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PANTALEÓN Y LAS VISITADORAS

 

AUTOR: Mario Vargas Llosa

EDITORIAL: Debolsillo

PUBLICACIÓN: 01/05/1973


Pantaleón y las visitadoras es una novela cargada de un humor satírico que aborda una ficción dentro de una realidad, algo que Vargas Llosa anticipa en el breve prólogo. Está ambientada en los años cincuenta, en Iquitos, la ciudad más grande de la Amazonía peruana y a la que solo se accede por vía marítima o aérea.

Lo que pueda haber de real en esta historia, Vargas Llosa lo caricaturiza hasta el extremo de convertirla en un circo. Se inspiró en rumores y relatos para crear una misión que, al parecer, habría funcionado en el ejército peruano en la Amazonía durante los años cincuenta.

Verdadero o falso que este servicio se llevara a cabo en Iquitos, cabría pensar si fue peor el remedio que la enfermedad. La cuestión era mantener a los soldados aliviados en los deseos de la carne, dado su aislamiento, y evitar los abusos que se estaban cometiendo en la Amazonía peruana.

Por este motivo, la cúpula del regimiento destinado en Iquitos decide llevar a cabo una operación secreta: organizar un burdel ambulante para satisfacer las necesidades ya mencionadas.

El asunto es tan delicado que es necesario elegir a un militar íntegro, con buen expediente y un máximo sentido del deber: el capitán Pantaleón Pantoja. El cómo se fragua todo esto se sabrá si se decide leer la novela.

La trama es sencilla de seguir en términos generales, pero la lectura exige atención debido a los continuos cambios de escena y a la alternancia de diálogos. Es una sensación a la que el lector puede acostumbrarse según avanza la novela, pero recomiendo no despistarse.

Los reglamentos, informes, estadísticas y procedimientos que aparecen en la novela son desmesurados y muy divertidos, ya que tratan la misión con el mismo rigor y organización que una operación militar cuando el objetivo a conseguir resulta difícil de encajar en ese esquema.

Sin embargo, el lenguaje y la forma de esos documentos son perfectamente creíbles. No parecen inventados, sino inspirados en la manera real en que funcionan las organizaciones jerarquizadas como en este caso es el ejército peruano.

La extravagante misión recibe el nombre de «Servicio de Visitadoras para Guarniciones, Puestos de Frontera y Afines», y consiste en llevar «visitadoras» por todos los cuarteles de Iquitos para que los soldados y rangos superiores, puedan beneficiarse de sus «prestaciones».

Vargas Llosa la lleva con buen humor, pero considero que esta situación habría que profundizarla y llevarla más allá de lo que es en apariencia.

La novela está construida en torno a Pantaleón Pantoja, un personaje con un gran sentido del deber, que cumple una orden dada y se concentra en ejecutarla de la manera más perfecta posible; no actúa por ambición ni por corrupción y no cuestiona las consecuencias que dicha misión le pueda acarrear en una realidad tan absurda.

Visto así, Pantaleón no es un hombre incapaz de cuestionar las órdenes, sino alguien que encarna el ideal militar de disciplina y cumplimiento del deber. Esto, en el contexto de un país de la época gobernado por un gobierno militar, la obediencia no es una elección personal.

Pantaleón cree que una planificación perfecta resolverá el problema, y al principio todo parece marchar bien. Pero si hay algo que no se puede planificar son las emociones, las pasiones, el punto de vista religioso, los que creen que la misión desprestigia la institución, la sociedad que no lo acepta, etc. Una serie de factores que hacen que la empresa de las visitadoras se tambalee y la responsabilidad recaiga en quien lo ha organizado.

El final deja una impresión agridulce: no termina mal, pero se puede considerar injusto según como se juzgue. Los mismos que juegan con la integridad de Pantaleón deciden para él un destino que quizá no merezca.

Concluyo diciendo que se trata de una crítica a ese intento de organizar la condición humana en la que el autor pone como ejemplo al ejército peruano, pero que puede estar dirigida a cualquier institución. es una novela cargada de un humor satírico que aborda una ficción dentro de una realidad, algo que Vargas Llosa anticipa en el breve prólogo. Está ambientada en los años cincuenta, en Iquitos, la ciudad más grande de la Amazonía peruana y a la que solo se accede por vía marítima o aérea.

Lo que pueda haber de real en esta historia, Vargas Llosa lo caricaturiza hasta el extremo de convertirla en un circo. Se inspiró en rumores y relatos para crear una misión que, al parecer, habría funcionado en el ejército peruano en la Amazonía durante los años cincuenta.

Verdadero o falso que este servicio se llevara a cabo en Iquitos, cabría pensar si fue peor el remedio que la enfermedad. La cuestión era mantener a los soldados aliviados en los deseos de la carne, dado su aislamiento, y evitar los abusos que se estaban cometiendo en la Amazonía peruana.

Por este motivo, la cúpula del regimiento destinado en Iquitos decide llevar a cabo una operación secreta: organizar un burdel ambulante para satisfacer las necesidades ya mencionadas.

