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RAYUELA

 

AUTOR: Julio Cortázar

PUBLICACIÓN: 07/06/2013

EDITORIAL: Alfaguara



Leer a Cortázar en Rayuela ha sido una experiencia nueva. Su prosa es poética: unas veces elegante; en ocasiones vulgar; otras irónica, inteligente, incluso tierna.

No es una novela en la que haya que preguntarse qué pasa después. Mi impresión ha sido la de una lectura que hay que atravesar y en ese recorrido hay que pensar, comprender, y no esperar un final que se resuelve.

Me sentí incómoda en el comienzo, advertida ya por todas las opiniones y críticas que había leído antes de meterme en este “fregao” de novela. Pensé en conformarme con la lectura lineal, hasta el capítulo 56, que es donde termina la obra. Pero al término de esta sentí ganas de seguir leyendo. Es cierto que se puede prescindir de «Los Prescindibles» pero la incertidumbre me ha llevado a continuar.

La lectura lineal presenta dos lados:

El lado de allá ocurre en París, donde las discusiones existenciales entre Horacio Oliveira y sus amigos del club de La Serpiente son elevadas a lo máximo, al mismo tiempo que se apoderaba de mí una sensación de lejanía. Cuando esto ocurre, una puede volver a releer el párrafo no comprendido, y lo hice. Entender ese clima existencial que Oliveira y sus amigos plantean es clave en esta obra, pero me ha costado enfrentarme a sus búsquedas, dudas y contradicciones.

Horacio es un personaje complicado y pasivo, que no se conforma con el sentido convencional de la vida. Aunque las conversaciones con sus amigos parecen un mero intercambio de ideas, él siempre está buscando una clave para su existencia. Para ellos la vida intelectual es una parte más de la vida, para Oliveira es su forma de vida.

La voz narrativa me ha hecho pensar en un narrador omnisciente llevándome a confusión. Me ha resultado difícil de clasificar y, por tanto, me quedo con la idea de una voz que acompaña ayudando a que la novela se expanda. Son los personajes, en sus diálogos, los que dan profundidad a la obra llevándola a una dimensión que, a mí, como lectora, me ha costado llegar a veces.

No hay personajes extraños en El lado de allá, y sí poco convencionales. Horacio y sus amigos del club, llenan el ambiente de melancolía con su vida bohemia, con sus críticas inconformistas ante la idea de encontrar algo más auténtico que la vida ordinaria.

El escenario que dibuja Cortázar es gris, sucio y desordenado, pero a ellos no parece importarles. Es Horacio, sobre todo, quien no tiene una vida plena; busca algo, no sabe qué, ni cómo encontrarlo. Las vidas de todos ellos me han transmitido incomodidad, desasosiego, más irritación que pena por vivir en una continua deliberación mental. Es algo agotador que termina por saturarte, porque sientes que la vida de Horacio está paralizada.

La Maga es un personaje aislado, pero imprescindible para Horacio. Tiene los pies en la tierra; actúa de forma serena, pero no es ingenua; es su forma de ser inteligente, y aunque su pasado está marcado por la tragedia parece no hacerle sombra. Ella tiene esa vida que Horacio no puede alcanzar: lo imprevisible, lo emocional, enfrentarse a sus límites y por eso lo descoloca. Ninguna mujer ha sido capaz de ponerlo en el lugar que ella, por eso, cuando la pierde, no puede evitar compararla con Pola o confundirla con Talita. La Maga siempre estará en su existencia porque no cierra «eso» que no ha entendido y no puede empezar de nuevo.

En El lado de acá, Horacio regresa a Argentina, al reencuentro de sus amigos. París ha quedado atrás, pero solo geográficamente. En este lado, el clima y los comportamientos de los protagonistas son diferentes. Hay un cambio evidente en el escenario y los personajes; los diálogos cobran entusiasmo, energía y dinamismo.

Los amigos de acá viven de forma más directa y menos intelectual. Traveler y Talita tienen una relación y no convierten la vida en un problema. Pero Horacio es una persona que sufre y no sabe ni deja vivir a los demás. Crea otro problema cuando ve a Traveler como alguien que él nunca será, cuando ve en Talita a la Maga.

