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LA TÍA JULIA Y EL ESCRIBIDOR

AUTOR: Mario Vargas Llosa

EDITORIAL: Punto de Lectura

PUBLICACIÓN: 2006


La tía Julia y el escribidor ha sido mi primera novela de Vargas Llosa y me ha quedado una impresión bastante satisfactoria. Es en parte autobiográfica y narra una etapa real de la vida del autor: su relación y posterior matrimonio, cuando tenía diecinueve años, con Julia Urquidi, que era mayor que él y además su tía política.

En la novela se alternan los capítulos impares, que cuentan la historia real de Mario y su tía Julia, con los capítulos pares, que narran las radionovelas de Pedro Camacho. Unos y otros se van alternando para dar forma a la obra.

La lectura es ligera, ágil y cargada de humor. Está escrita de forma muy sencilla, y aunque la prosa cuenta con un extenso vocabulario en el que abundan términos típicos del lugar, la novela resulta una lectura fascinante.

Esta forma de estructurar la novela me ha parecido interesante, y no sabría decir qué capítulos son más atrayentes, curiosos y divertidos. Creo que se complementan ya que, de no ser así, de haber sido escritos por separado, no le hubieran dado el mismo sentido a la novela.  

La historia de Mario se desarrolla en Lima, en los años cincuenta. Mario, Marito, Varguitas, son las distintas formas en que es llamado en la novela. Es un joven aspirante a escritor que trabaja en una radio de Lima y se enamora de su tía política, Julia, divorciada, y unos cuantos años mayor que él.

Aunque su historia se podría tratar de un melodrama, me lo he tomado más como una comedia por el tono irónico y deliberado con que el autor trata este episodio de su vida. Cuando Mario Vargas Llosa escribe La tía Julia y el escribidor ya no es el joven enamorado de diecinueve años, sino un novelista consagrado que mira hacia atrás con la distancia que le ha dado la madurez.

Lo que en su momento fue una secuencia de inconvenientes para poder casarse, y el gran conflicto ocasionado en su familia que no lo aceptaba, en especial su padre, no es para menos que una tragedia familiar.

Pero Mario no se rindió en ningún momento, se aprecia con gusto por como lo narra, y consigue ablandar a todos los miembros de la familia. A su padre al final, también.

En la distancia, marcada por el paso del tiempo, la memoria permite suavizar los momentos trágicos y lo que en su momento fue un conflicto, una angustia, una pasión intensa, Vargas Llosa lo narra desde la nostalgia y la ternura, y lo convierte en literatura.

Además, esta forma de enfocar los referidos capítulos encaja muy bien con los relatos cada vez más exagerados de Pedro Camacho, el «escribidor». Este personaje es una creación literaria, es posible que basado en algún conocido compañero de trabajo. Encarna a un guionista boliviano que escribe sin descanso unas historias que le darán el éxito. Disciplinado y productivo, se toma su trabajo tan al pie de la letra que no se le conoce otra vida.

Para mí, Pedro Camacho, ha sido un personaje muy relevante en esta novela. Como ya dije al principio, sin este complemento de relatos todo  hubiera quedado en una historia de amor y pasión.

Por como termina la historia de Varguitas, el toque final que le da Vargas Llosa me llevó a una conclusión muy agradable sobre este personaje no olvidándose de él.

La locura de Pedro Camacho por ser tan riguroso en su trabajo, al final, se hace realidad y la historia hace creer al lector que Camacho ya ha cumplido su función. Ese creador tan desbordado, cuyos relatos tenían una audiencia masiva no podía terminar sin más.

Cuando la historia parece haber concluido, el autor vuelve a mirar hacia Camacho, algo que he considerado como un pequeño homenaje. Y sí, es un poco triste comprobar que su éxito invisible no le sirvió para mucho, aunque a sí mismo tal vez sí. Durante un tiempo fue exactamente lo que quería ser: un creador absoluto de historias.