El asunto es tan delicado que es necesario elegir a un militar íntegro, con buen expediente y un máximo sentido del deber: el capitán Pantaleón Pantoja. El cómo se fragua todo esto se sabrá si se decide leer la novela.

 La trama es sencilla de seguir en términos generales, pero la lectura exige atención debido a los continuos cambios de escena y a la alternancia de diálogos. Es una sensación a la que el lector puede acostumbrarse según avanza la novela, pero recomiendo no despistarse.

Los reglamentos, informes, estadísticas y procedimientos que aparecen en la novela son desmesurados y muy divertidos, ya que tratan la misión con el mismo rigor y organización que una operación militar cuando el objetivo a conseguir resulta difícil de encajar en ese esquema.

Sin embargo, el lenguaje y la forma de esos documentos son perfectamente creíbles. No parecen inventados, sino inspirados en la manera real en que funcionan las organizaciones jerarquizadas como en este caso es el ejército peruano.

La extravagante misión recibe el nombre de «Servicio de Visitadoras para Guarniciones, Puestos de Frontera y Afines», y consiste en llevar «visitadoras» por todos los cuarteles de Iquitos para que los soldados y rangos superiores, puedan beneficiarse de sus «prestaciones».

Vargas Llosa la lleva con buen humor, pero considero que esta situación habría que profundizarla y llevarla más allá de lo que es en apariencia.

La novela está construida en torno a Pantaleón Pantoja, un personaje con un gran sentido del deber, que cumple una orden dada y se concentra en ejecutarla de la manera más perfecta posible; no actúa por ambición ni por corrupción y no cuestiona las consecuencias que dicha misión le pueda acarrear en una realidad tan absurda.

Visto así, Pantaleón no es un hombre incapaz de cuestionar las órdenes, sino alguien que encarna el ideal militar de disciplina y cumplimiento del deber. Esto, en el contexto de un país de la época gobernado por un gobierno militar, la obediencia no es una elección personal.

Pantaleón cree que una planificación perfecta resolverá el problema, y al principio todo parece marchar bien. Pero si hay algo que no se puede planificar son las emociones, las pasiones, el punto de vista religioso, los que creen que la misión desprestigia la institución, la sociedad que no lo acepta, etc. Una serie de factores que hacen que la empresa de las visitadoras se tambalee y la responsabilidad recaiga en quien lo ha organizado.

El final deja una impresión agridulce: no termina mal, pero se puede considerar injusto según como se juzgue. Los mismos que juegan con la integridad de Pantaleón deciden para él un destino que quizá no merezca.

Concluyo diciendo que se trata de una crítica a ese intento de organizar la condición humana en la que el autor pone como ejemplo al ejército peruano, pero que puede estar dirigida a cualquier institución.




LA TÍA JULIA Y EL ESCRIBIDOR

AUTOR: Mario Vargas Llosa

EDITORIAL: Punto de Lectura

PUBLICACIÓN: 2006


La tía Julia y el escribidor ha sido mi primera novela de Vargas Llosa y me ha quedado una impresión bastante satisfactoria. Es en parte autobiográfica y narra una etapa real de la vida del autor: su relación y posterior matrimonio, cuando tenía diecinueve años, con Julia Urquidi, que era mayor que él y además su tía política.

En la novela se alternan los capítulos impares, que cuentan la historia real de Mario y su tía Julia, con los capítulos pares, que narran las radionovelas de Pedro Camacho. Unos y otros se van alternando para dar forma a la obra.

La lectura es ligera, ágil y cargada de humor. Está escrita de forma muy sencilla, y aunque la prosa cuenta con un extenso vocabulario en el que abundan términos típicos del lugar, la novela resulta una lectura fascinante.

Esta forma de estructurar la novela me ha parecido interesante, y no sabría decir qué capítulos son más atrayentes, curiosos y divertidos. Creo que se complementan ya que, de no ser así, de haber sido escritos por separado, no le hubieran dado el mismo sentido a la novela.  

La historia de Mario se desarrolla en Lima, en los años cincuenta. Mario, Marito, Varguitas, son las distintas formas en que es llamado en la novela. Es un joven aspirante a escritor que trabaja en una radio de Lima y se enamora de su tía política, Julia, divorciada, y unos cuantos años mayor que él.

Aunque su historia se podría tratar de un melodrama, me lo he tomado más como una comedia por el tono irónico y deliberado con que el autor trata este episodio de su vida. Cuando Mario Vargas Llosa escribe La tía Julia y el escribidor ya no es el joven enamorado de diecinueve años, sino un novelista consagrado que mira hacia atrás con la distancia que le ha dado la madurez.

Lo que en su momento fue una secuencia de inconvenientes para poder casarse, y el gran conflicto ocasionado en su familia que no lo aceptaba, en especial su padre, no es para menos que una tragedia familiar.

Pero Mario no se rindió en ningún momento, se aprecia con gusto por como lo narra, y consigue ablandar a todos los miembros de la familia. A su padre al final, también.