Horacio cambia la vida bohemia por otra más cotidiana; las discusiones intelectuales no surgen con la misma frecuencia y tiene más contacto con la realidad.  Quizá porque parece estar más en la tierra, empieza a tener ciertas fisuras sobre sí mismo.

Y estas quedan al descubierto cuando afloran en él la debilidad, la inseguridad y el miedo; es alguien dominado por la obsesión hacia una búsqueda sin sentido que no llega a nada, pero sí acaba mostrándose.

Termino esta primera lectura creyendo que he conseguido introducirme en la mente de Oliveira y compruebo que me deja más incertidumbre: ¿Cuál es su decisión final?... No hay decisión final; no sé qué ocurre en realidad.

Llegado a este punto decido leer «Los prescindibles». Contemplo la idea de tomarme un descanso y retomar la lectura pasados unos días según el tablero de dirección, pero he pensado que las ideas están frescas ahora y es el momento de seguir.

Estos capítulos son un complemento que dan consistencia a la obra. Son más existenciales, más enrevesados, pero en ellos hay más de su esencia:

En Los prescindibles, siguiendo el tablero de dirección, percibo que la idea de verdad que ya conozco y que Oliveira detesta está ahí, desde el principio. Él no la ve como algo definitivo, por eso comienzan sus dudas. Estas son fugaces intuiciones que parecen dar sentido a su búsqueda; por segundos cree sentirse en el cielo, en el cuadrado de arriba de la rayuela que en Argentina llaman «cielo», pero enseguida tiende a analizarlas y se hacen efímeras.

Cortázar menciona el futuro de Orwell en «1984» y de Huxley en «Un mundo feliz», dos mundos que no entran en los patrones de Oliveira porque en ellos hay control, vigilancia y pérdida de la libertad; comodidad y ausencia de conflicto. Aunque ambos mundos difieren él no los acepta. Atravesarlos sería encontrar el mundo que busca, pero Cortázar no parece dispuesto a que esto ocurra.

Afinando en los detalles, la Maga y Oliveira se comparan entre ellos con dos artistas: él con Piet Mondrian, un pintor, y ella con Vieira de Silva, una pintora. Busqué sus obras y comprobé que son dos artistas con estilos abstractos pero diferentes. Esta simple comparación me ha hecho pensar que tienen algo en común: ambos buscan algo que va más allá de lo convencional con la diferencia de que Oliveira necesita entenderlo antes de alcanzarlo y la Maga no, lo vive.

La metaliteratura está presente en Rayuela a través de Morelli, un escritor que forma parte de la novela. Este, en sus notas, a las que llama Morellianas, plantea la forma en que está estructurada la novela y cómo el lector tiene que enfrentarse a ella.

Rayuela es una novela incómoda que rompe las normas convencionales.  La actitud de Horacio ante la vida y su búsqueda existencial remueve e inquieta, y deja al lector con la incertidumbre de conocer su decisión final. Me ha quedado claro que su búsqueda es en vano, que lo más lejos que llega es a tener dudas; esto ya es bastante.

Esta novela, con nombre de juego, es el juego existencial de Oliveira cuyo objetivo es llegar al «cielo», último cuadro de la rayuela. Pero Cortázar no resuelve nada y deja al lector planteándose cual ha sido la decisión final de Oliveira. De manera que la novela no concluye con un destino, sino con la certidumbre de que no sabemos qué será de Oliveira, pero sí quién es él. Y quizá eso sea más definitivo que cualquier final.

CITAS:

—No estábamos enamorados, hacíamos el amor con un virtuosismo desapegado y crítico, pero después caíamos en silencios terribles y la espuma de los vasos de cerveza se iba poniendo como estopa, se entibiaba y contraía mientras nos mirábamos y sentíamos que eso era el tiempo.

