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CORAZÓN TAN BLANCO

 

AUTOR: Javier Marías

EDITORIAL: Debolsillo

PUBLICACIÓN: 06/10/2006


Corazón tan blanco es un título escogido de Macbeth, obra de Shakespeare. Hace referencia a Lady Macbeth cuando dice: «Mis manos son de tu color, pero me avergüenzo de llevar un corazón tan blanco».

Recién empezada la novela ya se crea el desconcierto con un suicidio inesperado, y como único dato, una mujer recién casada, y recién llegada de su viaje de novios. Y ahí queda todo, resumido en apenas unas páginas. Un acto cometido, supuse yo, por un sentimiento de culpa o un secreto guardado y revelado.

Lejos de parecer un caso a resolver, por eso de que ha muerto alguien, el libro resume con palabras sencillas algo de lo que no estamos libres: la curiosidad de conocer un pasado que nos escama, pero tambien de contarlo porque ayuda a superarlo.

El narrador en primera persona es Juan Ranz, hijo de Juan Ranz padre, y para no confundir al uno con el otro al padre solo se le llama Ranz.

La historia que cuenta Juan se mueve entre el pasado y el presente, pero no de forma cronológica. Su vida presente se podría decir que transcurre como otra cualquiera, pero su trasiego mental, salido en cualquier momento de cualquier día, despiertan en él recuerdos pasados: la curiosidad, la incertidumbre y las preguntas sin respuesta que irán encadenando y sacando a la luz ese pasado oscuro.

La vida de Juan gira en torno al matrimonio, y por la forma en que lo plantea, en como reflexiona sobre el cambio que va a tener su vida, da una impresión resignada porque no se expresan los sentimientos que se esperan en unos recién casados. Y la explicación está en la incomodidad, que no sé si llamarlo inseguridad, de la quemazón que se produce en el interior de Juan sobre lo que implica el matrimonio.

Desde el principio se percibe la inquietud progresiva que se produce en Juan. A medida que recuerda el pasado, sus reflexiones, interpretadas desde su presente como hombre casado, van cobrando sentido y da la casualidad de que esos secretos se acercan a su padre.

Muchas preguntas me he hecho mientras leía esta novela para atar cabos, pero todas quedaban siempre en las mismas suposiciones pues nada está claro hasta el final.

Ese análisis que se hace Juan acerca del matrimonio, cuando ya pasa la treintena, me pareció algo absurdo teniendo en cuente que si ha esperado es para tener las cosas más claras. Pero los tiros no van por ahí, aunque es el factor desencadenante que lleva a dar con el sentido de la novela.

Al mismo tiempo, son igual de importantes los recuerdos de infancia y juventud que van desgranando la figura de su padre y esos secretos familiares que guarda la novela. La figura de Ranz y los secretos irán saliendo a través de sus intuiciones, frases que recuerda, lo que no se dice, reacciones extrañas, casualidades, y escenas a las que se le encuentra sentido más tarde.

Es posible que Juan creciera en un ambiente marcado por algo no resuelto, pero del que no ha sido consciente hasta hacerse adulto, hasta que un acontecimiento como el hecho de contraer matrimonio le ha llevado a hacerse preguntas.

Por eso intuye; por eso es mejor no saber; por eso lo que no se dice no existe. Son frases que Juan se dice a si mismo a lo largo de la novela que desembocan en el pasado que desconoce.

Se puede tener miedo a conocer lo desconocido, a lo que nunca se ha contado, y eso asusta, por eso Juan no quiere saber, pero la final decide escuchar. En el caso de Ranz, que nunca ha contado su secreto, termina por contar lo sucedido y a partir de ese momento «se hace viejo».

Este matiz me ha llamado la atención. Es una observación que hace Juan hacia su padre: cada vez que lo ve piensa que no ha envejecido. Sin embargo, después de tener la confesión de su padre, Ranz parece haber envejecido a los ojos de su hijo. Es una forma sutil de sugerir que Ranz se ha desprendido al fin del peso que llevaba décadas soportando.

Luego está Juan y lo que ha provocado en él: el sentido de la culpa ya ha sido transmitido y conocer el secreto puede cambiarle en ciertos aspectos. De ahí preguntarnos si queremos mantener el corazón blanco o mancharlo y si siempre tenemos opción de elegir.

La narrativa de Marías, durante muchos capítulos, me ha llevado a reflexionar, y sin darme cuenta yo solita me lo hacía complicado, pero cuando las piezas empiezan a encajar he comprendido que el significado de la historia está en lo humano y cotidiano. Lo inquietante es precisamente que detrás de toda esa complejidad esas situaciones son posibles en la vida real.