En la distancia, marcada por el paso del tiempo, la memoria permite suavizar los momentos trágicos y lo que en su momento fue un conflicto, una angustia, una pasión intensa, Vargas Llosa lo narra desde la nostalgia y la ternura, y lo convierte en literatura.

Además, esta forma de enfocar los referidos capítulos encaja muy bien con los relatos cada vez más exagerados de Pedro Camacho, el «escribidor». Este personaje es una creación literaria, es posible que basado en algún conocido compañero de trabajo. Encarna a un guionista boliviano que escribe sin descanso unas historias que le darán el éxito. Disciplinado y productivo, se toma su trabajo tan al pie de la letra que no se le conoce otra vida.

Para mí, Pedro Camacho, ha sido un personaje muy relevante en esta novela. Como ya dije al principio, sin este complemento de relatos todo  hubiera quedado en una historia de amor y pasión.

Por como termina la historia de Varguitas, el toque final que le da Vargas Llosa me llevó a una conclusión muy agradable sobre este personaje no olvidándose de él.

La locura de Pedro Camacho por ser tan riguroso en su trabajo, al final, se hace realidad y la historia hace creer al lector que Camacho ya ha cumplido su función. Ese creador tan desbordado, cuyos relatos tenían una audiencia masiva no podía terminar sin más.

Cuando la historia parece haber concluido, el autor vuelve a mirar hacia Camacho, algo que he considerado como un pequeño homenaje. Y sí, es un poco triste comprobar que su éxito invisible no le sirvió para mucho, aunque a sí mismo tal vez sí. Durante un tiempo fue exactamente lo que quería ser: un creador absoluto de historias.

 

CITAS:

Qué poca cosa debían sentirse, qué miserias debían ganar, para que yo les pareciera importante.

La cárcel dorada lo está atontando. Amas y dómines deben ser despedidos y el niño matriculado en un colegio para que alterne con gente de su edad. ¡Será normal el día que un compañero le rompa la nariz!

 

 


CARTAS DE LA PRINCESA PALATINA

AUTORA: Liselotte von der Pfalz

EDITORIAL: Caparrós

PUBLICACIÓN: 27/10/2003


Isabel Carlota del Palatinado, en alemán Elisabeth Charlotte von der Pfalz, nació en Heidelberg, Alemania, el 27 de mayo de 1652 y murió en Saint-Cloud, Francia, el 8 de diciembre de 1722.

Fue princesa del Palatinado por nacimiento, hija de un conde palatino, y duquesa de Orleans al contraer matrimonio con Felipe de Francia, duque de Orleans y hermano del rey Luis XIV de Francia.

Desde la infancia fue más conocida como Liselotte. Convertida ya en duquesa también se la conocía como Madame porque Felipe, su marido, era conocido en la corte como Monsieur. Tal vez, de no ser por estas cartas, Madame, no hubiera pasado a la posteridad.

Su vida en la corte francesa dio para muchas cartas siendo estas el medio habitual para comunicarse. Se calcula que Liselotte escribió alrededor de sesenta mil cartas, de las que se conservan entre cinco y seis mil. Estas fueron escritas a sus amigos, familiares en Alemania, damas de confianza, etc. Se trata de una gran cifra, pero si tenemos en cuenta que permaneció en la corte desde su matrimonio, en 1671, hasta la muerte del rey Luis XIV, en 1715, cuarenta y cuatro años dan para mucho.

El gran valor de estas cartas radica en que no fueron escritas para publicarse. La espontaneidad y la visión de Madame de la corte de Versalles es sobre todo curiosa y una fuente histórica de primera mano sobre la vida cotidiana y política en la corte francesa.

Este pequeño libro, en edición bilingüe, que me costó encontrar, contiene solo doce cartas, una de ellas escrita a Luis XIV. Las once restantes, en su mayoría, están escritas a su tía Sofía de Hannóver y fueron enviadas desde Versalles, Fontainebleau, Saint-Cloud y por último desde París, cuando se instaló allí tras la muerte del rey.

Es un número de cartas muy limitado, pero en estas escribe sobre su llegada a la corte; de su matrimonio con Felipe de Orleans y la relación que había entre ellos; habla de su rivalidad con las dos amantes conocidas del rey, Mme. de Maintenon y Mme. de Montespan; de cómo se queja ante el rey por el trato que se le daba en la corte; por citar algunas.

Os dejo el retrato que hizo de ella el duque de Saint-Simon y que se cita en el libro:

«Madame tenía en todo más del hombre que de la mujer. Era fuerte, valiente, alemana a la extremidad, franca, recta, buena y bondadosa, noble y grande en todas sus maneras y mezquina a la extremidad con todo lo que atañía a lo que le era debido. Era agreste, siempre encerrada escribiendo salvo en los breves momentos de corte en sus aposentos; el resto del tiempo sola con sus damas; dura, ruda, proclive a la aversión y temible por las ocurrencias -sobre cualquiera- que tenía a veces; ninguna facilidad, ninguna muestra de ingenio, aunque ingenio no le faltara; ninguna flexibilidad; un celo extremo, como hemos dicho, sobre todo lo que se le debía; la apariencia y la villanía de un suizo; capaz con todo ello de un amistad tierna e inviolable».

