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ROJO Y NEGRO

 AUTOR: Stendhal

EDITORIAL: Orbis

PUBLICACIÓN: 2 de enero de 1985


Rojo y Negro se publicó en 1830 con un título que ha sido objeto de numerosas interpretaciones. La más aceptada es que el Rojo representa el sueño frustrado de Julien de seguir los pasos de Napoleón, mientras que el Negro simboliza la iglesia, una vía más realista en la que también se ve atrapado. 

Otra interpretación del Rojo puede referirse al amor y el Negro, a la muerte. Mi impresión me lleva a poner el Rojo en la ambición y el orgullo de Julien en prosperar, y el Negro en una sombra que siempre le acompaña y le impide olvidar de donde procede.

La novela está ambientada en la época de la Restauración francesa, después de la abdicación de Napoleón. Con una prosa estimulante que incita a seguir leyendo, Stendhal narra el ascenso social de Julien Sorel, un joven ambicioso, inteligente, orgulloso, y con una excelente memoria que le vale para ejercer como preceptor de los hijos del señor de Rênal, alcalde de Verrières.

Así empieza la historia de un chico que no procede de la miseria, pero que vive en ella. Su padre y hermanos lo desprecian porque no ven con buenos ojos su intención de aprender. Ellos valoran la fuerza física y la rudeza y Julien representa lo contrario: lee y piensa demasiado. Por eso se convierte en el hijo fallido y queda privado no solo del afecto y del reconocimiento sino también en el aspecto económico.

Lo interesante y bello de esta novela es apreciar cómo evoluciona Julien en su interior. Cuáles son los motivos, circunstancias y acciones que se van desarrollando en él a partir de todo lo que ocurre a su alrededor.

Hay que partir de la base de que Julien es un muchacho que todo lo ha aprendido en los libros, y cuando toca enfrentarse al mundo no le queda otra que valerse de sus conocimientos. Él se rige por lo que sabe, pero en la práctica, en la sociedad que se mueve, con las personas que trata, surge la fricción entre el saber teórico y la vida real. Dicho de otra manera: Julien no aprende viviendo; primero aprende leyendo y luego ensaya en la vida. Toda la teoría que conoce la empieza a experimentar. Sus aciertos muestran su inteligencia; sus errores revelan hasta qué punto la realidad es más compleja que todo lo aprendido.

La vida de Julien transcurre en tres etapas:

La primera, tiene lugar en Verrières como tutor de los hijos del alcalde. El cambio de estatus que le proporciona este trabajo es para él todo un descubrimiento. Le sorprende el lujo que inunda la casa del alcalde; la esposa de este, una mujer bien vestida y desprendiendo aromas que nunca ha percibido, se le antoja como una visión. Esta salida al mundo produce en Julien unas expectativas que sabrá administrar, pero tendrán un precio.

Los libros no le han preparado para recibir a una sociedad que está por encima de sus posibilidades; que sus condiciones son inferiores y la posibilidad de un ascenso a este nivel está descartada. Sin embargo, el reconocimiento de ser un joven brillante por parte del alcalde y bien parecido por su esposa, serán dos armas que Julien utilizará para llevar a cabo sus progresos.

La segunda tiene lugar en Besançon, donde está ubicado el seminario. Julien está contento con sus avances, pero dos causas le llevan a ingresar en la carrera eclesiástica: una social, más fuerte e indispensable por carecer de fortuna. Ya no tiene a Napoleón para aspirar a la vida militar y solo le queda la iglesia. La otra es romántica, aunque pasa más desapercibida, no por ser menos importante sino porque la situación lo requiere.

El mundo del seminario se le presenta más crudo y siente que el mundo se le viene encima. El edificio lúgubre que tiene ante sus ojos le produce más miedo que otra cosa. Aquí encuentra una realidad que no había contemplado: el mérito no basta, ser inteligente le puede perjudicar, y  no siempre conviene mostrarte tal como eres.  

