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LA JAURÍA HUMANA

 

AUTOR: Horton Foote

EDITORIAL: Círculo de Lectores

PUBLICACIÓN: 1996

Incluso el vínculo materno puede quedar paralizado por el miedo y la presión. El amor materno no desaparece, pero se ve atrapado entre el instinto de proteger y el terror a la comunidad.

La jauría humana se narra despacio, en capítulos cortos, contando la vida cotidiana de un territorio donde sus habitantes conviven con aparente tranquilidad. Sabremos lo que guardan en su interior cuando reciben la noticia de que Bubber Reeves ha huido de la cárcel donde cumple condena.

Los Reeves forman parte de esta vecindad y el hijo de ambos es el fugitivo. También en ellos se crea la alarma y preocupación al pensar que Bubber se dirige al pueblo donde creció con un objetivo que no puedo desvelar.

El comienzo de la lectura induce a pensar que Bubber es el personaje central, para descubrir después que Foote lo utiliza como detonante para revelar la degradación de toda una comunidad.

Esa inquietud general que se crea es indicador de que algo empieza a fraguarse entre los vecinos: el verdadero drama de que el pueblo empieza a devorarse a sí mismo. Y esto es quizá lo más perturbador. No hay nada peor que una jauría.

Es llamativo sentir cierto sosiego durante la lectura y al mismo tiempo notar como va creciendo la tensión entre la comunidad.

Se trata de una madre que quiere, por encima de todo, salvar la vida de su hijo; de un sheriff hastiado de su trabajo que pone en marcha a su equipo para encontrar al fugitivo y cumplir la ley. Y luego están los que convierten la búsqueda en una persecución: son la verdadera jauría, que no solo desean la muerte de Bubber, también se ponen en contra de la ley y desean hacer su justicia.

Este acontecimiento saca a la luz los peores aspectos de una comunidad de vecinos trastornada que ve en Bubber el objetivo ideal para expiar sus culpas. Ya sean frustraciones personales, sensaciones de impotencia, resentimientos sociales, incluso aburrimiento moral, lo convierten en el blanco ideal.

Es una novela excelente por su narrativa y, sobre todo, por la reflexión que plantea sobre la capacidad del ser humano para llevar a cabo tales acciones. La fuerza de la novela no reside en el final, sino en como Foote retrata el declive de una comunidad.




EL HALCÓN PEREGRINO

 

AUTOR: Glenway Wescott

EDITORIAL: Lumen

PUBLICACIÓN: 2004



El halcón peregrino es de esas historias que, a simple vista, parecen normales y cotidianas, una superficie donde no ocurre nada extraordinario, pero en todo momento se siente una tensión que hace pensar que algo se enconde detrás.

Los Cullen son un matrimonio que viaja desde Irlanda hasta Budapest y decide hacer un alto en el camino para visitar a Alex, una antigua conocida que vive en la campiña francesa con su compatriota americano Alwyn.  Con la solemnidad de quienes se saben económicamente seguros, los Cullen bajan del coche en el que viajan y entran en casa de Alex acompañados de Lucy, el halcón de la señora Cullen.

Es Alwyn quien abre la puerta y se convierte en el narrador de la historia. La sutileza con la que Wescott construye este personaje resulta acogedora. Entre conversaciones sencillas y gestos amables, Alwyn se siente con la confianza de ejercer también de anfitrión y no pierde el tiempo. Mientras observa con atención y escucha con cuidado, crea un monólogo interior que va desvelando lo que ocurre esa tarde en casa de Alex. Es el único que no conoce a los visitantes, y eso le permite juzgarlos sin prejuicios.

Pero quizá lo más intrigante, y desconcertante, sean las descripciones que Alwyn hace del halcón. Aunque se trate de un animal, cumple una función esencial en el relato. Lucy no está ahí por casualidad, ni como simple mascota de la señora Cullen; el narrador convierte sus palabras en forma de metáfora que permite intuir lo que el matrimonio oculta y no quiere mostrar.

Cuando Alwyn se refiere al animal, sus palabras lo humanizan y, en su transparencia natural, no se oculta nada. En cambio, los Cullen, tan refinados, educados y civilizados, quedan envueltos en cierta oscuridad.  A ello se suman los diálogos entre marido y mujer, como si se tratara de dos actores que se lanzan pullas con la intención de humillarse o herirse, y que constituyen la parte más viva y tensa de la tarde.