En definitiva, estas doce cartas saben a poco, pero no dejan al lector indiferente. Este pequeño libro me ha permitido esbozar a la mujer que había detrás del título: una extranjera en Versalles que nunca terminó de sentirse parte de la corte, una observadora crítica y honesta que encontró en la escritura su refugio. Su ironía y dureza, pero también su lealtad y afecto me han dejado con el deseo de seguir leyéndola.

 

CITAS:

Mis verdaderos sentimientos, pues, sobre este particular son que deseo creer en otro mundo y vivir de acuerdo con esta creencia, aunque ignoro lo que es y no pueda comprenderla.

El rey se imagina que es devoto porque ya no se acuesta con ninguna mujer joven y todo su temor de Dios consiste en estar taciturno, en tener espías en todas partes, en proponer engaños a todo el mundo, en adular a los favoritos de su hermano y de manera general en torturar a todo el mundo.

Beata vos que cagáis cuando queréis, cagad, pues, de todo corazón. Nosotros no podemos hacerlo aquí, donde tengo que guardarme el zurullo hasta la noche; no hay facilidades en los apartamentos del lado del bosque.




ROJO Y NEGRO

 AUTOR: Stendhal

EDITORIAL: Orbis

PUBLICACIÓN: 2 de enero de 1985


Rojo y Negro se publicó en 1830 con un título que ha sido objeto de numerosas interpretaciones. La más aceptada es que el Rojo representa el sueño frustrado de Julien de seguir los pasos de Napoleón, mientras que el Negro simboliza la iglesia, una vía más realista en la que también se ve atrapado. 

Otra interpretación del Rojo puede referirse al amor y el Negro, a la muerte. Mi impresión me lleva a poner el Rojo en la ambición y el orgullo de Julien en prosperar, y el Negro en una sombra que siempre le acompaña y le impide olvidar de donde procede.

La novela está ambientada en la época de la Restauración francesa, después de la abdicación de Napoleón. Con una prosa estimulante que incita a seguir leyendo, Stendhal narra el ascenso social de Julien Sorel, un joven ambicioso, inteligente, orgulloso, y con una excelente memoria que le vale para ejercer como preceptor de los hijos del señor de Rênal, alcalde de Verrières.

Así empieza la historia de un chico que no procede de la miseria, pero que vive en ella. Su padre y hermanos lo desprecian porque no ven con buenos ojos su intención de aprender. Ellos valoran la fuerza física y la rudeza y Julien representa lo contrario: lee y piensa demasiado. Por eso se convierte en el hijo fallido y queda privado no solo del afecto y del reconocimiento sino también en el aspecto económico.

Lo interesante y bello de esta novela es apreciar cómo evoluciona Julien en su interior. Cuáles son los motivos, circunstancias y acciones que se van desarrollando en él a partir de todo lo que ocurre a su alrededor.

Hay que partir de la base de que Julien es un muchacho que todo lo ha aprendido en los libros, y cuando toca enfrentarse al mundo no le queda otra que valerse de sus conocimientos. Él se rige por lo que sabe, pero en la práctica, en la sociedad que se mueve, con las personas que trata, surge la fricción entre el saber teórico y la vida real. Dicho de otra manera: Julien no aprende viviendo; primero aprende leyendo y luego ensaya en la vida. Toda la teoría que conoce la empieza a experimentar. Sus aciertos muestran su inteligencia; sus errores revelan hasta qué punto la realidad es más compleja que todo lo aprendido.

La vida de Julien transcurre en tres etapas:

La primera, tiene lugar en Verrières como tutor de los hijos del alcalde. El cambio de estatus que le proporciona este trabajo es para él todo un descubrimiento. Le sorprende el lujo que inunda la casa del alcalde; la esposa de este, una mujer bien vestida y desprendiendo aromas que nunca ha percibido, se le antoja como una visión. Esta salida al mundo produce en Julien unas expectativas que sabrá administrar, pero tendrán un precio.

Los libros no le han preparado para recibir a una sociedad que está por encima de sus posibilidades; que sus condiciones son inferiores y la posibilidad de un ascenso a este nivel está descartada. Sin embargo, el reconocimiento de ser un joven brillante por parte del alcalde y bien parecido por su esposa, serán dos armas que Julien utilizará para llevar a cabo sus progresos.

La segunda tiene lugar en Besançon, donde está ubicado el seminario. Julien está contento con sus avances, pero dos causas le llevan a ingresar en la carrera eclesiástica: una social, más fuerte e indispensable por carecer de fortuna. Ya no tiene a Napoleón para aspirar a la vida militar y solo le queda la iglesia. La otra es romántica, aunque pasa más desapercibida, no por ser menos importante sino porque la situación lo requiere.

