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PANTALEÓN Y LAS VISITADORAS

 

AUTOR: Mario Vargas Llosa

EDITORIAL: Debolsillo

PUBLICACIÓN: 01/05/1973


Pantaleón y las visitadoras es una novela cargada de un humor satírico que aborda una ficción dentro de una realidad, algo que Vargas Llosa anticipa en el breve prólogo. Está ambientada en los años cincuenta, en Iquitos, la ciudad más grande de la Amazonía peruana y a la que solo se accede por vía marítima o aérea.

Lo que pueda haber de real en esta historia, Vargas Llosa lo caricaturiza hasta el extremo de convertirla en un circo. Se inspiró en rumores y relatos para crear una misión que, al parecer, habría funcionado en el ejército peruano en la Amazonía durante los años cincuenta.

Verdadero o falso que este servicio se llevara a cabo en Iquitos, cabría pensar si fue peor el remedio que la enfermedad. La cuestión era mantener a los soldados aliviados en los deseos de la carne, dado su aislamiento, y evitar los abusos que se estaban cometiendo en la Amazonía peruana.

Por este motivo, la cúpula del regimiento destinado en Iquitos decide llevar a cabo una operación secreta: organizar un burdel ambulante para satisfacer las necesidades ya mencionadas.

El asunto es tan delicado que es necesario elegir a un militar íntegro, con buen expediente y un máximo sentido del deber: el capitán Pantaleón Pantoja. El cómo se fragua todo esto se sabrá si se decide leer la novela.

La trama es sencilla de seguir en términos generales, pero la lectura exige atención debido a los continuos cambios de escena y a la alternancia de diálogos. Es una sensación a la que el lector puede acostumbrarse según avanza la novela, pero recomiendo no despistarse.

Los reglamentos, informes, estadísticas y procedimientos que aparecen en la novela son desmesurados y muy divertidos, ya que tratan la misión con el mismo rigor y organización que una operación militar cuando el objetivo a conseguir resulta difícil de encajar en ese esquema.

Sin embargo, el lenguaje y la forma de esos documentos son perfectamente creíbles. No parecen inventados, sino inspirados en la manera real en que funcionan las organizaciones jerarquizadas como en este caso es el ejército peruano.

La extravagante misión recibe el nombre de «Servicio de Visitadoras para Guarniciones, Puestos de Frontera y Afines», y consiste en llevar «visitadoras» por todos los cuarteles de Iquitos para que los soldados y rangos superiores, puedan beneficiarse de sus «prestaciones».

Vargas Llosa la lleva con buen humor, pero considero que esta situación habría que profundizarla y llevarla más allá de lo que es en apariencia.

La novela está construida en torno a Pantaleón Pantoja, un personaje con un gran sentido del deber, que cumple una orden dada y se concentra en ejecutarla de la manera más perfecta posible; no actúa por ambición ni por corrupción y no cuestiona las consecuencias que dicha misión le pueda acarrear en una realidad tan absurda.

Visto así, Pantaleón no es un hombre incapaz de cuestionar las órdenes, sino alguien que encarna el ideal militar de disciplina y cumplimiento del deber. Esto, en el contexto de un país de la época gobernado por un gobierno militar, la obediencia no es una elección personal.

Pantaleón cree que una planificación perfecta resolverá el problema, y al principio todo parece marchar bien. Pero si hay algo que no se puede planificar son las emociones, las pasiones, el punto de vista religioso, los que creen que la misión desprestigia la institución, la sociedad que no lo acepta, etc. Una serie de factores que hacen que la empresa de las visitadoras se tambalee y la responsabilidad recaiga en quien lo ha organizado.

El final deja una impresión agridulce: no termina mal, pero se puede considerar injusto según como se juzgue. Los mismos que juegan con la integridad de Pantaleón deciden para él un destino que quizá no merezca.