Gracias a una buena suerte, del seminario se traslada a París donde trabajará para el marqués de La Mole. Este entorno no difiere mucho de su estancia en Verrières: es un poco más aristocrático y coincide también en que Julien es reconocido por el marqués y de nuevo se ve involucrado en asuntos amorosos. Su comportamiento hace pensar que se está transformando, pero en realidad se trata de una adaptación que lleva a cabo para ser considerado digno de estar en el círculo social en que se encuentra. Es más, se da cuenta de que ese mundo, aunque le repugna, también le atrae.

Para no ser una novela romántica tiene bastantes tintes. A lo largo de la novela, Julien, vive dos historias de amor: en Verrières con la señora de Rênal y en París con Matilde. La primera es la esposa del alcalde y la segunda la hija del marqués de La Mole. Esto es lo que parece por cómo se desarrollan las dos historias, pero observando la forma de amar de Julien advertí que no se enamora de forma convencional; no hay que olvidar que su afirmación personal es igual o más importante que el hecho de amar.

El final es ambiguo y me ha planteado esta reflexión: ¿hasta qué punto somos dueños de nuestro destino o prisioneros de nuestra propia naturaleza? El orgullo que impulsa a Julien a ascender es el mismo que lo conduce a su final, pero con significado distinto.

 

Dos CURIOSIDADES:

La novela está inspirada en un caso real ocurrido en Francia, en 1827. El protagonista histórico fue Antoine Berthet, hijo de un artesano, brillante intelectualmente, educado en un seminario y preceptor en casa de una familia acomodada. Tuvo un romance con la señora de la casa y cuando la relación terminó disparó contra ella en la iglesia durante la misa. La víctima no murió, pero el acto se consideró tan macabro que el juicio del seminarista se hizo mediático. Este fue condenado y guillotinado en 1828.

El apellido del protagonista, Sorel, es el inverso de la palabra Eros. En francés se escribe l’Eros, que traducido sería el amor físico. Julián se comporta de acuerdo a la palabra invertida: en su vida amorosa el amor y la afirmación personal van unidos.

 

CITAS:

Después de tanta coacción y tanta política hábil, al verse solo, lejos de las miradas de los hombres y, por instinto, sin temor de la señora de Rênal, se entregaba al placer de existir, tan fuerte a esa edad, en medio de las montañas más hermosas del mundo.

La idea de un deber que cumplir o, más bien, del sentimiento de inferioridad que le proporcionaría el no conseguirlo, anularon inmediatamente todo el placer de su corazón.

Lo más corriente en el siglo XIX suele ser que, cuando algún noble poderoso tropieza con un hombre de valía, lo mata, lo exilia, lo mete en la cárcel o bien lo humilla de tal forma que el otro comete la tontería de morir de dolor.




A la busca del tiempo perdido II. DEL LADO DE GUERMANTES

AUTOR: Marcel Proust

PUBLICACIÓN: 16/01/2015

EDITORIAL: Valdemar


Del lado de Guermantes, del que solo conozco el nombre del camino hasta llegar a este punto de la obra, y tan plasmado por el Narrador en Combray, quedó anclado en su infancia el día que Mme. de Guermantes apareció ante sus ojos en una boda aristocrática en Combray.

Entonces, estando en Combray, el Narrador escribía así:

«De los dos caminos que salían de Combray y que se diferenciaban tan completamente uno del otro, el de Swann y el de Guermantes, no podía ir por los dos el mismo día».

Guermantes, al otro lado del río Vivone, es un nombre en la imaginación del Narrador que asocia a la belleza y al misterio. Ha escuchado que la duquesa pasa veranos allí y la convierte en el alma de un lugar al que no puede llegar, pero alimenta su imaginación. De lo inaccesible nace el deseo, y el camino de Guermantes nunca recorrido quedará grabado en su memoria.

Este volumen recoge la transición de lo imaginario a la realidad. El nombre de Guermantes es algo más que un camino y un nombre, es el que representa a la alta sociedad parisina. No es casual este encuentro que propone Proust sino la consecuencia de su búsqueda interior, el deseo de alcanzar aquello que en la infancia solo existía en el sueño.

