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MALENTENDIDO EN MOSCÚ

AUTORA: Simone de Beauvoir

PUBLICACIÓN: 23/03/2020

EDITORIAL: Navona


Envejecer conlleva cambios. Pensar en la muerte y sentir pánico van asociados, pero cuando los años empiezan a dar señales de que el momento de envejecer está cercano, este parece tener prioridad. Porque, aunque cueste creerlo, poco a poco van saltando las alarmas que nos van preparando.

Malentendido en Moscú es una novela que muestra el desencanto cotidiano de Nicole y André, una pareja de profesores jubilados que viajan a Moscú.

Contiene una dosis autobiográfica relacionada con uno de los viajes que Beauvoir y Sartre realizaron a Moscú. Ambos escritores mantuvieron una larga relación abierta de muchos años, propuesta por Sartre y basada en no casarse, no vivir juntos y no exigirse fidelidad sexual.

Se prometieron algo más: no mentirse y contarse lo que ocurriera con sus otros amantes. Pero esta libertad que cada uno deseaba para sí mismo no eliminó los celos en la escritora.

Esta forma de construir una relación, donde cada uno podía tener su propia existencia sin quedar atrapados en las convenciones sociales, no tiene por qué resultar extraña, y menos aún con los cánones actuales.

Beauvoir podía aceptar que Sartre fuera libre para amar a otras mujeres y, por lo que he leído, sufría con la situación. Ella no quería tenerlo en propiedad, pero sí ocupar el lugar más importante en su vida.

Creo que esta situación encaja bien en el papel de los personajes de Nicole y André.  Aunque están casados en el sentido convencional, ya en Moscú, ambos miran al pasado analizando lo que han tenido, lo que han hecho y hasta donde han llegado.

La edad los lleva a replantearse la vida que eligieron llevando caminos diferentes, y ambos se muestran decepcionados.

Esta evolución de desencanto amoroso y personal hace que la novela parezca más deprimente. Pero tengo que aclararlo.

La actitud de Nicole es la de una mujer celosa en parte, asustada por la vejez a los sesenta años, y siente que su marido no le presta la atención que ella espera. Su conciencia es fuerte, pero siente que el tiempo se le acaba y esto juega en su contra; parece haber perdido la ilusión. Cuando era joven las posibilidades parecían infinitas, pero a su edad siente que se le están cerrando.

André parece un hombre más inseguro y, al encontrarse con su hija en Moscú, está convencido de que no está a la altura de lo que ella esperaba de él. Hace promesas de futuros proyectos que no llegarán a nada. Lo vive de otra manera. Parece más despreocupado, incluso más satisfecho consigo mismo. Pero también tiene su propia decepción.

Lo que Beauvoir pretende expresar aquí, así lo interpreto, es la llegada a ese punto de la vida en que se percibe el comienzo del declive y surgen preguntas sobre la propia existencia y, al mismo tiempo, es difícil no relacionarlo con situaciones que Beauvoir y Sartre afrontaron al llegar a esa etapa.

Los dos están decepcionados, pero no por las mismas razones: Nicole mira hacia atrás y piensa en lo que no hizo, y André tiende más a pensar en lo que todavía puede hacer. Ella es más consciente de la pérdida; él intenta mantener abierta la posibilidad de seguir viviendo como antes.

Chocan porque, después de tantos años juntos, no encuentran en el otro el apoyo que necesitan. Han compartido gran parte de sus vidas y, sin embargo, cada uno tiene su mundo interior al que el otro no puede acceder completamente.

Quizá lo más preocupante sea descubrir que se ha podido desperdiciar esa vida que has compartido.

Todos tenemos al final aquello que un día decidimos construir libremente, no exento de condicionamientos sociales o de las barreras y puentes que encontramos en el camino. Y parece que, al llegar a una edad avanzada, es inevitable preguntarse si estamos satisfechos con el camino andado.

André y Nicole han llegado a ese punto final que se puede interpretar como un malentendido.

 

CITAS:

Mantener la vitalidad, la alegría, la agilidad mental, eso es permanecer joven. luego el sino de la vejez es la rutina, la tristeza, la decrepitud.

Sería hermoso, pensaba a menudo, si el pasado fuese un paisaje en el cual uno pudiera pasear a su antojo, descubriendo poco a poco sus meandros y recovecos.