El mundo del seminario se le presenta más crudo y siente que el mundo se le viene encima. El edificio lúgubre que tiene ante sus ojos le produce más miedo que otra cosa. Aquí encuentra una realidad que no había contemplado: el mérito no basta, ser inteligente le puede perjudicar, y  no siempre conviene mostrarte tal como eres.  

Gracias a una buena suerte, del seminario se traslada a París donde trabajará para el marqués de La Mole. Este entorno no difiere mucho de su estancia en Verrières: es un poco más aristocrático y coincide también en que Julien es reconocido por el marqués y de nuevo se ve involucrado en asuntos amorosos. Su comportamiento hace pensar que se está transformando, pero en realidad se trata de una adaptación que lleva a cabo para ser considerado digno de estar en el círculo social en que se encuentra. Es más, se da cuenta de que ese mundo, aunque le repugna, también le atrae.

Para no ser una novela romántica tiene bastantes tintes. A lo largo de la novela, Julien, vive dos historias de amor: en Verrières con la señora de Rênal y en París con Matilde. La primera es la esposa del alcalde y la segunda la hija del marqués de La Mole. Esto es lo que parece por cómo se desarrollan las dos historias, pero observando la forma de amar de Julien advertí que no se enamora de forma convencional; no hay que olvidar que su afirmación personal es igual o más importante que el hecho de amar.

El final es ambiguo y me ha planteado esta reflexión: ¿hasta qué punto somos dueños de nuestro destino o prisioneros de nuestra propia naturaleza? El orgullo que impulsa a Julien a ascender es el mismo que lo conduce a su final, pero con significado distinto.

 

Dos CURIOSIDADES:

La novela está inspirada en un caso real ocurrido en Francia, en 1827. El protagonista histórico fue Antoine Berthet, hijo de un artesano, brillante intelectualmente, educado en un seminario y preceptor en casa de una familia acomodada. Tuvo un romance con la señora de la casa y cuando la relación terminó disparó contra ella en la iglesia durante la misa. La víctima no murió, pero el acto se consideró tan macabro que el juicio del seminarista se hizo mediático. Este fue condenado y guillotinado en 1828.

El apellido del protagonista, Sorel, es el inverso de la palabra Eros. En francés se escribe l’Eros, que traducido sería el amor físico. Julián se comporta de acuerdo a la palabra invertida: en su vida amorosa el amor y la afirmación personal van unidos.

 

CITAS:

Después de tanta coacción y tanta política hábil, al verse solo, lejos de las miradas de los hombres y, por instinto, sin temor de la señora de Rênal, se entregaba al placer de existir, tan fuerte a esa edad, en medio de las montañas más hermosas del mundo.

La idea de un deber que cumplir o, más bien, del sentimiento de inferioridad que le proporcionaría el no conseguirlo, anularon inmediatamente todo el placer de su corazón.

Lo más corriente en el siglo XIX suele ser que, cuando algún noble poderoso tropieza con un hombre de valía, lo mata, lo exilia, lo mete en la cárcel o bien lo humilla de tal forma que el otro comete la tontería de morir de dolor.




LO BELLO Y LO TRISTE

 

AUTOR: Yasunari Kawabata

EDITORIAL: Austral

PUBLICACIÓN: 25/10/2011



Lo bello y lo triste es una novela sutil cargada de matices emocionales; a veces romántica y muy poética, donde la seducción y el erotismo tienen su espacio. Están presentes los celos, la venganza, la obsesión, la indiferencia, la sumisión; formas del amor cuando este se tuerce.

Las descripciones de los paisajes, las montañas, jardines y campos de té japoneses son un deleite con las que el autor crea ambientes que envuelven, invitando a una lectura más introspectiva.

En toda la novela se percibe la tristeza de los personajes principales, Oki y Otoko. Guardan una relación que tuvieron en el pasado y las circunstancias que los separaron. El paso del tiempo no ha borrado las secuelas que dejó ese amor y, aunque no está vivo en ellos, si hay un sentimiento o fuerza que los ha mantenido ligados.

Hace al menos veinte años que no se ven; que todo terminó; cada uno construyó su vida; y no puedo evitar preguntarme: ¿qué sentido tiene volver a verse? ¿qué le atrae a Oki de Otoko para desear verla?

Su comportamiento me ha llevado a pensar que Oki no quiere dejar de sentirse culpable porque este sentimiento da sentido a su vida. Lo demuestra en la novela que escribe sobre Otoko, donde narra la relación que tuvieron y como ocurrió todo. Es una novela cruel y silenciosa porque no cuenta con ella en ningún sentido y la utiliza como si el personaje lo hubiera creado él. Le hace daño por segunda vez al convertirla en una historia.

Una segunda observación, consecuencia de la novela que escribe Oki, es el malestar que causa en su mujer cuando esta tiene que transcribir todo el texto. Ya estaban casados cuando tuvo la relación con Otoko, lo que demuestra que el sufrimiento de esta lo coloca en un segundo plano.