—Pero esa unidad, la suma de los actos que define la vida misma se acabara como un mate lavado, es decir que solo los demás, los biógrafos, verían la unidad, y eso realmente no tenía la menor importancia.

—La joroba está en que la naturalidad y la realidad se vuelven no se sabe por qué enemigos, hay una hora en que lo natural suena espantosamente a falso, en que la realidad de los veinte años se codea con la realidad de los cuarenta y en cada codo hay una gillete tajándonos el saco.

—La verdadera otredad hecha de delicados contactos, de maravillosos ajustes con el mundo, no podía cumplirse desde un solo término, a la mano tendida debía responder otra mano desde el afuera, desde el otro.





LAS INDIGNAS

 AUTORA: Agustina Bazterrica

PUBLICACIÓN: 09/11/2023

EDITORIAL: Alfaguara

 

Me encandilé con este libro por la sinopsis y la portada. Luego, leyendo reseñas y comentarios, me contuve un poco y dudé de si debía leerlo.

Todo me decía que era un libro duro por su contenido, bastante explícito en descripciones de sacrificios y torturas. Un libro que puede causar dolor, incomodidad, a según qué tipo de lectores.

Nos adentramos en un mundo distópico, del que ha desaparecido casi todo, porque solo queda inmundicia y muerte. Un mundo oscuro en casi todos los sentidos, solo de vez en cuando sale el sol.

El convento al que han ido llegando todas, solo llegan mujeres, está en algún lugar. Fue habitado por monjes antes de ser destruido el mundo. De ellos poco rastro ha quedado. Se deja entrever que fueron aniquilados por quien lo dirige ahora.

Estas mujeres no han llegado a un paraíso, han encontrado el infierno. No en el sentido literal, pero bastante parecido. El convento está dirigido por una mujer, la Hermana Superior, y un ente a quien llaman Él, que se mueve en la sombra. Nadie lo puede ver, podría ser Dios. Pero no es el Dios cristiano. Este es el dios erróneo, el hijo falso, de la madre negativa.

Es una historia que se escribe en la penumbra de una celda, a escondidas, en escasos papeles y escasa tinta; a veces llega a utilizar su propia sangre para la escritura. Pero esta indigna quiere escribir, dejar testimonio de lo que lo que ha ocurrido con el mundo que llevaba tiempo amenazado con la destrucción, de cómo intenta sobrevivir hasta llegar al convento y de cómo es la vida diaria de estas mujeres, y de ella.

Las indignas, están casi al final de una jerarquía de mujeres dominadas, dirigidas, torturadas, sacrificadas por la Hermana Superior que nunca abandona su látigo.

Hay un detalle que no he conseguido aclarar, y son los frases y palabras tachadas. Al parecer son pensamientos de esta indigna, que piensa y escribe, pero que no debería expresarlas por escrito. Creo que debe significar algo más porque, al fin y al cabo, solo ella sabe de la existencia de lo que escribe, y si algún día sale a la luz, esas frases tachadas no tendrán sentido.

Este libro nos lleva a un mundo estremecedor, horroroso, no me atrevo a decir irreal, escrito con una prosa poética que dulcifica la lectura, pero no lo que te remueve por dentro.

Toma más aspecto de novela cuando la indigna narra lo que ha conocido antes de llegar al convento. Ella nació cuando el mundo ya estaba así. Solo le quedan algunos recuerdos de su madre.

En ningún momento, estas mujeres, dan muestras de querer cambiar la situación que están viviendo, hasta que se nombra a la nueva Iluminada.

¿Es justo el final? Pues depende.

Para mí, sin dar pistas de cómo termina, me ha parecido un poco pobre.

Quizá por la intensidad de la novela, se espera un final igual de intenso. Termina demasiado rápido, creo que es eso. Que cada cual lo juzgue como vea conveniente.

 

CITAS:

-Yo no quiero ser una elegida porque no quiero que me mutilen.

-Nos dijo que para llegar a Iluminadas tenemos que desposeernos de nuestro origen, del Dios erróneo, del hijo falso, de la madre negativa, de las ideas triviales, de la suciedad nocturna…