva, estas doce cartas saben a poco, pero no dejan al lector indiferente. Este pequeño libro me ha permitido esbozar a la mujer que había detrás del título: una extranjera en Versalles que nunca terminó de sentirse parte de la corte, una observadora crítica y honesta que encontró en la escritura su refugio. Su ironía y dureza, pero también su lealtad y afecto me han dejado con el deseo de seguir leyéndola.

 

CITAS:

—Mis verdaderos sentimientos, pues, sobre este particular son que deseo creer en otro mundo y vivir de acuerdo con esta creencia, aunque ignoro lo que es y no pueda comprenderla.

—El rey se imagina que es devoto porque ya no se acuesta con ninguna mujer joven y todo su temor de Dios consiste en estar taciturno, en tener espías en todas partes, en proponer engaños a todo el mundo, en adular a los favoritos de su hermano y de manera general en torturar a todo el mundo.

—Beata vos que cagáis cuando queréis, cagad, pues, de todo corazón. Nosotros no podemos hacerlo aquí, donde tengo que guardarme el zurullo hasta la noche; no hay facilidades en los apartamentos del lado del bosque.




BUENOS DÍAS, TRISTEZA


AUTORA: Françoise Sagan

EDITORIAL: TusQuets

PUBLICACIÓN: 2022


A Cécile no le ha resultado agradable que la saquen de su zona de confort a sus diecisiete años. La vida con su padre, hasta la llegada de Anne, una antigua amiga de su madre se basaba en la ligereza, la complicidad y la ausencia de normas. Esta presencia, previamente anunciada por Raymond, no solo alterará su rutina y su forma de vivir, sino que la obligará a enfrentarse a una madurez que aún no tenía prevista.

Raymond es un hombre, yo diría hedonista, que tiene la vida organizada en torno a la comodidad y disfrute, donde los conflictos no existen. Incluso evita todo lo que implique un esfuerzo moral, una responsabilidad y cualquier incomodidad emocional.

Padre e hija viven en un ambiente carente de disciplina, donde se vive el presente y el lema principal es: «mientras estemos bien ahora, todo está bien». Tampoco parece excesivamente preocupado por el futuro de su hija que, teniendo en cuenta que es una menor, comparten juntos el tren de vida del padre. Visto con la mirada crítica de hoy sería cuestionable.

Cécile, por su parte, es una chica feliz que disfruta de la complicidad afectiva con su padre, y vive instalada en el presente sin cuestionarse el sentido de sus emociones ni de sus actos.

El conflicto surge en ella con la llegada de Anne, que representa un modelo de vida completamente opuesto al que Cécile ha llevado hasta ahora. Esta no trata de desempeñar de forma explícita el papel de madrastra, pero ejerce sobre ella una disciplina que no acepta.

Es una mujer recta, culta, que profundiza en las emociones y le gustan las conversaciones intelectuales. Su aspecto es el de una mujer elegante; un modelo de feminidad que Cécile no conoce. Es sutil y delicada en el trato con ella porque conoce el modo de vida del padre y la hija.

Raymond, por supuesto, está encantado con Anne, mientras su hija la ve como una amenaza desde el momento en que es conocedora de que esta relación se puede convertir en perenne. Cécile, ante la posibilidad de perder su modo de vida intentará ingeniárselas para que esto no ocurra.

Su comportamiento puede resultar comprensible en esta historia, que todo es un capricho de la edad, pero en realidad da que pensar y puede ser preocupante. Porque Cécile, más que a perder a su padre, algo que no contempla, a lo que tiene miedo es a perder su modo de vida.

Sus maquinaciones secretas terminarán en un final trágico. Tal vez se pasó de la raya, podría haber pensado. Siempre le quedará la duda de cómo ocurrieron realmente los hechos: los intuye, pero solo ella los conoce en su totalidad.

En el final de esta historia, Cécile descubre que el dolor existe; es consciente de que sus actos pueden tener consecuencias terribles y que su vida ideal también se puede romper, pero nada cambia.

Es como si añadiera a los ingredientes de su vida uno más: la tristeza que siempre la acompañará.



