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EL ENCAJE ROTO: Antología de cuentos de violencia contra las mujeres

 

AUTORA: Emilia Pardo Bazán

PUBLICACIÓN: 06/05/2019

EDITORIAL: Contraseña


El encaje roto: Antología de cuentos de violencia contra las mujeres es una colección de cuentos de Emilia Pardo Bazán en los que se aborda, de forma muy visible, la violencia ejercida por los hombres contra las mujeres. Una antología en la que muchas de las actitudes y comportamientos que aparecen  siguen vigentes en la actualidad.

Esta escritora española fue una gran precursora del feminismo, aunque a mí me gusta más decir que fue una defensora de la educación y los derechos de las mujeres.

Reúne treinta y cinco cuentos que narran historias de mujeres que se enfrentan al maltrato en sus diferentes formas, y de algunas, las menos, que toman medidas para protegerse al darse cuenta de la relación que tienen con el marido o el novio.

La edición incluye un extenso prólogo de Cristina Patiño Eirín que me ha parecido interesante porque me ha ayudado a introducirme en su obra teniendo en cuenta es mi primera lectura de esta escritora.

Ayuda a entender mejor el contexto en el que escribió estos cuentos y hasta qué punto la autora fue una mujer adelantada a su tiempo; cómo a través de sus relatos muestra situaciones de desigualdad, sometimiento y violencia hacia las mujeres.

Me ha gustado el lenguaje cuidado y elaborado que utiliza alternando frases y  diálogos más cultos con otros más vivos; en cualquiera de sus formas resulta impecable.

Es fácil situarse en los escenarios donde tienen lugar las historias. Las escenas cobran fuerza según se narran, y lo mismo ocurre con las emociones de los personajes.

En la mayoría de los cuentos, las mujeres son las víctimas, aunque no siempre de una violencia física. A veces es el matrimonio, la dependencia, las normas sociales de la época o el poder de los hombres lo que las mantiene atrapadas.

En algunos, son las propias mujeres quienes, con su intuición, inteligencia o astucia se adelantan al marido o al novio y zanjan el asunto antes de que llegue a mayores.

El hecho de convertir en literatura estas historias es una forma de no estar de acuerdo con esos comportamientos hacia la mujer. No hace de ellos una simple denuncia o crítica, y el sentido humano que reflejan los personajes, con sus sufrimientos y consecuencias les da realidad y los hace creíbles.

Hay en estos cuentos un narrador omnisciente que conoce lo que piensan y sienten los personajes y domina los hechos de la historia.

Las narraciones son cortas. En pocas páginas plantea una situación de contrastes en la que aparece la belleza, la crueldad, la inocencia, la violencia, la riqueza y la pobreza, y en tan poco espacio desarrolla un conflicto y lo conduce a un desenlace. Produce un efecto intenso.

Todos los cuentos me han parecido de diez, pero si tuviera que quedarme con algunos serían: De Navidad y El encaje roto.

En De Navidad, el tono es distinto al resto de los otros cuentos. Tiene un sentido religioso, por un lado, y moral por otro. Narra la crueldad de un rey y padre, ocasionando el sacrificio de su hija Lucía, aunque esta lo elige libremente. A través de Dios, el amor y la fe se produce la redención del padre y, al mismo tiempo, en un segundo plano, Lucía, una mujer inocente, termina pagando las culpas de un hombre.

En el caso de El encaje roto, es la intuición de Micaelita la que prevalece, y lo hace de forma elegante. En un instante percibe algo en el comportamiento de su prometido y decide no casarse con él. No hay más explicación que la que ella da al final del cuento. Solo ella, el narrador omnisciente y el lector saben qué ha ocurrido. Es uno de los cuentos en los que la autora da a una mujer el derecho a confiar en ella misma y no convertirse en víctima.

Me ha encantado leer a Pardo Bazán porque he encontrado a una escritora con una gran capacidad de crear situaciones y conflictos y terminar el cuento con una reflexión que permanece.

 

CITAS:

—¿Era ella quien había sacudido así? ¿Era ella la que todavía apretaba la vara hecha astillas…?

—Con un asonantamiento y todo, la frasecilla acusadora se clavó como bala bien dirigida dentro del espíritu de la muchacha, allí quedó, engendrando un convencimiento profundo.

—Libre eres, como el aire libre. Pero el día que yo note algo que me hiera el alma…, ese día (¡por mi madre te lo juro!) sin quejas, sin escenas, sin la  menor señal de que estoy disgustado (¡a eso no!) me levanto de noche calladamente, cojo el arma, te la aplico a la sien y te despiertas en la eternidad. Ya estás avisada…





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