Otoko es más delicada, más elegante y sensata a la hora de construir su vida y transforma su dolor arte. Ella encarna lo bello y lo triste, por eso creo que es el personaje más interesante y se convierte en la columna vertebral de la trama. La forma en que gestiona sus sentimientos hacia Oki la convierte en un personaje fuerte. Cómo encaja la novela, cómo le afecta que una parte de su vida salga a la luz, lo hace de forma sumisa y en silencio. Su belleza nace de la herida.

Keiko es la joven protegida de Otoko, y tercer personaje importante en esta historia. No soporta la pasividad de su protectora y trata de transformar su dolor en acción.  Aquí entra en juego la venganza que interrumpe ese lazo que Oki y Otoko han construido entre lo bello y lo triste.

Es una novela para entretenerse en comprender como la belleza contrasta con la tristeza en la figura de Otoko: en cómo su herida no se cierra, pero no la convierte en venganza. Su dolor encuentra la forma en la belleza.




MALASANTA

 

AUTOR: Antonio Tocornal

EDITORIAL: Fundación José Manuel Lara

PUBLICACIÓN: 27/04/2022



La historia de Malasanta puede inquietar a determinados lectores dependiendo de su nivel de sensibilidad. El autor narra la vida de esta mujer con crudeza y sin cortarse un ápice en llamar a las cosas por su nombre.

A veces, entre tanta crudeza, que termina doliendo, asoma un poco de humor que la suaviza. Esto se percibe en la descripción caricaturesca de los personajes y en los nombres que los definen.

El tema principal es la prostitución, profesión a la que Malasanta parece destinada antes de nacer. Pero la novela también hace referencia a los abusos que se cometen en esta profesión, a la situación de los discapacitados, a las personas trans, a la soledad de la vejez y a todos los indigentes que a menudo vemos tirados en las calles. Nos hace pensar en una realidad que existe, pero que con frecuencia ignoramos porque no nos atañe directamente.

La novela se divide en seis capítulos y cada uno narra un momento de la vida de Malasanta. El tiempo en el que transcurren sus días no es lineal, sino que salta en décadas, de modo que cada etapa se entiende como consecuencia de las anteriores y permite al lector ver cómo se va forjando su destino. Aunque el lenguaje es muy explícito no daña la lectura, que me ha parecido elegante.

Malasanta sobrevive como puede. Es el resultado de una vida marcada por la precariedad, la falta de educación y el abandono. Es víctima de las circunstancias y digna de lástima. La bondad y la generosidad están dentro de ella, aunque solo sabe expresarlo a través de las formas que aprendió en el prostíbulo, las únicas que la vida le permitió conocer.

Su comportamiento no nace de su carácter, sino de las experiencias de rechazo, aislamiento y violencia que ha sufrido, que la han llevado a protegerse mediante el silencio y la distancia.




BUENOS DÍAS, TRISTEZA


AUTORA: Françoise Sagan

EDITORIAL: TusQuets

PUBLICACIÓN: 2022


A Cécile no le ha resultado agradable que la saquen de su zona de confort a sus diecisiete años. La vida con su padre, hasta la llegada de Anne, una antigua amiga de su madre se basaba en la ligereza, la complicidad y la ausencia de normas. Esta presencia, previamente anunciada por Raymond, no solo alterará su rutina y su forma de vivir, sino que la obligará a enfrentarse a una madurez que aún no tenía prevista.

Raymond es un hombre, yo diría hedonista, que tiene la vida organizada en torno a la comodidad y disfrute, donde los conflictos no existen. Incluso evita todo lo que implique un esfuerzo moral, una responsabilidad y cualquier incomodidad emocional.

Padre e hija viven en un ambiente carente de disciplina, donde se vive el presente y el lema principal es: «mientras estemos bien ahora, todo está bien». Tampoco parece excesivamente preocupado por el futuro de su hija que, teniendo en cuenta que es una menor, comparten juntos el tren de vida del padre. Visto con la mirada crítica de hoy sería cuestionable.

Cécile, por su parte, es una chica feliz que disfruta de la complicidad afectiva con su padre, y vive instalada en el presente sin cuestionarse el sentido de sus emociones ni de sus actos.

El conflicto surge en ella con la llegada de Anne, que representa un modelo de vida completamente opuesto al que Cécile ha llevado hasta ahora. Esta no trata de desempeñar de forma explícita el papel de madrastra, pero ejerce sobre ella una disciplina que no acepta.

Es una mujer recta, culta, que profundiza en las emociones y le gustan las conversaciones intelectuales. Su aspecto es el de una mujer elegante; un modelo de feminidad que Cécile no conoce. Es sutil y delicada en el trato con ella porque conoce el modo de vida del padre y la hija.

Raymond, por supuesto, está encantado con Anne, mientras su hija la ve como una amenaza desde el momento en que es conocedora de que esta relación se puede convertir en perenne. Cécile, ante la posibilidad de perder su modo de vida intentará ingeniárselas para que esto no ocurra.