Un Corazón tan blanco es el que no sabe nada, que no conoce el secreto. Es un corazón blanco, no en el sentido puro, ni inocente, sino en el sentido de que no conoce.

No se trata de aprender: Ranz no siente arrepentimiento por lo que hizo; creo es otra muerte la que le duele más, la que tenía el corazón blanco porque no sabía nada, no conocía el secreto y él se lo contó.

 «¿Y ahora qué?» Es una pregunta sin respuesta que surge al principio de la novela. Creo que también sería interesante hacerla al final porque es donde se puede encontrar algo parecido a una respuesta. Como el final de la novela, esta pregunta deja al lector en la ambigüedad: Ranz confiesa su secreto y esto es irreversible. Lo que estaba callado ya existe.

¿Cambia esto las cosas en los personajes que saben del secreto?

¿Sus vidas van a seguir siendo las mismas?

¿Qué queda después de conocer la verdad?

El mensaje de la novela es si esas verdades que se cuentan, además de revivirlas, cambian ciertos aspectos en las vidas de las personas, si terminan por transformar sus conciencias.

Me ha gustado la reflexión final de Juan: «Poco importa, todo es pasado y no ha sucedido y además no se sabe. Lo que oí aquella noche de los labios de Ranz no me pareció venial ni me pareció ingenuo ni me provocó sonrisas, pero si me pareció pasado. Todo lo es, hasta lo que está ocurriendo»

Al final, Juan parece afectado por lo que ya sabe y, al mismo tiempo, es consciente de que hay cosas que no se pueden cambiar. Cabe suponer que dejar este conocimiento de la verdad en el pasado es una forma de aceptar lo ocurrido para seguir viviendo, pero sin el corazón tan blanco.

Por último, si después de terminada la novela, se relee la frase citada de Macbeth, la palabra «avergüenzo» parece oponerse al significado que Marías le da al corazón tan blanco. Lady Macbeth desprecia ese corazón tan blanco; Marías nos lleva a preguntarnos si perderlo no es una tragedia, como de hecho ocurre. Lo dejo como reflexión final.

 

CITAS:

—La verdad nunca resplandece, como dice la fórmula, porque la única verdad es la que no se conoce ni se transmite, la que no se traduce a palabras ni a imágenes, la encubierta y no averiguada, …

—Pude callar y callar para siempre, pero uno cree que quiere más porque cuenta secretos, contar parece tantas veces un obsequio, el mayor obsequio que puede hacerse, la mayor lealtad, la mayor prueba de amor y entrega.

—Mancharse las manos con la sangre del muerto es un juego, un fingimiento, un falso maridaje suyo con el que mata, porque no se puede matar dos veces, y ya está hecho el hecho.




LAS AMISTADES PELIGROSAS

 

AUTOR: Pierre Ambroise Choderlos de Laclos

EDITORIAL: Penguin Clásicos

PUBLICACIÓN: 18/05/2023


Las amistades peligrosas, es una novela epistolar escrita con las numerosas cartas que diferentes personajes se envían entre sí. En ausencia de un narrador, las plumas de estos aristocráticos personajes pueden hacer creer que fueron ellos quienes las escribieron y se las enviaron.

Las cartas están organizadas de forma lineal y progresiva y los acontecimientos que se van narrando avanzan en el tiempo; cada carta responde a otra para comentar los hechos recientes y así evoluciona la historia. Desde el principio, el lector puede tener conciencia del plan que se crea, cómo se desarrolla este, y las posibles consecuencias que traerá después.

Ilustración de la carta X de Las amistades peligrosas, 1796. «O mon ami, lui dis-je… Pardonne-moi mes torts, je veux les expier à force d’amour»

Laclos, de profesión militar, empezó a escribir estas cartas, conocidas tambien con el título de Las relaciones peligrosas en 1778, y fueron publicadas en 1782. Un año más tarde fue ascendido a capitán de artillería, y no sintiéndose muy integrado en los menesteres que esta profesión exige, solicitó una baja de seis meses durante la cual, en París, puso en práctica su vocación literaria. 

En ellas retrata una aristocracia francesa centrada en las relaciones sociales; una élite que vivía buena parte de su tiempo en salones donde compartían tertulias, cotilleos, pero, sobre todo, ser visto, reconocido y mantener una imagen.

Todo se teje en un lenguaje muy cuidado y formal: es elegante, elaborado y de vocabulario extenso y poético. Esta entretenida forma de comunicarse, muy habitual en la época, era tan frecuente que da la impresión de que la comunicación era en tiempo real.