MEMORIA DE CHICA

AUTORA: Annie Ernaux

EDITORIAL: Cabaret Voltaire

PUBLICACIÓN: 21/10/2021



Memoria de chica es un título ambiguo, que puede aludir tanto a la edad como al género, quizá porque Annie estaba empezando su juventud, a pocos días de cumplir los dieciocho años. Aunque «chica» también puede sugerir el recuerdo, entenderlo desde la distancia en la memoria.

Escribir sobre un hecho ocurrido durante la juventud, desde la madurez, puede ser por nostalgia o porque hay una necesidad de volver a un momento que no quedó cerrado, y aunque hayan pasado los años sigue estando latente.

En el caso de Annie fue lo segundo, y quizá lo que pretende la autora con esta escritura, más que una reconciliación plena entre el pasado y presente es comprender sin juzgar.

Porque el paso de los años no le ha dado una respuesta definitiva sobre lo que ocurrió. Es más, sigue sin comprenderlo, pero retomarlo en la madurez y profundizar en ello es una forma de asumir y superar aquella época.

Educada en una moral estricta y controlada por sus padres, a punto de cumplir la mayoría de edad, Annie pasa un verano en libertad como monitora en unas colonias.

Aquí tendrá su despertar sexual fuera de ese control familiar y además descubrirá que hay otro mundo fuera que ella desconoce.

El poder hacer uso de esa libertad sin saber cómo, debido a esa educación, esto no lo expresa la autora de forma explícita, se verá reflejado en Annie sin que ella misma lo sepa.

La Annie madura sabe que el paso del tiempo pide explicaciones, intenta justificar lo que pasó y no establece vínculo entre el yo de entonces y el yo de ahora.

Por eso habla de «ella» en tercera persona, como si fueran dos personas diferentes. El paso del tiempo no ha cambiado su opinión porque no puede juzgar algo que no comprendió mientras lo vivía, y nunca llega a tener una opinión definitiva.

Es como si no consiguiera identificarse con ella porque algo se perdió en el camino.  Hay un momento en el que la autora afirma que la chica dejó de existir para siempre. Hacer esta afirmación puede deberse a que su experiencia de juventud causó en ella un gran desconcierto, y porque visto desde la madurez la vida la ha convertido en otra persona.

Querer reconocerse en ella y no poder; no comprender como pudo ser esa chica, pero al mismo tiempo sentir que esa desconocida habita en ella; que el resto de su vida está vinculada a lo que vivió allí, le llega a crear tensión.

De ahí la necesidad de escribir y recuperar a esa chica que tanto le cuesta reconocer. No siempre es fácil recuperar el pasado, pero intentarlo con la escritura es una forma de aceptarlo.

 

 CITAS:

—Más que la realidad de su felicidad es la conciencia de la realidad de su felicidad la que es para mí una certeza, la misma cuya necesidad figura copiada en la agenda roja...





NUESTRA SEÑORA DE PARÍS

AUTOR: Víctor Hugo

EDITORIAL: Alianza Editorial

PUBLICACIÓN: 21/11/2019


Víctor Hugo es uno de esos autores que he tenido reservado hasta ahora, aunque nunca olvidado. Si aplacé la lectura de su obra fue de forma consciente, queriendo encontrar el momento adecuado. Ahora, determinadas circunstancias me han hecho sentir que el momento ha llegado.

Nuestra Señora de París me ha parecido una novela magnífica, y las expectativas que había puesto en ella se han superado con creces. Es una obra que envuelve por la riqueza en matices.

Víctor Hugo fue un autor apasionado en defender todo aquello que le preocupaba. Fue sensible a la injusticia social, apasionado con el arte, de estilo romántico y su espiritualidad iba más allá de lo religioso.

En el escenario de esta novela los personajes se convierten en recipientes simbólicos donde se vierten pasiones, frustraciones, deseos, obsesiones, el amor y la tragedia, que no encuentran salida en la realidad.

El amor desinteresado de Quasimodo, el amor posesivo de Frollo y el ilusorio de Esmeralda, nace de las carencias más profundas que terminarán por destruirlos.

No hay agresividad en su estilo crítico; da la impresión de que su pluma no se altera; es serena y firme al mismo tiempo. Emplea la sutileza para ahondar en las conciencias de los lectores y mostrar la realidad de la condición humana: la injusticia social, el peso de la religión, los abusos del poder y el amor como salvación o condena.

Aún me ha gustado más otro personaje, tan principal como los mencionados antes. Me refiero a Nuestra Señora, la catedral, que cobra protagonismo y se convierte en principal testigo de todo lo que ocurre.