Concluyo diciendo que se trata de una crítica a ese intento de organizar la condición humana en la que el autor pone como ejemplo al ejército peruano, pero que puede estar dirigida a cualquier institución. es una novela cargada de un humor satírico que aborda una ficción dentro de una realidad, algo que Vargas Llosa anticipa en el breve prólogo. Está ambientada en los años cincuenta, en Iquitos, la ciudad más grande de la Amazonía peruana y a la que solo se accede por vía marítima o aérea.

Lo que pueda haber de real en esta historia, Vargas Llosa lo caricaturiza hasta el extremo de convertirla en un circo. Se inspiró en rumores y relatos para crear una misión que, al parecer, habría funcionado en el ejército peruano en la Amazonía durante los años cincuenta.

Verdadero o falso que este servicio se llevara a cabo en Iquitos, cabría pensar si fue peor el remedio que la enfermedad. La cuestión era mantener a los soldados aliviados en los deseos de la carne, dado su aislamiento, y evitar los abusos que se estaban cometiendo en la Amazonía peruana.

Por este motivo, la cúpula del regimiento destinado en Iquitos decide llevar a cabo una operación secreta: organizar un burdel ambulante para satisfacer las necesidades ya mencionadas.

El asunto es tan delicado que es necesario elegir a un militar íntegro, con buen expediente y un máximo sentido del deber: el capitán Pantaleón Pantoja. El cómo se fragua todo esto se sabrá si se decide leer la novela.

 La trama es sencilla de seguir en términos generales, pero la lectura exige atención debido a los continuos cambios de escena y a la alternancia de diálogos. Es una sensación a la que el lector puede acostumbrarse según avanza la novela, pero recomiendo no despistarse.

Los reglamentos, informes, estadísticas y procedimientos que aparecen en la novela son desmesurados y muy divertidos, ya que tratan la misión con el mismo rigor y organización que una operación militar cuando el objetivo a conseguir resulta difícil de encajar en ese esquema.

Sin embargo, el lenguaje y la forma de esos documentos son perfectamente creíbles. No parecen inventados, sino inspirados en la manera real en que funcionan las organizaciones jerarquizadas como en este caso es el ejército peruano.

La extravagante misión recibe el nombre de «Servicio de Visitadoras para Guarniciones, Puestos de Frontera y Afines», y consiste en llevar «visitadoras» por todos los cuarteles de Iquitos para que los soldados y rangos superiores, puedan beneficiarse de sus «prestaciones».

Vargas Llosa la lleva con buen humor, pero considero que esta situación habría que profundizarla y llevarla más allá de lo que es en apariencia.

La novela está construida en torno a Pantaleón Pantoja, un personaje con un gran sentido del deber, que cumple una orden dada y se concentra en ejecutarla de la manera más perfecta posible; no actúa por ambición ni por corrupción y no cuestiona las consecuencias que dicha misión le pueda acarrear en una realidad tan absurda.

Visto así, Pantaleón no es un hombre incapaz de cuestionar las órdenes, sino alguien que encarna el ideal militar de disciplina y cumplimiento del deber. Esto, en el contexto de un país de la época gobernado por un gobierno militar, la obediencia no es una elección personal.

Pantaleón cree que una planificación perfecta resolverá el problema, y al principio todo parece marchar bien. Pero si hay algo que no se puede planificar son las emociones, las pasiones, el punto de vista religioso, los que creen que la misión desprestigia la institución, la sociedad que no lo acepta, etc. Una serie de factores que hacen que la empresa de las visitadoras se tambalee y la responsabilidad recaiga en quien lo ha organizado.

El final deja una impresión agridulce: no termina mal, pero se puede considerar injusto según como se juzgue. Los mismos que juegan con la integridad de Pantaleón deciden para él un destino que quizá no merezca.

Concluyo diciendo que se trata de una crítica a ese intento de organizar la condición humana en la que el autor pone como ejemplo al ejército peruano, pero que puede estar dirigida a cualquier institución.




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