Hay que destacar en estas cartas los diferentes estilos de lenguaje que utiliza Laclos para expresar, seducir, manipular, convencer, justificarse, insinuarse, ironizar y ser hipócritas, buscando de forma sutil y casi nunca directa producir un efecto. 

Ilustración de la carta XLIV de Liaisons Dangereuses, 1796.

Muy pronto una se percata de que en este círculo de apariencias y engaños la marquesa y el vizconde, amantes, amigos y rivales, hacen homenaje al título de la novela. Se consideran como iguales y se nota que el juego de la manipulación les causa placer y alimenta sus orgullos.

Con las maquinaciones de ella se inicia una trama intencionada: la de vengarse de cierto hombre que le ha hecho sentirse despreciada, y decide herirle en su honor ahora que va a casarse con otra mujer más joven.

La marquesa es quien dirige la empresa de corromper a la joven antes del matrimonio, y para ello le propone al vizconde que le ayude. Este, se opone en principio porque anda atareado en otra conquista en la que ha de poner más empeño; considera que la proposición de la marquesa para seducir a una jovencita es demasiado fácil y la victoria obtenida no sería tan interesante.

Según esto, la novela empieza con dos objetivos que se llevan a cabo por separado: el de la marquesa y el del vizconde. Sin embargo, en la relación personal que mantienen a través de sus cartas es inevitable que uno invada el juego del otro quedando ambas tramas entrelazadas.

Cuando el plan de la marquesa parece solucionarse; cuando cree haber alcanzado su objetivo, y segura de que la inocencia de la joven ya no es tal y su futuro matrimonio se verá alterado, esta se relaja y se centra más en el asunto del vizconde que parece no ir según lo previsto. Y aquí es donde hay que prestar atención.

Ilustración de la carta XCVI de Liaisons Dangereuses, 1796.

Lo que detecta la marquesa son señales que empiezan a inquietarla: ambos, que siempre se habían considerado por encima de las emociones, el vizconde parece estar cayendo en su propia trampa y eso la altera porque ya no lo considera su igual. La consecuencia de esto son los celos que ella empieza a sentir, luego entonces la marquesa también podría estar sucumbiendo.

Es algo que acontece de forma sutil, por lo que aconsejo prestar atención a lo que se dicen entre ellos en sus misivas, ya que lenguaje tan elaborado puede llevar a la dispersión del lector.

Los personajes implicados de forma involuntaria, por supuesto desconocedores de lo que se cuece, en realidad son meros objetos puestos a disposición del vizconde y la marquesa para llevar a cabo el plan. 

Aunque estas cartas lleven a centrarnos en las pasiones que acontecen en los personajes, es inevitable preguntarse si la marquesa y el vizconde saldrán airosos de ese plan que iniciaron.  

Porque cuando se intenta elaborar una estrategia que depende solo de una persona, esta lo mantiene todo bajo su control y, si, por el contrario, se decide compartirlo con alguien más, como es el caso del que hablo, es posible que las cosas se tuerzan.

Ambos utilizan la confianza y la intimidad de sus víctimas, con la diferencia de que el vizconde actúa emocionalmente y la marquesa, controlando sus emociones, es más fría y calculadora.

Ilustración de la carta LXXI de Liaisons Dangereuses, 1796.

La amistad era parte del juego y al comprender sus víctimas que quienes fingían ayudarles habían estado manipulando y ocupando secretamente sus lugares, el ritmo, al final de la novela abandona su lentitud deliberada y se acelera de forma vertiginosa.

En cuanto a sus víctimas están los que quedan destruidos porque las apariencias dejan de serlo y el honor se resiente; otros regresan voluntariamente al origen tras lo aprendido una vez perdida la inocencia, y otros pierden definitivamente la ingenuidad sentimental con el desengaño amoroso.

Lo cierto es que tanto la marquesa como el vizconde, seguros de su invulnerabilidad y convencidos de que sus pasiones estaban dominadas, no hay que descartar que puedan terminar atrapados en ellas. ¿Han recibido lo que han cultivado?

El desenlace termina en un drama para algunos personajes, y para los que la situación fue más llevadera no es necesario extenderlo más. Esta novela epistolar de Choderlos de Laclos puede interpretarse como una lección moral sobre la amistad traicionada en la que nadie sale ganando. 

 

CITAS:

—No es raro ver que la melancolía y el fastidio del mundo sean síntomas precursores de alguna grave enfermedad; los males del cuerpo, así como los del alma, hacen desear la soledad; y a menudo echamos en cara el mal humor a aquél de cuyos males deberíamos tener lástima.