Diría que París tiene más de un alma, y su catedral es la que mejor la representa. Me ha parecido sublime cómo la describe Víctor Hugo y el sentimiento que le despierta. Aunque precedió a Ruskin y a Proust, creo que su entusiasmo y defensa por el arte gótico también iba más allá del halago a la obra y al artista.

El objetivo era despertar las conciencias por el estado de deterioro del edificio, y de forma sosegada y directa denunciar el estado lamentable en que se encontraba.

Imponente y silenciosa, salvo cuando claman las campanas, entre sus muros se cruzan los personajes. En ella tienen lugar acontecimientos, se traman condenas, se sufre el desamor, se fomenta el odio y la obsesión. Lo más importante sucede en Nuestra Señora.

Los siguientes capítulos que cito son, en mi opinión, los que dan esencia a la obra: —ANANKÉ, Nuestra Señora, Esto matará aquello, Los dos hombres vestidos de negro y Lasciate ogni speranza.

Nuestra Señora es un capítulo que Víctor Hugo dedica a la catedral y la convierte en el símbolo central de la novela, como testigo de la historia y del drama que tiene lugar en su interior.

Los dos hombres vestidos de negro es un capítulo oscuro, de complicidad, que refleja cómo el poder, el odio, la obsesión, pueden decidir el destino de otras personas.

Lasciate ogni speranza, «Abandonad toda esperanza, los que entráis...» Frollo entra en su propio infierno interno. Es un personaje con una apariencia inicial extraña que se va degradando hasta el final, y sucumbe a lo que siempre ha tenido: una vida reprimida que lo ha ido oscureciendo.

He dejado para el final el capítulo ANANKÉ porque es para mí el más importante de todos, el que más significado tiene en esta novela. Dicho término viene del griego y se ha traducido como Fatalidad, como símbolo de lo inevitable que afecta a los personajes y a una sociedad que condena a quienes no encajan destruyéndose entre sí.

Me he preguntado si la catedral está sometida a dicha Fatalidad. Como símbolo de la arquitectura, es víctima del paso del tiempo, del olvido cultural y del progreso. Su historia se niega a ser borrada, fue el libro de piedra de la humanidad, y ahora, la decadencia física y un estilo forzado a desaparecer la hace peligrar.  Esto matará aquello…

 

 CITAS:

—..., el tiempo ha dado a la iglesia por otro lado mucho más de lo que le ha quitado, ya que es el tiempo el que ha difundido por la fachada ese color sombrío de los siglos, que hace que la vejez de los monumentos sea la edad de su belleza.

—Su forma de barco había llamado la atención de los reyes de armas, ya que de ahí le viene, y no del sitio de los normandos…, el navío que campeador en el viejo escudo de París.

—..., el tiempo ha dado a la iglesia por otro lado mucho más de lo que le ha quitado, ya que es el tiempo el que ha difundido por la fachada ese color sombrío de los siglos, que hace que la vejez de los monumentos sea la edad de su belleza.

—Era el presentimiento de que el pensamiento humano, al cambiar de forma, iba a cambiar el modo de expresión; que la idea capital de cada generación ya no se escribía con la misma materia y de la misma manera; que el libro de piedra, tan sólido y duradero, iba a ceder el puesto al libro de papel, más sólido y duradero aún.

—¡Pobre mosca, incapaz de mover la mas pequeña de sus piedras!

—Me figuro que ese agujero estará habitado en competencia por murciélagos y arañas y que por consiguiente se hace en él a las moscas una doble guerra de exterminio.





EL SILENCIO Y LA CÓLERA. Los años gloriosos

AUTOR: Pierre Lemaitre

PUBLICACIÓN: 2024

EDITORIAL: Salamandra Narrativa

 

El silencio y la cólera, de Pierre Lemaitre, es la segunda parte de la trilogía de «Los años gloriosos» que continúa con la saga de los Pelletier. Si El ancho mundo fue más explosivo y emocionante, la segunda parte se centra más en el conflicto moral, el silencio institucional y la lucha personal. Y quienes más lo van a sufrir son los personajes que toman el relevo del protagonismo: François y Hélène.

