AUTOR: Denis
Diderot
PUBLICACIÓN: 1976
EDITORIAL: Grijalbo
La religiosa es una novela
francesa del siglo XVIII escrita por Denis Diderot. La terminó alrededor de
1780 y no se publicó hasta 1796, tras la muerte del autor.
Diderot no escribió La
religiosa como una obra literaria. Inventó la historia de una joven
monja, Suzanne Simonin, que había sido encerrada contra su voluntad en un
convento. La intención era gastar una broma a su amigo, el marqués de Croismare,
que se había retirado a Normandía y a quien sus amigos querían que volviera a
París.
Elegir al marqués no
fue casual. Tiempo atrás, este había
intentado ayudar en la vida real a una religiosa, a Marguerite Delamarre, que tuvo
una situación similar. Diderot y sus amigos escritores, Friedrich Melchior
Grimm y Madame d'Épinay ambos, le ayudaron a construir el engaño.
Diderot empezó a
escribirle cartas a Croismare haciéndose pasar por Suzanne y pidiéndole
protección. El marqués se creyó la historia y decidió ayudar a la pobre
religiosa.
Para recibir las
cartas de Croismare utilizaron como intermediaria a una mujer real, Mme Madin,
que vivía en Versalles. Ella se limitaba a recibir la correspondencia y entregarla
a Diderot, pero desconocía lo que estos amigos estaban tramando.
La broma llegó a
tener tales exigencias que Diderot y sus amigos tuvieron que seguir escribiendo
sobre sobre la historia para mantener la ficción, y así es como nació La
religiosa.
¿La broma fue descubierta
al final?
Pues sí. El marqués
de Croismare se tomó tan en serio el asunto que quiso ayudar a Suzanne, y los
autores de la treta tuvieron que fingir la muerte de esta para poner fin a la
correspondencia y zanjar el asunto.
Pero años después,
el marqués tuvo un encuentro casual con Mme. Madin. Al primero le habían hecho
creer que la segunda era la protectora de la joven monja y fue a interesarse
por ella.
Mme. Madin no supo
contestar porque desconocía lo que había sucedido y así se descubrió todo. Por
supuesto, los responsables tuvieron que confesar que se trataba de una mentira.
En cuanto a la
novela, es un claro llamamiento de Suzanne Simonin al marqués de Croismare para
que le ayude a anular los votos que había tomado en contra de su voluntad.
Suzanne no tuvo la
misma suerte que sus dos hermanas que, según costumbre de la época, contrajeron
matrimonio y salieron del seno familiar. Tampoco había reclamado este estado,
pero cuando tuvo que aceptar la entrada en un convento, hubiera preferido la
suerte que corrieron sus hermanas.
Le dieron una
explicación de la decisión que se tomaba sobre ella, pero no le contaron la
verdad que luego descubrió en el convento.
La vida que la
joven le describe al marqués tras ingresar en el primer convento es insufrible:
sufre humillaciones, acoso mental y físico casi hasta la muerte, y violencia física
por negarse a tomar los votos que la comunidad religiosa quería imponerle.
En el segundo
convento se convierte en víctima inocente de la madre superiora que se descubre
como lesbiana, dicho en términos de hoy, y abusa de ella. Intenta seducirla,
pero la inocencia de Suzanne y la castidad que le exige llevar un hábito conducen
a la madre superiora a la locura y a la muerte.
De todo ello
puede interpretarse que Diderot no utiliza esta novela simplemente para
condenar el cristianismo. Yo lo entiendo más bien como una protesta contra la
corrupción y los abusos que pueden producirse dentro de las instituciones
religiosas.
Pero lo que más
quiero destacar en esta novela es el final ambiguo que deja Diderot.
Conociendo de
antemano la mentira de la que nace esta obra me esperaba un final cerrado para
Suzanne, teniendo en cuenta que el autor y sus amigos habían hecho morir a la
protagonista para que el marqués no siga adelante con protegerla y poner fin al
engaño.
Sin embargo, en la creación literaria que leemos, el final de Suzanne no es la muerte. Su destino queda abierto.
Y cabe plantearse si es realmente libre como
ella creía si salía del convento. Ella entra siendo una niña y, cuando cree que
puede saborear la libertad, descubre la situación de la mujer en aquella época.
No es el final
que esperaba, pero teniendo en cuenta la mentira en la que se basa puede
ocurrir cualquier cosa. Y Diderot nos deja sin saber qué será finalmente de
ella.
CITAS:
—...me dijeron
que habían encargado plaza para mí en un convento y fui conducida a él al día
siguiente. Estaba tan mal en casa, que este suceso no me entristeció en
absoluto...
—Allí, sola, abandonada a mis reflexiones, comencé a reafirmarme en mí misma, volví a considerar mi decisión y no me arrepentí en absoluto de ella.
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