—Si he de dar crédito a lo que tantas veces me han dicho, los hombres no aman tanto a sus mujeres cuando las han querido antes de serlo.

—¡A donde nos arrastra el orgullo! El sabio tiene razón, cuando dice que es el enemigo de la felicidad. ¿Dónde estaría usted ahora, si yo no hubiera querido más que burlarme?






RAYUELA

 

AUTOR: Julio Cortázar

PUBLICACIÓN: 07/06/2013

EDITORIAL: Alfaguara



Leer a Cortázar en Rayuela ha sido una experiencia nueva. Su prosa es poética: unas veces elegante; en ocasiones vulgar; otras irónica, inteligente, incluso tierna.

No es una novela en la que haya que preguntarse qué pasa después. Mi impresión ha sido la de una lectura que hay que atravesar y en ese recorrido hay que pensar, comprender, y no esperar un final que se resuelve.

Me sentí incómoda en el comienzo, advertida ya por todas las opiniones y críticas que había leído antes de meterme en este “fregao” de novela. Pensé en conformarme con la lectura lineal, hasta el capítulo 56, que es donde termina la obra. Pero al término de esta sentí ganas de seguir leyendo. Es cierto que se puede prescindir de «Los Prescindibles» pero la incertidumbre me ha llevado a continuar.

La lectura lineal presenta dos lados:

El lado de allá ocurre en París, donde las discusiones existenciales entre Horacio Oliveira y sus amigos del club de La Serpiente son elevadas a lo máximo, al mismo tiempo que se apoderaba de mí una sensación de lejanía. Cuando esto ocurre, una puede volver a releer el párrafo no comprendido, y lo hice. Entender ese clima existencial que Oliveira y sus amigos plantean es clave en esta obra, pero me ha costado enfrentarme a sus búsquedas, dudas y contradicciones.

Horacio es un personaje complicado y pasivo, que no se conforma con el sentido convencional de la vida. Aunque las conversaciones con sus amigos parecen un mero intercambio de ideas, él siempre está buscando una clave para su existencia. Para ellos la vida intelectual es una parte más de la vida, para Oliveira es su forma de vida.

La voz narrativa me ha hecho pensar en un narrador omnisciente llevándome a confusión. Me ha resultado difícil de clasificar y, por tanto, me quedo con la idea de una voz que acompaña ayudando a que la novela se expanda. Son los personajes, en sus diálogos, los que dan profundidad a la obra llevándola a una dimensión que, a mí, como lectora, me ha costado llegar a veces.

No hay personajes extraños en El lado de allá, y sí poco convencionales. Horacio y sus amigos del club, llenan el ambiente de melancolía con su vida bohemia, con sus críticas inconformistas ante la idea de encontrar algo más auténtico que la vida ordinaria.

El escenario que dibuja Cortázar es gris, sucio y desordenado, pero a ellos no parece importarles. Es Horacio, sobre todo, quien no tiene una vida plena; busca algo, no sabe qué, ni cómo encontrarlo. Las vidas de todos ellos me han transmitido incomodidad, desasosiego, más irritación que pena por vivir en una continua deliberación mental. Es algo agotador que termina por saturarte, porque sientes que la vida de Horacio está paralizada.

La Maga es un personaje aislado, pero imprescindible para Horacio. Tiene los pies en la tierra; actúa de forma serena, pero no es ingenua; es su forma de ser inteligente, y aunque su pasado está marcado por la tragedia parece no hacerle sombra. Ella tiene esa vida que Horacio no puede alcanzar: lo imprevisible, lo emocional, enfrentarse a sus límites y por eso lo descoloca. Ninguna mujer ha sido capaz de ponerlo en el lugar que ella, por eso, cuando la pierde, no puede evitar compararla con Pola o confundirla con Talita. La Maga siempre estará en su existencia porque no cierra «eso» que no ha entendido y no puede empezar de nuevo.

En El lado de acá, Horacio regresa a Argentina, al reencuentro de sus amigos. París ha quedado atrás, pero solo geográficamente. En este lado, el clima y los comportamientos de los protagonistas son diferentes. Hay un cambio evidente en el escenario y los personajes; los diálogos cobran entusiasmo, energía y dinamismo.

Los amigos de acá viven de forma más directa y menos intelectual. Traveler y Talita tienen una relación y no convierten la vida en un problema. Pero Horacio es una persona que sufre y no sabe ni deja vivir a los demás. Crea otro problema cuando ve a Traveler como alguien que él nunca será, cuando ve en Talita a la Maga.