En François he visto a un personaje inconforme, inquieto, y la misma vena investigadora que su hermano Etienne. Comparten el impulso de no conformarse, de buscar algo más auténtico, más comprometido, más justo, tanto en la vida profesional como en la personal.

Y Hélène, que se la ve venir desde el principio, no ha dejado de buscarse complicaciones. Es la más libre de los cuatro hermanos, y desde que abandona el hogar familiar asume las consecuencias de su libertad en una época que no perdona a la mujer que rompe con los roles sociales.

En cambio, Jean y Geneviève, la esposa, quedan estancados en su mundo y la única evolución que se aprecia en ellos es lo que los ha caracterizado durante toda la novela:

Geneviève muestra todas sus perversidades más oscuras, la que más es la relación que tiene con su hija Colette. No solo la rechaza, sino que la llega a odiar hasta desear su muerte. Lemaitre las escribe con frialdad. Solo al final de la novela, y de forma imperceptible, el autor deja un pequeño matiz relacionado con Geneviève para redimirla de ser el personaje más perverso. 

En el caso de Jean el cambio es más significativo y positivo, aunque esto no lo salva de los crímenes que ha cometido de forma impulsiva. Se revelan en él dos comportamientos inesperados: cierta sensibilidad hacia Colette, a pesar de que sospecha que no es su hija y la capacidad de enfrentarse a la vida. Su personalidad dice mucho de su comportamiento, pero a medida que avanza la historia se muestra más humano que su mujer.

En realidad, la vida de los tres hermanos parece prosperar, pero esta sigue siendo lamentable; solo en el tramo final, para atar cabos, Lemaitre los deja en mejor situación.

Lemaitre pone en el epicentro a Hélène y los días que pasa en Chevrigny. Mientras prepara el reportaje sobre el caso de la presa que inundará el valle, unido a su situación personal que no está en su mejor momento, madura como personaje femenino.

Es cuando renace esa mujer que ha sido silenciada en lo profesional y se ha visto en la necesidad de ocultar su secreto para sobrevivir.

El silencio también se refleja en el pueblo ignorado, sin voz ni poder de decisión, y la cólera, que crece a medida que se acerca el abandono forzoso de un pueblo que no ha sido tenido en cuenta para tal decisión.

La parte que menos me ha gustado es el protagonismo que da a Lucien, el chico que Louis tiene empleado en la jabonería al lanzarlo al mundo del boxeo. No me ha resultado interesante. Desentona con el resto de la novela y solo me queda pensar que en la tercera parte Lemaitre le haya adjudicado más protagonismo.

Por supuesto nos deja un final abierto con situaciones familiares y personales sin resolver. Algunas se pueden intuir, pero otras quedan para la imaginación. 




EL ANCHO MUNDO. Los años gloriosos



 AUTOR: Pierre Lemaitre

PUBLICACIÓN: 12/01/2023

EDITORIAL: Salamandra


RESEÑA:

El ancho mundo es una novela que me ha fascinado porque no deja de sorprender hasta el final. En ella se mezclan con naturalidad tres géneros: la novela negra, la histórica y la romántica.

El título, en su sentido geográfico, sugiere un mundo amplio. Beirut, Francia e Indochina ofrecen un recorrido lleno de contrastes culturales. Son países elegidos, quizá a propósito por el autor, ya que en esa época Beirut, aunque ya independiente desde 1943, seguía estrechamente vinculada a Francia en lo cultural y económico; Indochina, en cambio, era todavía colonia francesa, en plena guerra de independencia.

Aunque la familia Pelletier es de origen francés, el matrimonio se instaló en Beirut en un momento clave de sus vidas, y allí nacieron sus cuatro hijos. El nivel económico familiar es más que aceptable gracias a la empresa de jabones de la que el señor Pelletier es propietario.

Una segunda interpretación del título puede entenderse desde la evolución de los hijos, que rompen ese mundo cerrado que los padres intentan preservar. Uno a uno, van abandonando el hogar familiar para abrirse al ancho mundo, en busca de su propia identidad. Es un proceso de independencia que los aleja de su zona de confort.

La familia Pelletier parece una familia normal, pero solo en apariencia. Todos los personajes —excepto Joseph, el gato— guardan secretos: algunos del pasado, otros más recientes, y alguno que se mantiene en presente.