 

CITAS:

— Qué poca cosa debían sentirse, qué miserias debían ganar, para que yo les pareciera importante.

— La cárcel dorada lo está atontando. Amas y dómines deben ser despedidos y el niño matriculado en un colegio para que alterne con gente de su edad. ¡Será normal el día que un compañero le rompa la nariz!

 

 


UN FUTURO PROMETEDOR. Los años gloriosos

 

AUTOR: Pierre Lemaitre

EDITORIAL: Salamandra

PUBLICACIÓN: 13/03/2025


Un futuro prometedor es la tercera parte de la trilogía de Los años gloriosos. Ocurre a veces que las terceras partes presentan una trama más desgastada o un final que dice poco. En este caso no me ha parecido así: esta tercera novela está a la altura de las dos anteriores.

El tiempo ha transcurrido y los Pelletier ya están asentados entre París y su cinturón. En realidad, nada parece haber cambiado salvo la salud del señor Pelletier, Louis; Collete que ha cumplido los diez años; y la vida estable de François que se verá alterada por una situación repentina.

Esta sensación de que nada se ha movido se refleja en todos los personajes: no evolucionan, no cambian ni aprenden nada con el paso de los años. Son los mismos de principio a fin y no se contempla un aprendizaje moral en ninguno de ellos. Están estancados, incapaces de escapar de sí mismos. Tal vez por eso, lo interesante en la vida de los Pelletier, y lo que la hace atractiva, no es lo que la vida les enseña sino cómo la viven.

La dinámica de la novela es como en las anteriores: uno de los hermanos se convierte en personaje principal. En la primera parte fue Étienne, en la segunda Hélène y en la tercera François. A Jean y Geneviève, Lemaitre les concede el privilegio de estar presente en toda la trilogía y los convierte en el alma de la historia.

Son un matrimonio tóxico, aunque en distintas direcciones. En Jean se refleja una conducta amoral en la que no hay nada que rectificar: sin moral, el mal no necesita justificación. Geneviève, en cambio, resulta previsible; su crueldad es evidente y nadie en la familia la soporta.

Quienes verdaderamente sufren este comportamiento son sus hijos, Collete y Philippe, cuya vida diaria me parece inquietante porque no he percibido miedo en ellos. Aprenden de lo que ven: un padre indiferente e inseguro que necesita refugiarse en su mujer, aunque le incomode, y una madre dominante a la que solo le mueve la ambición.

En general, es una novela y una trilogía ajetreada con una trama que mantiene al lector en alerta. Sin embargo, la vida diaria de los personajes es apagada, triste, como si el ambiente estuviera cargado de negatividad. Cuesta entrar en sus vidas y sentir afinidad hacia alguno de ellos. Parecen resistentes y al mismo tiempo, vulnerables; extraños y carentes de moral.

Pese al buen estatus familiar creo que los progenitores, Louis y Angèle, cometen un error que influye en la educación de sus hijos. Aunque quizá sean los únicos que muestran cierta emotividad, no hay en ellos calor familiar. Los cuatro hijos se han educado dentro de un programa donde lo que prevalece son las normas: se enseña a comportarse, pero no a comprender.

Este aspecto es tal vez el único que sí evoluciona a lo largo de esta historia y agrava con el paso de las generaciones.

Esta evolución no la he percibido hasta llegar al tercer libro, donde se hace evidente que Lemaitre crea con estos personajes un modelo de vida que no se corrige, sino que se normaliza, y cuya transmisión es cada vez más empobrecida.

Donde mejor se ve este proceso es en Collete y Philippe que, aun siendo hermanos, el trato maternal es diferente al principio para terminar siendo despiadado en ambos, ya que Jean interviene poco en la educación de sus hijos. Colette se adapta y sobrevive sin provocar malestar quizá porque desde su nacimiento no fue deseada. No despierta expectativas en Geneviève y, por tanto, la normalidad es lo habitual. Philippe, en cambio, el hijo deseado y heredero correcto, deja de serlo cuando su madre descubre que su sensibilidad e inquietudes no encajan en los parámetros que ella había fijado.