Así entra de lleno en la alta sociedad, en la que irá descubriendo que no todo es elegancia en los salones; detrás de estas fachadas se refleja ese afán por mantener las apariencias y lo frágiles que estas pueden ser.

A través de estos personajes tan aristocráticos, Proust desnuda sus fachadas y revela sus carencias. El Narrador hace una inmersión en un mundo que en el fondo tampoco le interesa demasiado, pero le sirve para compararlo con su riqueza interior. Y no es que Proust necesite descubrir algo, no, sino que hace uso de esta sociedad, aún sin saberlo, para recuperar ese tiempo que tanto le obsesiona. Cada uno de ellos viene a reflejar una parte de sí mismo.

En el salón de Mme. de Villeparisis, tía de Saint-Loup y pariente de Mme. de Guermantes, Proust convierte ese salón en el escenario donde se revela el declive de una sociedad que subsiste gracias a las formas sociales, y que le permitirá acceder al mundo de los Guermantes.

Hacer referencia al caso Dreyfus que tanto dio que hablar en su momento para reflejar cómo la sociedad francesa estaba dividida y ciega moralmente; a su mejor amigo, Saint-Loup, juzgado en el salón por su relación sentimental; M. de Charlus insinuando sus deseos sexuales al Narrador son unas cuantas de las variadas distracciones que tienen lugar en dichos salones.

La referencia a la homosexualidad empieza a ser más evidente en este volumen de la obra. Aunque era un tema tabú para la época, Proust lo aborda de manera sutil con Charlus. Convierte a este personaje en el centro de atención para retratar la homosexualidad que la sociedad obliga a ocultar y muestra sus propias luchas internas y conflictos emocionales.

Entre tanto ocurre la muerte de la abuela, que la presiente y la va anticipando de una forma muy poética y estremecedora. Estaba yo tan a la expectativa de saber qué sentiría el Narrador con su muerte que me alarmé al comprobar que no exterioriza ningún sentimiento. En apariencia todo sigue igual, lo que me hizo pensar que vive el duelo de la abuela en su interior. Y es tal vez ese silencio, ese no hablar de ella, esa ausencia, lo que en realidad le causa el dolor.

Y sí, hay un cambio en él y un punto de inflexión en la obra. A partir de aquí comienza su decepción con los Guermantes y la vida en general. Se puede comparar con lo que consideramos «entrar en la madurez», etapa en la que se pierde la ingenuidad, el mundo defrauda y, como consecuencia, viene la decepción. Pero el Narrador no ve negatividad en esa decepción, profundiza más, porque comprende que madurar no es perder la esperanza sino ver dónde hay que depositarla.

Es en la recta final de la obra donde los Guermantes y el resto de sus habituales cobran mayor protagonismo. Aquí, el Narrador utiliza la ironía de quien ha comprendido el mecanismo de ese mundo de la alta sociedad que antes lo había fascinado.

Esto ocurre cuando descubre que la brillantez es puro artificio; el ingenio sustituye a la inteligencia hasta el punto de que las jerarquías sociales están expuestas a descender un peldaño por carecer de este. Así, quienes parecían extraordinarios resultan ordinarios.

El mundo que el Narrador había soñado termina revelándose como un gran teatro social; y solo cuando esa ilusión que tanto había imaginado se desvanece, comienza el camino hacia la verdadera revelación: comprender que la vida solo adquiere sentido cuando puede ser transformada en memoria y en obra.

 

 CITAS:

—A medida que nos acercamos al nombre, el encanto se disipa. Lo que antes evocaba el misterio de los bosques, los reflejos del río y las antiguas leyendas, se reduce al rostro de una mujer que pasa ante nosotros por la calle.