Los personajes están construidos de modo que los vamos conociendo por sus actos. No hay excesiva introspección, pero a través de su forma de hablar y actuar vamos descubriendo lo que esconden. Quedé atrapada con las historias individuales de cada uno porque todos evolucionan: son muy distintos al final respecto a cómo los conocemos al principio.

Lemaitre administra bien la información y la va desvelando a su debido tiempo, lo que da a la novela un ritmo muy ágil. Cada personaje muestra un perfil distinto, con rasgos sencillos que permiten al lector identificarse y seguirlos fácilmente. Aunque no todos reciben el mismo desarrollo, el autor trabaja con la dualidad: nos da una primera imagen, que luego matiza con luces y sombras. Esto da profundidad a los personajes y hace que, aunque sean ficticios, resulten extrañamente reales.

En conclusión, El ancho mundo es una novela rica en matices, que combina géneros y espacios, y nos ofrece un retrato complejo de una familia que, como muchas, esconde más de lo que muestra. Con personajes bien construidos, una narración envolvente y un trasfondo histórico muy bien integrado, Pierre Lemaitre logra que el lector se mantenga enganchado hasta la última página. 




MEMORIAS DE ADRIANO

AUTORA: Marguerite Yourcenar

EDITORIAL: Planeta-Bolsillo

PUBLICACIÓN: 1999


Marguerite Yourcenar crea una utopía del personaje de Adriano, en el sentido de su consideración como buen gobernante. Con una narrativa sencilla, pulcra y pausada, ofrece al lector las memorias de un hombre que, por encima de todo, fue humano. 

Esta extensa carta dirigida al joven Marco Aurelio, que al comienzo percibí cierta frialdad y un toque filosófico, se hace más íntima a medida que avanza. Más que el deseo de aconsejar a quien será su sucesor es la necesidad de encontrar la conciliación con uno mismo y prepararse para afrontar el momento inevitable y no deseado.

Es el testamento de alguien que intentó vivir conforme a sus valores y dentro de los límites que le imponía su época y condición de emperador. He encontrado en él a un hombre que buscó la paz más que la guerra. Mostró preocupación por el pueblo, entendiendo como este no solo a los ciudadanos romanos, sino al conjunto de seres humanos que formaban el Imperio.

Las reflexiones de Adriano están impregnadas de gran sabiduría. Fue un hombre que observó el mundo, en todos los aspectos, y también se observó a sí mismo.

Fue un esteta de la belleza, en el sentido más amplio. En sus narraciones se expresa como un hombre que vivió guiado por un ideal de belleza físico, intelectual, artístico y espiritual al mismo tiempo.

Una primera impresión del amor que siente Adriano hacia Antínoo me ha llevado a pensar en la identidad sexual del primero tal y como la entendemos hoy, pero en tiempos del emperador las relaciones entre hombres era algo que estaba normalizado.

La autora no es muy explícita en cuanto a la relación de ambos, que no digo que sea necesario. No trata de mostrar la relación física que pudo haber entre ambos sino hacernos sentir lo que ese amor significó para Adriano.

Tal vez el momento más trágico para este es la muerte de Antínoo, de la que tampoco Yourcenar da más explicaciones. ¿Es irrelevante?... Parece que sí, porque lo importante es el dolor que la pérdida causa en Adriano.

El emperador reflexiona con desconcierto, siente culpa por no haber estado atento y sus preguntas no encuentran respuestas. Esto contribuye a que el dolor sea más intenso.

Adriano no solo busca un sucesor que dé continuidad al Imperio, también que tenga los valores humanos e intelectuales en los que cree.

Es como si viera en Marco Aurelio una versión más pura de sí mismo, alguien que podría continuar su legado no solo en términos políticos, sino también como hombre.

Quizá porque Adriano esperaba la muerte con una sinceridad sigilosa, no he podido evitar sentir ternura y compasión hacia alguien que quiso hacer las cosas bien. Un hombre humilde, que reconoce sus errores y no se da aires de emperador. No hay soberbia, sino humanidad.

El momento más notable ha sido la aceptación de la muerte. Así, quien había contemplado la idea del suicidio como forma digna de morir, opta al final por una rendición voluntaria al curso natural de la vida. Es el gesto final de un hombre que, al comprenderlo todo, ya no teme nada.