Su comportamiento puede resultar comprensible en esta historia, que todo es un capricho de la edad, pero en realidad da que pensar y puede ser preocupante. Porque Cécile, más que a perder a su padre, algo que no contempla, a lo que tiene miedo es a perder su modo de vida.

Sus maquinaciones secretas terminarán en un final trágico. Tal vez se pasó de la raya, podría haber pensado. Siempre le quedará la duda de cómo ocurrieron realmente los hechos: los intuye, pero solo ella los conoce en su totalidad.

En el final de esta historia, Cécile descubre que el dolor existe; es consciente de que sus actos pueden tener consecuencias terribles y que su vida ideal también se puede romper, pero nada cambia.

Es como si añadiera a los ingredientes de su vida uno más: la tristeza que siempre la acompañará.



LA EXTRAÑA DESAPARICIÓN DE ESME LENNOX

AUTORA: Maggie O’Farrell

EDITORIAL: Salamandra

PUBLICACIÓN: 28/05/2009


Hay un desconcierto inicial en la lectura que indica que algo no está bien en Esme. A medida que la vamos conociendo, desde la infancia, es inevitable sospechar que su comportamiento no es el de una niña normal. Y esa es toda la información, a priori, que da la autora para hacer creer al lector lo que no es.

Crea un prejuicio falso en quien lo lee porque al mismo tiempo que se narra el pasado está ocurriendo el presente, y este confirma la idea que ya nos hemos creado sobre la protagonista.

Confunde también el hecho de que intervengan tres narradoras: Esme siempre en primera persona; Iris y Kity en tercera, pero la primera está en el presente y la segunda narra el pasado.

La visión «anormal» que cada lector se pueda crear de la protagonista es la habilidad de la autora para reflejar la rígida sociedad y el modelo familiar de Esme. Por eso, conforme avanza la lectura se hace cada vez más evidente que no hay patología en ella, sino la forma en que los demás la juzgan por no actuar en concordancia.

Esme no encaja en el modelo de feminidad de la época; no contempla la idea de que su vida se resuelva con un matrimonio y esto desespera bastante a sus padres.

Y entonces llega el momento más devastador del libro. Algo terrible le ocurre a Esme que la fractura por completo. La autora insiste menos en lo que ocurre que en el después, cuando Esme comprende el golpe brutal de lo sucedido. Este daño no deja huella social, solo está en su interior, y menos aún si no puede o no debe contarlo.

Este desorden interno, su repugnancia y la incapacidad para seguir como si nada, la condenan de por vida. ¿Debe fingir, callar e incorporarse a una sociedad en la que no encaja?

Se hace dura la novela cuando descubrimos que Esme ha sido borrada del árbol familiar y es llevada a uno de esos lugares que entierran en vida, y deja de existir para el resto del mundo; en el futuro nadie sabrá que ha existido.

Es un clamor, una incomodidad, lo que se instala en el cuerpo cuando se escucha la voz de Esme suplicando a su padre que no la saque del hogar familiar. Solo tiene dieciséis años y no entiende que maldad ha cometido. Pero sus padres son de los que piensan que «muerto el perro se acabó la rabia». Así es como lo ven, como una solución práctica para restablecer el orden familiar y social.

Una decisión administrativa hace que Esme tenga que abandonar el lugar en el que ha pasado décadas. ¿Se le puede llamar tener suerte o causa del destino que por fin vaya a ser libre?

Visto en el sentido de que se produce un cierre, es una circunstancia que nada tiene que ver con ella. Desde el punto de vista moral, Esme, no sale porque alguien la escuche, la crea o repare en la injusticia que se ha cometido con ella.

Ella no alberga esperanza, tan solo sobrevive encerrada por una sociedad que condena su forma de ser y de estar. Solo cuando ese sistema deja de existir, ella puede salir.

El final también me ha parecido desconcertante dejando que el lector saque su propia conclusión. No esperemos una reconciliación, ni un perdón, como tampoco hay consuelo. Es el resultado de una vida rota y gastada por el paso del tiempo sin posibilidad de recuperación.

Está más cuerda que nunca: recuerda lo que le hicieron, quienes participaron y qué le fue arrebatado sin retorno. No busca reconstruir el lazo familiar, sino afirmar su verdad, aunque sea tarde y no repare nada.





 

 

LA JAURÍA HUMANA

 

AUTOR: Horton Foote

EDITORIAL: Círculo de Lectores

PUBLICACIÓN: 1996

Incluso el vínculo materno puede quedar paralizado por el miedo y la presión. El amor materno no desaparece, pero se ve atrapado entre el instinto de proteger y el terror a la comunidad.

La jauría humana se narra despacio, en capítulos cortos, contando la vida cotidiana de un territorio donde sus habitantes conviven con aparente tranquilidad. Sabremos lo que guardan en su interior cuando reciben la noticia de que Bubber Reeves ha huido de la cárcel donde cumple condena.