Lo que Wescott parece mostrar al lector, cuando los Cullen confiesan amarse y sentirse correspondidos, es que bajo esa afirmación hay amargura y una decisión de consentimiento. El señor Cullen sufre porque no puede poseer del todo a su mujer: ama algo que siempre se le escapa. Ella, por su parte, acepta este vínculo que no la anula, pero tampoco la colma.

No hay pasión sino un pacto que incluye reconocimiento y lealtad de un amor que existe porque ambos han decido sostenerlo, no porque brote del impulso. Es un acuerdo respetable y triste al mismo tiempo.

 

CITAS:

La juventud persiste hasta mucho después que uno ha dejado de ser joven. El amor por la vida permanece indefinidamente, con menos probabilidad de ser amado, menos habilidad de amar, y con el aguijón de la pasión tan acuciante como siempre.

Pero existen circunstancias en las que un ser humano reclama de forma inconfundible su derecho a la libertad, y es algo que uno lamenta con amargura porque lo que necesita es mantener al otro cautivo.

Quizá los amantes dignos de compasión son aquellos a quien no tienen a quien odiar: aquellos que concentran el objeto y la razón de esas ansias de matar en una misma persona, el ser amado, cuyo asesinato solo puede tener lugar en la imaginación, y, por tanto, nunca les concede el descanso que proporciona ver cumplido el sueño.




LOS SALONES Y LA VIDA DE PARÍS

 

AUTOR: Marcel Proust

EDITORIAL: Espuela de Plata

PUBLICACIÓN: 29/11/2011


Los salones y la vida de París son un conjunto de artículos en los que Proust ya anticipa la que luego será su obra. En total son once: seis están dedicados a la vida mundana en los salones de París, cuatro a su vida en Combray, y el último es un texto aparte, y de naturaleza distinta, que no está relacionado con su obra. Se titula La muerte de las catedrales.

Este último es un ensayo publicado en 1904, a propósito de una polémica que se originó sobre la separación entre la Iglesia y el Estado en Francia, y el peligro de que las catedrales quedaran privadas de su función. Proust lo escribe como crítico cultural.

En cuanto a los artículos dedicados a los salones todos llevan nombre de mujer, y en el caso del salón de la princesa Mathilde, de apellido Bonaparte porque era sobrina del Emperador, es una figura histórica real y gran animadora de tales eventos. Es la única que después reaparece evocada en A la busca del tiempo perdido.

Los personajes que intervienen en los demás salones son reconocibles para el París mundano de fin de siglo, personas que circulaban en los salones, cuyos nombres tenían valor social en su momento, aunque hoy nos digan poco o nada.

Proust ya desarrolla aquí el sentido crítico que proviene de su sensibilidad, y aunque su narrativa todavía es un poco verde si la comparamos con la Obra, ya anticipa a esa sociedad de la que fue partícipe y luego lo desencantó. Se podría decir también que ya estaba alimentando el mundo de Guermantes.

Los relatos de Combray me han refrescado la memoria de ese tiempo en el que aún era un niño. Porque habiendo ya leído parte de la obra puedo saber cuánto iba a descubrir.

Me han hecho sentir la fragilidad de la inocencia, la intimidad de su conciencia, la soledad que siempre he percibido en torno a él, aunque estuviera rodeado de familia. Es como si este Combray inicial fuera más puro que el que incluye su obra porque es un Combray vivido sin haber sido aún comprendido; porque sus recuerdos no han despertado; porque no ha sido salvado por el arte.

 

CITAS:

Sus palabras, como las abejas del Himeto natal, tienen rápidas las alas, destilan una miel deliciosa y no carecen, a pesar de eso, de un aguijón.

A partir de ese instante, ya no tenía que dar un solo paso, pues el suelo caminaba por mí en ese jardín en el que después de mucho tiempo mis actos habían cesado de acompañarse de una atención voluntaria: la costumbre me tomaba en sus brazos y me llevaba hasta mi lecho como a un niño.

—…las catedrales no son únicamente los más hermosos ornamentos de nuestro arte, sino los únicos que viven todavía su vida integral, y han permanecido en relación estrecha con el objeto para el cual fueron construidos.




LAS INSEPARABLES

AUTORA: Simone de Beauvoir

EDITORIAL: Lumen

PUBLICACIÓN: 15/10/2020


Las Inseparables es la historia de dos mujeres, Zaza y Simone de Beauvoir, interpretadas en la novela por Andrée y Sylvie, respectivamente.