 

CITAS:

—Pero lo que aquí me interesa es el misterio específico del sueño por el sueño mismo, la inevitable sumersión que noche a noche cumple osadamente el hombre desnudo, sol y desarmado, en un océano donde todo cambia, los colores y las densidades, hasta el ritmo del aliento, y donde nos encontramos con los muertos. Lo que nos tranquiliza en el sueño es que volvemos a salir de él.

—¿Qué valían esas particularidades que tanto cuentan para nosotros, si tampoco contaban para el libre durmiente, y si durante un segundo, antes de retornar descontento a la piel de Adriano, alcanzaba saborear casi conscientemente a ese hombre vacío, a esa existencia sin pasado?

— He amado a ese muchacho como se ama a una obra de arte perfecta... pero también como se ama a un ser humano lleno de sombras.




DE PARTE DE LA PRINCESA MUERTA


AUTORA: Kenizé Mourad

PUBLICACIÓN: 2017

EDITORIAL: Espasa

Esta novela no es un testimonio personal de la princesa otomana Selma Rauf Hanim, madre de Kenizé Mourad, sino una reconstrucción que hace la autora de la vida de su madre. Está basada en la investigación de documentos históricos, cartas y archivos familiares, entrevistas a personas cercanas y visitando los lugares donde Selma vivió. La autora no tuvo tiempo de conocer bien a su madre, ya que Selma murió cuando ella tenía dos años. 

La historia arranca en Turquía, donde prevalece la parte histórica y política de los acontecimientos que dieron lugar a la caída del Imperio Otomano, el exilio de la familia imperial y el cambio político que asumió el país.

Aquí, tuve la impresión de que se trataba de una novela histórica, sin más, por la ausencia de emociones y sentimientos en la narración de Selma. Resaltar quizá el momento en que la familia imperial se siente traicionada por el héroe en quien confiaron para liberar Turquía, el mismo que luego destruyó el mundo al que pertenecían. Primero tuvieron esperanza y luego vino la desilusión.

En Beirut, lugar de exilio de la familia imperial otomana y segunda parte del libro, Mourad se centra más en la vida de Selma, en cómo el ambiente y la situación fueron influyendo en la princesa. Selma crece y se convierte en adulta en esta etapa.

Aunque ha sido criada en un entorno tradicional y religioso, su carácter le lleva a cuestionar ciertas normas sociales, en especial el papel de la mujer y las limitaciones impuestas por la tradición y la religión. Siempre tuvo un punto rebelde e inquieto por la situación del país, creo que influenciada por su madre.

Por eso no acepta de forma pasiva su destino como princesa en el exilio. En ella se ven reflejadas las contradicciones de la época. Sus aspiraciones e inquietudes le llevan a descubrir que la ciudad en la que vive se le queda pequeña.

En contra de sus principios llega a la India, tercera parte del libro. Es la decisión de salir de Beirut la que lleva a Selma a aceptar el acuerdo elaborado por su madre.

Esta transición destaca por lo inesperada: la autora la presenta sin preparación ni mucho detalle. Parece una decisión tomada de la noche a la mañana, por la sultana, porque nada hasta ahora hace presagiar este cambio tan radical.

Sin embargo, podría quedar justificado pensando que el destino de Selma ha sido forzado por el delicado estado de salud de la sultana.

Esta parte es la más extensa. Selma parece difuminarse como protagonista. El relato más personal de su vida avanza más despacio, ya que la autora se centra más en describir el problema político de indios y musulmanes bajo dominación inglesa.

En esta etapa Selma comienza una segunda madurez. Tiene que enfrentarse a una cultura que no conoce y de la que no ha sido advertida por su madre. Sentirá la soledad, la decepción y el abandono porque siente que no encaja en esa sociedad.

Hay un punto de inflexión en su carácter que le lleva afirmarse como mujer, a tomar decisiones por sí misma, a comprender a Amir, su marido, y a luchar por su dignidad y la de otras mujeres. La influencia de la abuela de Amir es efectiva en Selma. Esta escena me llamó la atención porque refleja una nueva transformación de la princesa.

Si hay algo que hace la autora es marcar momentos concretos, con escenas inesperadas, para resaltar cambios importantes en la vida de Selma.

Es el caso de su viaje a París. Selma está embarazada, los conflictos políticos empeoran y su marido decide enviarla a París; allí, ¿estará a salvo?