Los Reeves forman parte de esta vecindad y el hijo de ambos es el fugitivo. También en ellos se crea la alarma y preocupación al pensar que Bubber se dirige al pueblo donde creció con un objetivo que no puedo desvelar.

El comienzo de la lectura induce a pensar que Bubber es el personaje central, para descubrir después que Foote lo utiliza como detonante para revelar la degradación de toda una comunidad.

Esa inquietud general que se crea es indicador de que algo empieza a fraguarse entre los vecinos: el verdadero drama de que el pueblo empieza a devorarse a sí mismo. Y esto es quizá lo más perturbador. No hay nada peor que una jauría.

Es llamativo sentir cierto sosiego durante la lectura y al mismo tiempo notar como va creciendo la tensión entre la comunidad.

Se trata de una madre que quiere, por encima de todo, salvar la vida de su hijo; de un sheriff hastiado de su trabajo que pone en marcha a su equipo para encontrar al fugitivo y cumplir la ley. Y luego están los que convierten la búsqueda en una persecución: son la verdadera jauría, que no solo desean la muerte de Bubber, también se ponen en contra de la ley y desean hacer su justicia.

Este acontecimiento saca a la luz los peores aspectos de una comunidad de vecinos trastornada que ve en Bubber el objetivo ideal para expiar sus culpas. Ya sean frustraciones personales, sensaciones de impotencia, resentimientos sociales, incluso aburrimiento moral, lo convierten en el blanco ideal.

Es una novela excelente por su narrativa y, sobre todo, por la reflexión que plantea sobre la capacidad del ser humano para llevar a cabo tales acciones. La fuerza de la novela no reside en el final, sino en como Foote retrata el declive de una comunidad.




EL HALCÓN PEREGRINO

 

AUTOR: Glenway Wescott

EDITORIAL: Lumen

PUBLICACIÓN: 2004



El halcón peregrino es de esas historias que, a simple vista, parecen normales y cotidianas, una superficie donde no ocurre nada extraordinario, pero en todo momento se siente una tensión que hace pensar que algo se enconde detrás.

Los Cullen son un matrimonio que viaja desde Irlanda hasta Budapest y decide hacer un alto en el camino para visitar a Alex, una antigua conocida que vive en la campiña francesa con su compatriota americano Alwyn.  Con la solemnidad de quienes se saben económicamente seguros, los Cullen bajan del coche en el que viajan y entran en casa de Alex acompañados de Lucy, el halcón de la señora Cullen.

Es Alwyn quien abre la puerta y se convierte en el narrador de la historia. La sutileza con la que Wescott construye este personaje resulta acogedora. Entre conversaciones sencillas y gestos amables, Alwyn se siente con la confianza de ejercer también de anfitrión y no pierde el tiempo. Mientras observa con atención y escucha con cuidado, crea un monólogo interior que va desvelando lo que ocurre esa tarde en casa de Alex. Es el único que no conoce a los visitantes, y eso le permite juzgarlos sin prejuicios.

Pero quizá lo más intrigante, y desconcertante, sean las descripciones que Alwyn hace del halcón. Aunque se trate de un animal, cumple una función esencial en el relato. Lucy no está ahí por casualidad, ni como simple mascota de la señora Cullen; el narrador convierte sus palabras en forma de metáfora que permite intuir lo que el matrimonio oculta y no quiere mostrar.

Cuando Alwyn se refiere al animal, sus palabras lo humanizan y, en su transparencia natural, no se oculta nada. En cambio, los Cullen, tan refinados, educados y civilizados, quedan envueltos en cierta oscuridad.  A ello se suman los diálogos entre marido y mujer, como si se tratara de dos actores que se lanzan pullas con la intención de humillarse o herirse, y que constituyen la parte más viva y tensa de la tarde.

Lo que Wescott parece mostrar al lector, cuando los Cullen confiesan amarse y sentirse correspondidos, es que bajo esa afirmación hay amargura y una decisión de consentimiento. El señor Cullen sufre porque no puede poseer del todo a su mujer: ama algo que siempre se le escapa. Ella, por su parte, acepta este vínculo que no la anula, pero tampoco la colma.

No hay pasión sino un pacto que incluye reconocimiento y lealtad de un amor que existe porque ambos han decido sostenerlo, no porque brote del impulso. Es un acuerdo respetable y triste al mismo tiempo.

 

CITAS:

La juventud persiste hasta mucho después que uno ha dejado de ser joven. El amor por la vida permanece indefinidamente, con menos probabilidad de ser amado, menos habilidad de amar, y con el aguijón de la pasión tan acuciante como siempre.

Pero existen circunstancias en las que un ser humano reclama de forma inconfundible su derecho a la libertad, y es algo que uno lamenta con amargura porque lo que necesita es mantener al otro cautivo.

Quizá los amantes dignos de compasión son aquellos a quien no tienen a quien odiar: aquellos que concentran el objeto y la razón de esas ansias de matar en una misma persona, el ser amado, cuyo asesinato solo puede tener lugar en la imaginación, y, por tanto, nunca les concede el descanso que proporciona ver cumplido el sueño.