AUTOR: Paul Auster
PUBLICACIÓN: 1989
EDITORIAL: Anagrama
El palacio de la Luna, de Paul Auster, narra la historia de M.S. Fogg, un joven que ha tenido una infancia complicada: es hijo de padre desconocido, su madre muere cuando tiene trece años y queda al cargo de su tío, el hermano de su madre.
No he terminado este libro con la misma
impresión con la que lo empecé. Aunque Fogg es el protagonista y narrador de
toda la novela, el relato va cambiando de rumbo a medida que suceden una serie
de acontecimientos y aparecen nuevas historias y personajes.
Las situaciones que vive Fogg, condicionadas,
creo, por sus diferentes comportamientos y decisiones me llevaron inicialmente
a comprenderlo psicológicamente. Sin embargo, he terminado preguntándome qué pretende
decirnos Auster con esta novela.
La historia de Fogg termina sin que yo pueda
afirmar si su final es mejor que el principio. Es posible que haya aprendido de
sus experiencias y ahora comprenda mejor el mundo, pero esto no le ayuda a
dirigir mejor su vida. Más que intentar cambiarla, la acepta. Creo que, al
final, encuentra su manera de vivir, aunque no responda a la idea convencional de
la mayoría de la gente.
Su infancia y juventud no han estado
cargadas de valores pues, aunque su tío lo quería, además del vínculo familiar solo
había compromiso y afecto que en el caso de Fogg no es suficiente.
De hecho, cuando su tío se marcha, la vida
de Fogg cae en picado hasta llegar a la indigencia y luego resurge, no porque
él se lo proponga sino porque parece que la suerte está de su lado. Consigue
organizar su vida, pero la construye siempre confiando en que obtendrá la
respuesta necesaria para seguir viviendo.
En la vida real, las personas pueden
reconstruirse después de una crisis, aunque eso no signifique que se conviertan
en alguien diferente. En la vida de Fogg hay un punto de inflexión que, sin que
él mismo sea consciente de ello, cambiará su mundo interior.
Las experiencias que vive a partir de ese
momento le permiten conocer mejor su pasado y descubrir los vínculos que lo
unen a determinadas personas, pero no modifican demasiado su carácter ni su forma de afrontar
la vida. De algún modo, Fogg cambia sin dejar de ser el mismo.
Hay un aspecto de la novela que me ha
hecho cuestionar si algunas situaciones pueden parecer creíbles. No es habitual
que tres generaciones de una misma familia tengan un esquema de vida tan
parecido: los tres personajes en cuestión atraviesan una etapa de abandono o
ruptura con la vida que llevaban y, de una manera u otra, terminan resurgiendo.
Esto me lleva a preguntarme: ¿todo lo que le ocurre a Fogg es fruto de la
casualidad o su tendencia a dejarse llevar contribuye a que los acontecimientos
tengan determinadas consecuencias?
Por eso, aunque lo que han vivido difiere entre
ellos sí hay una serie de coincidencias que me llevan a pensar que esa
improbabilidad puede ser deliberada por parte del autor.
La novela parece mostrar que nadie vive
completamente aislado y que las personas que encontramos en el camino pueden
influir en nuestra vida de formas que no siempre reconocemos. Fogg consigue
salir adelante gracias a las oportunidades que se le presentan y a la ayuda de
quienes lo rodean.
Al terminar la novela me queda la
impresión de que sus experiencias solo le han transformado en parte y ha
terminado aceptando su manera de vivir. Por eso, no he visto su historia como
un relato de superación personal, sino como la de alguien que sigue su camino
sin llegar a tomar del todo las riendas de su propia vida.
CITAS:
—Esto es lo que me merezco, me dije. Yo me
he hecho mi nada y ahora tengo que vivir en ella.
—Decidí que lo importante no era permitir
que sus rarezas me obsesionaran. Él podía hacer lo que quisiera, mientras que
yo no cayera en su trampa, nada de aquello podía afectarme.
— El niño representaba la oportunidad de
compensar la soledad de mi infancia, de formar parte de una familia, de
pertenecer a una unidad que fuese algo más que yo mismo, ...