No exactamente si tenemos en cuenta que estamos en 1939 y comienza a fraguarse la Segunda Guerra Mundial. Pero a Selma le dará tiempo a transformarse de nuevo. Por fin siente que está en el mundo. Aunque la situación es adversa, ella tendrá la sensación de autenticidad y libertad.

En París no hay imposiciones familiares, ni culturales, ni la necesidad de sobrevivir en un entorno como fue la India. Tendrá que seguir luchando, pero desde una posición más independiente. No solo es el lugar donde Selma elige por sí misma, sino también donde dará origen a quien décadas más tarde reconstruirá su historia.

 

CITAS

—Recordad esto, Selma: no porque crezcamos de dinero vamos a cambiar nuestra manera de comportarnos. Sois princesa, no lo olvidéis nunca.

— Todos estos días se ha mentido: solo se puede luchar cuando se tiene una tierra sobre la cual combatir palmo a palmo, una tierra donde se puede caer y levantarse.

— El mal es una noción relativa, que cambia según las latitudes.La historia arranca en Turquía, donde prevalece la parte histórica y política de los acontecimientos que dieron lugar a la caída del Imperio Otomano, el exilio de la familia imperial y el cambio político que asumió el país.

 

 


MONSIEUR PROUST

AUTORA: Céleste Albaret

EDITORIAL: Capitán Swing

PUBLICACIÓN: 2013


 RESEÑA:

Desde que conocí el mundo de Proust no he parado de interesarme por él y su obra. Monsieur Proust es una obra escrita por alguien que consagró diez años de su juventud a servir y cuidar a un hombre que no recobró el tiempo hasta que vio su obra culminada.

La forma en que Celeste Albaret se expresa mientras narra los años que pasó junto a Proust es algo inusual. Habla de él con admiración, y su devoción llega a la sublimación, de lo contrario es imposible imaginar la forma en que vivió al ritmo que él le imponía.

Este comportamiento me choca, entre otras cosas, porque ella era una mujer joven, de unos veinte años. Entró a trabajar en la casa del boulevard Haussmann como «currière» poco antes de contraer matrimonio con Odilon, chófer ocasional de Proust.

Durante los ocho últimos le tuvo una dedicación exclusiva. La Primera Guerra Mundial obligó al matrimonio a separarse y ella eligió quedarse en París.

Céleste se convirtió en la asistente y confidente de Proust, aunque afirma que no llegó a saberlo todo de él ni de su obra. Abandonó todas sus actividades y, juntos, se aislaron prácticamente del mundo exterior. Este aislamiento permitió a Proust sumergirse en su memoria, reconstruir el pasado y convertirlo en literatura.

Organizaba la correspondencia, las visitas y, sobre todo, procuraba que el entorno de Proust estuviera en las condiciones ideales para su escritura. Convivió al lado de un hombre con un nivel de exigencia que superaba los límites. Era correcto y muy educado con Céleste, pero todo tenía que ocurrir según su criterio.

Mientras leía estas memorias, pensaba que el trabajo de ella no era un deber laboral, sino que la gran admiración y afecto que le tenía le llevaron a tal dedicación.

Al morir Proust en 1922, Céleste regresó a una vida convencional con su marido, Odilon. Vivió hasta los noventa y dos años y siempre mantuvo su vínculo con el autor.

Nunca se planteó dar testimonio de los años que estuvo a su lado, pero a sus setenta años, cansada de ciertas informaciones «falsas» publicadas sobre Proust, la llevaron a escribir estas memorias. El periodista Georges Belmont la convenció y así nació, en 1973, Monsieur Proust.

Gracias a estas declaraciones se ha podido tener un conocimiento más íntimo de la vida de Proust. Ella lo conoció mejor que nadie en sus últimos años. Dice de él que no era persona fácil, que era exigente, maniático, con rutinas, absorbente hasta el extremo, incluso con ella. Dormía durante el día, trabajaba de noche, siempre en un silencio absoluto y todo tenía que ser al instante.

Proust dependía de ella para todo. Cualquiera en su lugar habría terminado por abandonar, pero ella decidió mantenerse. Fue una servidora fiel, incondicional e imprescindible. La idea de que él la utilizó para su conveniencia es innegable. Ella fue su sostén, la persona que se encargó de todo para que él escribiera su obra.

