EDITORIAL: Menoscuarto
PUBLICACIÓN: 03/04/2023
La
novela está ambientada en los primeros años de la desintegración de Yugoslavia,
más concretamente en el inicio de la independencia de Croacia, entre los años 1991
y 1995. La autora, Ivana Bodrožić, ha inspirado la historia en su propia
experiencia infantil durante el conflicto, cuando contaba nueve años.
Al
leer Hotel Tito, me ha parecido interesante resaltar que la autora
nació en 1982. Ella pertenece a una generación para la que Tito ya llevaba doce
años muerto y la Yugoslavia que gobernó empezaba a quedar lejos, pero sufrió
las consecuencias del cambio que se empezó a fraguar desde la muerte de este.
Elegí
este libro por el título, por la familiaridad que tengo con el conflicto de los
Balcanes y por cómo me afectó en lo personal.
Hotel Tito es un nombre en parte autobiográfico. El
complejo donde vivió Ivana de niña como refugiada se llamaba así, y antes, había
sido una residencia o complejo vacacional vinculado a la época yugoslava y
asociado al nombre de Tito.
¿Por
qué la autora decidió convertirlo en el título de su novela? Pues aparte de lo
dicho antes, quizá porque simboliza la Yugoslavia desaparecida y por lo que
pueda haber de contradictorio en cuanto a las opiniones que de este personaje
se tienen.
La
palabra «hotel» sugiere una estancia
temporal. Sin embargo, para Ivana, ese lugar acabó convirtiéndose en el espacio
donde transcurrieron varios años decisivos de su infancia y adolescencia como
refugiada.
Es
una historia que ha sido escrita años más tarde, cuando la niña alcanzó su
madurez y comprendió lo que había ocurrido; por la necesidad de volver a esa
infancia y tomar conciencia de las heridas que esa etapa le dejó para siempre.
La
novela está narrada con una voz que se aproxima a la de una niña de nueve años,
pero no hay que olvidar que está reconstruida desde los recuerdos de la autora que
toman forma según va comprendiendo.
No
hay dramatismo en la voz que narra. Apenas se percibe tristeza, horror, enfado
o deseo de venganza en la mente de esta niña. Quizá porque analizado desde su
mirada no podía comprender del todo cuáles eran las causas de lo que estaba
viviendo.
Es
el testimonio de Ivana, de su experiencia durante el conflicto. El punto de
vista de una niña que no entiende la situación que está viviendo; tiene que
desplazarse para convertirse en refugiada y es señalada por ello; su padre está
ausente en su vida; sus amistades no envejecen porque tiene que cambiar de
lugar.
Creo
que el verdadero dramatismo de la novela reside en la cotidianidad de esos
cinco años en los que la guerra no aparece de forma explícita. Y aunque haya
sencillez en su narración, aunque no muestre ese lado trágico, sí hay que
fijarse en lo que escasea en su vida: la rutina que cualquier niño debería
tener sea cual sea su condición de vida.