El final de Un futuro prometedor queda abierto con un final feliz parcial. Se presenta de varias formas: el de Louis y François no sorprende porque se ajusta a lo esperado, como el de Hélène. Sin embargo, me ha desconcertado el último comportamiento de Collete con una sorpresa final que rompe el esquema de la novela: hace algo que es moralmente correcto sin tener conciencia de ello.

  

 

EL SILENCIO Y LA CÓLERA. Los años gloriosos

AUTOR: Pierre Lemaitre

PUBLICACIÓN: 2024

EDITORIAL: Salamandra Narrativa

 

El silencio y la cólera, de Pierre Lemaitre, es la segunda parte de la trilogía de «Los años gloriosos» que continúa con la saga de los Pelletier. Si El ancho mundo fue más explosivo y emocionante, la segunda parte se centra más en el conflicto moral, el silencio institucional y la lucha personal. Y quienes más lo van a sufrir son los personajes que toman el relevo del protagonismo: François y Hélène.

En François he visto a un personaje inconforme, inquieto, y la misma vena investigadora que su hermano Etienne. Comparten el impulso de no conformarse, de buscar algo más auténtico, más comprometido, más justo, tanto en la vida profesional como en la personal.

Y Hélène, que se la ve venir desde el principio, no ha dejado de buscarse complicaciones. Es la más libre de los cuatro hermanos, y desde que abandona el hogar familiar asume las consecuencias de su libertad en una época que no perdona a la mujer que rompe con los roles sociales.

En cambio, Jean y Geneviève, la esposa, quedan estancados en su mundo y la única evolución que se aprecia en ellos es lo que los ha caracterizado durante toda la novela:

Geneviève muestra todas sus perversidades más oscuras, la que más es la relación que tiene con su hija Colette. No solo la rechaza, sino que la llega a odiar hasta desear su muerte. Lemaitre las escribe con frialdad. Solo al final de la novela, y de forma imperceptible, el autor deja un pequeño matiz relacionado con Geneviève para redimirla de ser el personaje más perverso. 

En el caso de Jean el cambio es más significativo y positivo, aunque esto no lo salva de los crímenes que ha cometido de forma impulsiva. Se revelan en él dos comportamientos inesperados: cierta sensibilidad hacia Colette, a pesar de que sospecha que no es su hija y la capacidad de enfrentarse a la vida. Su personalidad dice mucho de su comportamiento, pero a medida que avanza la historia se muestra más humano que su mujer.

En realidad, la vida de los tres hermanos parece prosperar, pero esta sigue siendo lamentable; solo en el tramo final, para atar cabos, Lemaitre los deja en mejor situación.

Lemaitre pone en el epicentro a Hélène y los días que pasa en Chevrigny. Mientras prepara el reportaje sobre el caso de la presa que inundará el valle, unido a su situación personal que no está en su mejor momento, madura como personaje femenino.

Es cuando renace esa mujer que ha sido silenciada en lo profesional y se ha visto en la necesidad de ocultar su secreto para sobrevivir.

El silencio también se refleja en el pueblo ignorado, sin voz ni poder de decisión, y la cólera, que crece a medida que se acerca el abandono forzoso de un pueblo que no ha sido tenido en cuenta para tal decisión.

La parte que menos me ha gustado es el protagonismo que da a Lucien, el chico que Louis tiene empleado en la jabonería al lanzarlo al mundo del boxeo. No me ha resultado interesante. Desentona con el resto de la novela y solo me queda pensar que en la tercera parte Lemaitre le haya adjudicado más protagonismo.

Por supuesto nos deja un final abierto con situaciones familiares y personales sin resolver. Algunas se pueden intuir, pero otras quedan para la imaginación.