La quería mucho y ella se lo devolvía con creces: pero veían el mundo de forma tan diferente; y ninguno de los dos tenía verdaderamente su lugar en la vida del otro.




FRANKENSTEIN O EL MODERNO PROMETEO

 

AUTORA: Mary Shelley

EDITORIAL: Random House

PUBLICACIÓN: 22/10/2015


Esta obra me ha traído a la mente la película clásica de Frankenstein, que vi hace no sé cuántos años y que recuerdo con cierto horror. Debe ser que en aquel momento no tenía criterio para entender el significado de aquella historia y que la calidad cinematográfica tampoco acompañaba.

Más tarde he visto la adaptación de Guillermo del Toro que, con bastante semejanza a la original, me ha resultado una experiencia más agradable. El libro lo he dejado para el final porque así lo ha querido el destino, y he de decir que el orden no ha alterado mi opinión sobre esta historia, de la que he disfrutado por su riqueza narrativa.

El nombre de Frankenstein hace pensar en ese ser creado por su creador, y ambas películas ponen el centro de atención en el proceso de cómo es creado ese nuevo ser. Sin embargo, lo que la autora refleja en su libro es sobre todo una reflexión moral acerca de dicha creación y sobre lo que se despierta en la conciencia del creador.

Mary Shelley no fue creyente en el sentido tradicional y su relación con la religión estuvo marcada por el ambiente intelectual en el que creció, donde se valoraba más la filosofía que la fe. Sin embargo, en esta obra se reflejan ideas que tienen mucho que ver con el pensamiento religioso.

El proceso de la creación de Frankenstein ocurre bastante rápido en la narración, en apenas unas páginas. Sabemos que Víctor se prepara en conocimientos para llevar a cabo su ambicioso proyecto, pero la autora no explica cómo tiene lugar el procedimiento ni de qué manera cobra vida el nuevo ser. Solo menciona la noche final del experimento y el instante en que la criatura abre los ojos.

Ante la dificultad de expresar con imágenes la reacción moral del creador y la del ser creado, el cine encuentra su mejor recurso en representar el proceso de la creación. En mi opinión, cine y narración literaria se complementan en este punto.

El foco de atención de la novela está en la reacción que se produce en el creador en el preciso instante en que su obra cobra vida y aparece ante sus ojos. El horror y la repulsión al ver lo que ha creado provocan el caos en su interior.

Ese proyecto de ambición del doctor, de ser reconocido ante el mundo como creador, nada le auguraba la condena que le aguardaba.

¿Qué pudo ocurrir en el interior de Víctor para pasar de la emoción al horror? La autora no da una respuesta clara ante tal reacción; más bien deja abierta la reflexión al lector, al tratarse de una cuestión moral.

Porque algo que Víctor no contempló para su proyecto fueron las consecuencias de esta creación. Su fantasía, tan obsesionada con el experimento, no le permitió pensar en el resultado. O quizá no esperaba la realidad que tuvo lugar.

Es a partir de aquí cuando las preguntas empiezan a surgir: ¿En realidad Frankenstein era malvado cuando despertó? ¿Actuó de la forma en que lo hizo por el rechazo que recibió? ¿Debía ser tratado como un monstruo únicamente por su fealdad?

La fantasía de Víctor traspasó límites que ni él mismo esperaba, y el choque entre lo que había imaginado y la realidad lo dejó colapsado.

¿Era responsabilidad de Víctor preparar a este nuevo ser para la vida que comenzaba? La criatura lo busca porque se siente abandonada; está sola ante el mundo; necesita aprender.

Está bien que el ser humano quiera y necesite superarse; que en la fantasía todo parezca posible y que los avances sirvan para mejorar nuestra vida. Pero la naturaleza humana también está dotada de una ambición que, si no se acompaña de responsabilidad, puede originar el caos.

Quizá ahí reside la verdadera fuerza de esta novela: no tanto en el acto de crear vida como en lo que ocurre después, cuando el creador debe enfrentarse a las consecuencias de su propia obra.

 

CITAS:

Una nueva especie me bendeciría como a su creador y su origen. Esas magníficas y felices criaturas naturales estarían en deuda conmigo por haberles concedido el ser.