La narradora es Sylvie y la protagonista es Andrée, a quien está dedicada la novela. Esta permaneció inédita hasta después de la muerte de la autora, y fue su hija adoptiva quien decidió publicarla al convertirse en la albacea literaria.

Basada en sus vidas reales, la novela narra la amistad apasionada que hubo entre ellas desde que se conocieron en la escuela con tan solo nueve años. Una relación influenciada por las convenciones sociales y la religión, aunque esto no fue impedimento para que la amistad creciera.

Sus diferencias eran evidentes desde el principio, pero entre ellas surgió una gran conexión y un vínculo, tan intenso por parte de Sylvie, que puede llevar a pensar que estaba enamorada de su amiga.

Cuando se conocen en el colegio lo primero que surge es la admiración de Sylvie hacia Andrée, que la ve como una niña vital y alegre. Andrée representa lo que ella quisiera ser. Sylvie, más retraída y formal, percibe en Andrée una fuerza que más adelante dejará al descubierto una profunda fragilidad interior.

Lo que Beauvoir narra es una historia delicada y conmovedora de dos niñas de familias bien acomodadas, con estrictas normas sociales y unas expectativas de futuro que les ocasionaron angustia y desasosiego dando a la novela cierto matiz trágico.

A través de la amistad dieron sentido a sus vidas; crecieron desde la inocencia propia de la edad, y a medida que esta avanzaba descubrían que sus destinos no se correspondían con sus formas de pensar.  Ambas buscaban libertad para llevar a cabo sus ideales en un mundo lleno de prejuicios y restricciones y romper los límites de los roles impuestos.

La novela provoca en el lector la reflexión sobre la concepción del amor de ambas jóvenes y la soledad que las rodea, sobre todo en Andrée, a quien al principio de la novela muestra una personalidad arrolladora para comprobar después que en su interior habitaba otra persona y eso le pasará factura.

El estilo de Simone de Beauvoir es un lenguaje sencillo y con una sensibilidad que plasma en los sentimientos de las protagonistas. Es fácil entrar en sus interiores y observar la fragilidad de su amistad.

En el ambiente general de la novela se percibe también cierta melancolía, tal vez debido a que la autora no pudo evitar lo ocurrido, motivo por el cual existe esta novela, y porque en su conciencia siempre llevó la sombra de Zaza.




LOS GIRASOLES CIEGOS

AUTOR: Alberto Méndez

EDITORIAL: Círculo de Lectores

PUBLICACIÓN: 2006


El título Los girasoles ciegos lo interpreto como una metáfora de los cuatro relatos que en este libro se narran. Sus connotaciones políticas son bastante evidentes, pero mi lectura, y ahora esta reseña, se centran en el sentido moral y emocional de cada historia.

Aunque son relatos independientes, comparten una misma situación: los años de la posguerra, desde 1939 a 1942.

¿Pudieron evitar la muerte el capitán Alegría, el poeta, Juan Senra y Ricardo? Ciertamente sí. Tuvieron la oportunidad y casi llegaron hasta el final, pero las circunstancias agotaron su capacidad para elegir.

La desilusión del capitán Alegría fue descubrir que el final de la guerra no había traído la paz. Podemos pensar que su decisión fue absurda, pero cuando descubres que mantenerte fiel a ciertos valores no garantiza la vida ni la dignidad; cuando no encuentras una razón para seguir adelante; si no paras de girar buscando una luz que no existe, encuentras la muerte.

En la guerra, la derrota no solo está en la zona de combate. Sus consecuencias llegan más lejos, a cualquier rincón, y no por huir estás fuera de peligro. En el segundo relato, el poeta trata de salvar el amor que siente hacia Elena y el ser que esta lleva dentro. No desea luchar en la guerra porque su ideal de vida es escribir y formar una familia. Huyen porque ahora sienten que el mundo en el que están no les corresponde. La guerra le ha quitado aquello para lo que estaba hecho.

Juan Senra, personaje del tercer relato, en su instinto de librarse de la muerte teje una mentira del hijo del militar que lo interroga. Le dice lo que quiere oír y eso le salva la vida, día a día, mientras ve morir a sus compañeros de prisión. Pero a medida que aumenta su mentira, también lo hace la rabia que siente por la ficción que ha construido y cansado del héroe muerto decide contar la verdad. La derrota antes que vivir corrompido por crear la falsedad de un soldado muerto.

