AUTORA: Mary Shelley
EDITORIAL:
Random House
PUBLICACIÓN: 22/10/2015
Esta
obra me ha traído a la mente la película clásica de Frankenstein, que vi hace
no sé cuántos años y que recuerdo con cierto horror. Debe ser que en aquel
momento no tenía criterio para entender el significado de aquella historia y
que la calidad cinematográfica tampoco acompañaba.
Más
tarde he visto la adaptación de Guillermo del Toro que, con bastante semejanza
a la original, me ha resultado una experiencia más agradable. El libro lo he
dejado para el final porque así lo ha querido el destino, y he de decir que el
orden no ha alterado mi opinión sobre esta historia, de la que he disfrutado
por su riqueza narrativa.
El
nombre de Frankenstein hace pensar en ese ser creado por su creador, y ambas
películas ponen el centro de atención en el proceso de cómo es creado ese nuevo
ser. Sin embargo, lo que la autora refleja en su libro es sobre todo una
reflexión moral acerca de dicha creación y sobre lo que se despierta en la
conciencia del creador.
Mary
Shelley no fue creyente en el sentido tradicional y su relación con la religión
estuvo marcada por el ambiente intelectual en el que creció, donde se valoraba
más la filosofía que la fe. Sin embargo, en esta obra se reflejan ideas que
tienen mucho que ver con el pensamiento religioso.
El
proceso de la creación de Frankenstein ocurre bastante rápido en la narración,
en apenas unas páginas. Sabemos que Víctor se prepara en conocimientos para
llevar a cabo su ambicioso proyecto, pero la autora no explica cómo tiene lugar
el procedimiento ni de qué manera cobra vida el nuevo ser. Solo menciona la
noche final del experimento y el instante en que la criatura abre los ojos.
Ante
la dificultad de expresar con imágenes la reacción moral del creador y la del
ser creado, el cine encuentra su mejor recurso en representar el proceso de la
creación. En mi opinión, cine y narración literaria se complementan en este
punto.
El
foco de atención de la novela está en la reacción que se produce en el creador
en el preciso instante en que su obra cobra vida y aparece ante sus ojos. El
horror y la repulsión al ver lo que ha creado provocan el caos en su interior.
Ese
proyecto de ambición del doctor, de ser reconocido ante el mundo como creador,
nada le auguraba la condena que le aguardaba.
¿Qué
pudo ocurrir en el interior de Víctor para pasar de la emoción al horror? La
autora no da una respuesta clara ante tal reacción; más bien deja abierta la
reflexión al lector, al tratarse de una cuestión moral.
Porque
algo que Víctor no contempló para su proyecto fueron las consecuencias de esta
creación. Su fantasía, tan obsesionada con el experimento, no le permitió
pensar en el resultado. O quizá no esperaba la realidad que tuvo lugar.
Es
a partir de aquí cuando las preguntas empiezan a surgir: ¿En realidad
Frankenstein era malvado cuando despertó? ¿Actuó de la forma en que lo hizo por
el rechazo que recibió? ¿Debía ser tratado como un monstruo únicamente por su
fealdad?
La
fantasía de Víctor traspasó límites que ni él mismo esperaba, y el choque entre
lo que había imaginado y la realidad lo dejó colapsado.
¿Era responsabilidad de Víctor preparar
a este nuevo ser para la vida que comenzaba? La criatura lo busca porque se
siente abandonada; está sola ante el mundo; necesita aprender.
Está
bien que el ser humano quiera y necesite superarse; que en la fantasía todo
parezca posible y que los avances sirvan para mejorar nuestra vida. Pero la
naturaleza humana también está dotada de una ambición que, si no se acompaña de
responsabilidad, puede originar el caos.
Quizá
ahí reside la verdadera fuerza de esta novela: no tanto en el acto de crear
vida como en lo que ocurre después, cuando el creador debe enfrentarse a las
consecuencias de su propia obra.
CITAS:
—
Una
nueva especie me bendeciría como a su creador y su origen. Esas magníficas y
felices criaturas naturales estarían en deuda conmigo por haberles concedido el
ser.
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