Esta entrega tan desmesurada me ha llamado bastante la atención. Tal vez tuvo curiosidad por el mundo de Proust, pero ella nunca estuvo en él. Vivieron juntos, pero no revueltos, siempre hubo un respeto mutuo entre ambos.

Tampoco puedo evitar pensar que su vínculo con Proust tenía que estar sostenido por algo más profundo. Quizá se sintió como una madre, y él la sustituyó por la que ya no tenía. O encontró en el cuidado de este un propósito más fuerte que cualquier incomodidad. Habría que considerar que el entorno del que procedía ella era muy diferente al de Proust y pudo sentirse deslumbrada. Igual quedó encandilada de su carisma, cosa que dudo, pero esto es una incógnita más.

Tengo una teoría que no sé si será descabellada: —Desde que empecé a percibir la admiración de Céleste por Proust, llegué a pensar que tal vez estuvo enamorada de él. Si se quedó en París, en parte, fue porque Odilon quedó reclutado en la ciudad y eso le daría esperanza de poder verle. Esto solo ocurrió tres veces en los cuatro años que duró la guerra. Céleste idealizó a Proust como persona, pero no como escritor. He percibido que hay algo en su entrega que va más allá de la lealtad y el sentido del deber, algo más cercano a la admiración absoluta que se tiene por alguien a quien se ama.

En cuanto A la búsqueda del tiempo perdido, Céleste, estaba al tanto de casi todo. Las charlas que mantenían al regresar Proust de sus noches mundanas fueron cada vez más habituales.

Siempre pensé que Proust acudió a los salones para evadirse y relacionarse. Sin embargo, la versión que da Céleste es interesante:  —No era una cuestión de amistad ni buscaba relacionarse en el sentido estricto. Tampoco había implicación a nivel afectivo con las personas que se relacionaba, era solo una necesidad. Lo hacía por su obra. Veía en estas reuniones un escenario de teatro que luego analizaba para incluirlo en su obra. Buena parte de los personajes y escenarios salieron de aquí.

Aunque su obra está inspirada, en parte, en las personas que conoció en los salones, Proust escribió algo más que una crónica de la alta sociedad de la época. Las experiencias y observaciones que hizo las convirtió en una narración compleja, introspectiva y artística. Tal vez por eso no es del gusto de todos.

Según Céleste, Proust gozaba de una memoria excelente, y la obra estaba en su cabeza. Le faltaba desarrollarla.

Esto le permitió hacer una reinterpretación de los personajes reales que le inspiraron. Los moldeó, combinó y filtró a través de su imaginación para adaptarlos a sus necesidades narrativas mezclando rasgos de varias personas. Es el caso de Gilberte y Albertine. Algunos, como el barón de Charlus, inspirado en parte en el conde Robert de Montesquiou, se molestaron porque se vieron reflejados en la obra.

Céleste se adjudica el título de La Prisionera diciendo: aunque dicha obra no tenga nada que ver con ella, hubiera merecido ese calificativo.

Céleste me ha dejado con la intriga al no mencionar la homosexualidad de Marcel Proust; como si no existiera. Es más, la relación más sonada y de la que siempre se habla es de la que tuvo con Agostellini. Ella afirma que nada de eso es cierto. Si uno de los motivos de dar a conocer estas memorias fue para eliminar las falsedades que se dijeron de él, esta debería haberla desmentido, lo que me lleva a pensar que por algún motivo prefirió no exponerlo.

Ha sido una lectura interesante por la información que se revela de Proust y porque me ha permitido entender mejor el sentido de su búsqueda de la verdad y ese tiempo perdido. La verdad que recupera a través de la memoria y el tiempo recobrado al fijarlo en su obra.


CITAS:

—Si escribiera este libro, querida Céleste, se aprenderían en él muchas cosas. Nos daríamos cuenta de que aquello que hay en usted no le pertenece. Y no hay nada más apasionante en los hombres: saber de donde procede lo que somos. Usted tiene un alma hermosa.

—Quizá estos dos aspectos —el gusto por el pasado y la entrega total a la escritura— confluyeran en uno solo. Quizá, si luchó tan denodadamente contra el tiempo para acabar su libro cuanto antes, fue porque presentía el fin de muchas de las cosas que había amado y que solo eran ya meras sombras del recuerdo, y porque estaba él mismo acosado por la muerte.