Horacio cambia la vida bohemia por otra más cotidiana; las discusiones intelectuales no surgen con la misma frecuencia y tiene más contacto con la realidad.  Quizá porque parece estar más en la tierra, empieza a tener ciertas fisuras sobre sí mismo.

Y estas quedan al descubierto cuando afloran en él la debilidad, la inseguridad y el miedo; es alguien dominado por la obsesión hacia una búsqueda sin sentido que no llega a nada, pero sí acaba mostrándose.

Termino esta primera lectura creyendo que he conseguido introducirme en la mente de Oliveira y compruebo que me deja más incertidumbre: ¿Cuál es su decisión final?... No hay decisión final; no sé qué ocurre en realidad.

Llegado a este punto decido leer «Los prescindibles». Contemplo la idea de tomarme un descanso y retomar la lectura pasados unos días según el tablero de dirección, pero he pensado que las ideas están frescas ahora y es el momento de seguir.

Estos capítulos son un complemento que dan consistencia a la obra. Son más existenciales, más enrevesados, pero en ellos hay más de su esencia:

En Los prescindibles, siguiendo el tablero de dirección, percibo que la idea de verdad que ya conozco y que Oliveira detesta está ahí, desde el principio. Él no la ve como algo definitivo, por eso comienzan sus dudas. Estas son fugaces intuiciones que parecen dar sentido a su búsqueda; por segundos cree sentirse en el cielo, en el cuadrado de arriba de la rayuela que en Argentina llaman «cielo», pero enseguida tiende a analizarlas y se hacen efímeras.

Cortázar menciona el futuro de Orwell en «1984» y de Huxley en «Un mundo feliz», dos mundos que no entran en los patrones de Oliveira porque en ellos hay control, vigilancia y pérdida de la libertad; comodidad y ausencia de conflicto. Aunque ambos mundos difieren él no los acepta. Atravesarlos sería encontrar el mundo que busca, pero Cortázar no parece dispuesto a que esto ocurra.

Afinando en los detalles, la Maga y Oliveira se comparan entre ellos con dos artistas: él con Piet Mondrian, un pintor, y ella con Vieira de Silva, una pintora. Busqué sus obras y comprobé que son dos artistas con estilos abstractos pero diferentes. Esta simple comparación me ha hecho pensar que tienen algo en común: ambos buscan algo que va más allá de lo convencional con la diferencia de que Oliveira necesita entenderlo antes de alcanzarlo y la Maga no, lo vive.

La metaliteratura está presente en Rayuela a través de Morelli, un escritor que forma parte de la novela. Este, en sus notas, a las que llama Morellianas, plantea la forma en que está estructurada la novela y cómo el lector tiene que enfrentarse a ella.

Rayuela es una novela incómoda que rompe las normas convencionales.  La actitud de Horacio ante la vida y su búsqueda existencial remueve e inquieta, y deja al lector con la incertidumbre de conocer su decisión final. Me ha quedado claro que su búsqueda es en vano, que lo más lejos que llega es a tener dudas; esto ya es bastante.

Esta novela, con nombre de juego, es el juego existencial de Oliveira cuyo objetivo es llegar al «cielo», último cuadro de la rayuela. Pero Cortázar no resuelve nada y deja al lector planteándose cual ha sido la decisión final de Oliveira. De manera que la novela no concluye con un destino, sino con la certidumbre de que no sabemos qué será de Oliveira, pero sí quién es él. Y quizá eso sea más definitivo que cualquier final.

CITAS:

—No estábamos enamorados, hacíamos el amor con un virtuosismo desapegado y crítico, pero después caíamos en silencios terribles y la espuma de los vasos de cerveza se iba poniendo como estopa, se entibiaba y contraía mientras nos mirábamos y sentíamos que eso era el tiempo.

Pero esa unidad, la suma de los actos que define la vida misma se acabara como un mate lavado, es decir que solo los demás, los biógrafos, verían la unidad, y eso realmente no tenía la menor importancia.

—La joroba está en que la naturalidad y la realidad se vuelven no se sabe por qué enemigos, hay una hora en que lo natural suena espantosamente a falso, en que la realidad de los veinte años se codea con la realidad de los cuarenta y en cada codo hay una gillete tajándonos el saco.

—La verdadera otredad hecha de delicados contactos, de maravillosos ajustes con el mundo, no podía cumplirse desde un solo término, a la mano tendida debía responder otra mano desde el afuera, desde el otro.