En el cuarto relato, y quizá el que más alusión hace al título, Ricardo y Elena viven con su hijo Lorenzo en la oscuridad para preservar la identidad del padre, a quien se le da por muerto cuando vive escondido en la casa. La supuesta viudedad de Elena es atractiva para un diácono que anda tras ella. La familia vive con el miedo a que su secreto sea descubierto destacando así el autor la situación de clandestinidad tras la posguerra y la falta de libertad.

No fueron derrotas individuales. Sus tragedias no dependen de quien gane o pierda, o de si están en el bando correcto, se trata de lo que cada uno de ellos cree que es justo y lo que se le permite hacer.

Un ser humano puede sentirse moralmente atrapado en cualquier bando si su conciencia entra en conflicto con lo que se le exige.

En el absurdo moral de las cuatro derrotas cada personaje intenta orientarse, como los girasoles, hacia una forma de luz, pero el mundo que habitan no permite que esa luz exista. Por eso todos son girasoles ciegos.




MANUAL DE SAINT GERMAIN DES PRÉS

 

AUTOR: Boris Vian

EDITORIAL: Gallo Nero

PUBLICACIÓN: 2017


El Manual de Saint-Germain-des-Prés es una obra que traza, con humor y cierta ironía, una caricatura del hervidero intelectual que fue este barrio parisino en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. En parte guía y en parte crónica burlona, recorre desde los cafés ahumados de la época hasta los sótanos donde empezaba a sonar el jazz, espacios que hoy sobreviven como lugares míticos para los turistas.

Por sus páginas desfilan grupos de bohemios artistas, escritores, músicos, filósofos, poetas, noctámbulos y jóvenes intelectuales, que en los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo hicieron de Saint-Germain su centro de vida: los cafés del Flore y Deux Magots, los clubes de jazz como el Tabou o el Club Saint-Germain. Allí coincidieron figuras como Sartre, Beauvoir, Boris Vian, Juliette Gréco o Queneau, símbolos de una renovación cultural que buscaba abrir un horizonte tras la devastación.

La obra dibuja a esta juventud marcada por la guerra como un paisaje humano lleno de contradicciones: hombres y mujeres que discutían, creaban y casi vivían en esos espacios, tratando de rehacerse entre la filosofía, el jazz y el juego de la bohemia. París necesitaba reinventarse, y en Saint-Germain-des-Prés encontró un escenario vibrante donde una generación entera sintió la urgencia de empezar de nuevo para poder seguir viviendo.




AUDICIÓN

 

AUTORA: Katie Kitamura

EDITORIAL: Sexto Piso

PUBLICACIÓN: 19/05/2025


Esta lectura me ha resultado desconcertante, con la sensación continua de estar perdiéndome algo, aunque al final creo haberle encontrado un sentido.

Si se lee la novela de manera estrictamente literal se podría incluso trazar una línea coherente, pero hay momentos en los que el comportamiento de la Narradora no parece lógico. Esto me ha llevado a pensar que en ella hay algo que no encaja.

Desde el comienzo se sospecha que la Narradora encierra más de lo que muestra. Su tendencia compulsiva a observar, analizar y controlar a cualquiera con quien interactúa revela una tensión interna. Es una actriz consagrada que, en apariencia, se presenta como una mujer racional, distante, pero su propia voz va dejando señales de inestabilidad.

Cuando está con Xavier, o con su marido, parece segura de sí misma; de este último confiesa en cierto momento que lo necesita a su lado, una frase que revela cierta dependencia afectiva. En cambio, en el teatro, su espacio de trabajo ocurre lo contrario: allí hay figuras con más poder que ella y su seguridad se resiente y se vuelve más vulnerable.

La relación con Xavier es, para mí, uno de los elementos más desconcertantes. Al principio es evidente que no es su hijo, pero la novela acaba aceptando ese vínculo como si fuera natural. Hay desde el inicio una mala conexión entre ellos, algo que no encaja, y esa tensión termina explotando en el final.

Lo que más me descoloca es la sensación de que la Narradora tiene lagunas en su pasado que la confunden y que la llevan, a veces, a no distinguir bien entre la realidad y la representación. Esto puede estar relacionado con su profesión, pero también con su fragilidad emocional y su necesidad extrema de control, que no siempre consigue mantener.

Como dice la sinopsis, nada es lo que parece. La Narradora es un personaje poco fiable: está desorientada, llena de vacíos y dudas, y su vida real se vuelve por momentos incierta, casi escénica. Y ahí, precisamente, radica la fuerza de la novela.

El libro está bien escrito, pero al mismo tiempo resulta una lectura complicada, rallante, que puede no ser del gusto de algunos lectores.