—Pero como el viajero que, defraudado por el primer aspecto de una ciudad, se dice que quizá penetre su encanto visitando los museos, trabando conocimiento con el pueblo, …, yo me decía que, si hubiese sido recibido en casa de Mme. de Guermantes, si fuera uno de sus amigos, si penetrase en su existencia, conocería lo que, bajo su envoltura anaranjada y brillante, encerraría su nombre realmente, …

—Sentimos en un mundo, pensamos, nombramos en otro, podemos establecer entre ambos una concordancia, pero no colmar su intervalo.

—Cada uno es el hombre de su propia idea; hay muchas menos ideas que hombres, y por eso todos los hombres que tienen una misma idea se parecen. Como una idea no tiene nada de material, los hombres que sólo están materialmente alrededor del hombre de una idea no la modifican lo más mínimo.

—Después de todo, en una sociedad igualitaria la cortesía no sería un milagro más sensacional que el éxito de los ferrocarriles y la utilización militar del aeroplano. Además, aun cuando la cortesía desapareciese, nada prueba que sería una desgracia. En última instancia, una sociedad ¿no se iría jerarquizando en secreto a medida que fuese, de hecho, más democrática?

—Su espíritu, de una formación tan anterior al mío, era para mí el equivalente de lo que me habían ofrecido los pasos de las muchachas a orillas del mar.

—Solo que la duquesa era incapaz de comprender lo que yo había buscado en ella, el hechizo del nombre de Guermantes, y lo poco que había encontrado: un residuo provinciano de Guermantes.




PERSUASIÓN

 

AUTORA: Jane Austen

EDITORIAL: Gribaudo

PUBLICACIÓN: 15/10/2025


De no haber leído «Orgullo y Prejuicio» podría decir que he empezado a leer las obras de Jane Austen por el final. Persuasión fue la última novela que escribió la autora y se publicó después de su muerte.

Creo que el estado emocional de una novela lo define el personaje principal, aunque la narración en general muestre otros registros. La obra, centrada en Anne Elliot, refleja a un personaje melancólico y con notable grado de madurez, tanto por su edad como por el paso de los años que la ha llevado a reflexionar sobre el fracaso amoroso que sigue vivo en ella.

Entrar en la novela romántica con Austen es emprender un viaje detallado y minucioso por los sentimientos, reflexiones, y todos esos estados que nos llevan a la introspección. Anne es un personaje más maduro, no son los veinte años de Elizabeth Bennet en «Orgullo y Prejuicio». Su comportamiento es más silencioso; observa y espera a que ocurran las cosas.

El romance entre Anne y el capitán Wentworth ocurrió hace ocho años y el paso de este tiempo empieza a sonar en su interior.  Aunque ahora solo cuenta veintisiete años, siente que ha perdido la juventud y su posición dentro de su propia familia. En su madurez emocional hay arrepentimiento, pero no resentimiento, cuando se da cuenta de la influencia que ejerció sobre ella su amiga, Lady Russell, quien la persuadió para rechazar la propuesta de matrimonio del capitán debido a su posición social inferior y su escasa riqueza.

Anne es un personaje solitario en un doble sentido: por un lado, los temas abordados se centran en su mundo interior y los sentimientos reprimidos. Podemos seguir sus pensamientos, sus recuerdos, sus silencios, sus pequeñas renuncias cotidianas. Sus sentimientos están contenidos, pero no apagados; parece vivir apartada del mundo, y el lector se convierte en su principal confidente.

Por otro lado, Anne se muestra diferente del resto de los personajes. Es invisible para su familia y, ante los demás, no se exhibe demasiado porque no se entusiasma con el ritmo social que mantienen. Su atracción se dirige hacia personajes marginales como la señora Smith, el capitán Harville que vive en Lyme por enfermedad, o Benwick por ser apocado y melancólico. Con ellos se siente ella misma, sin necesidad de aparentar.

Aunque el final sea el esperado, no es lo más importante. Solo puedo compararla con «Orgullo y Prejuicio» para afirmar que se trata de una novela menos romántica en el sentido convencional. El amor entre Anne y Wentworth ya existe, pero permanece en silencio hasta el final; lo que prevalece en esta historia es la vida interior de Anne. Creo que el mensaje de esta novela radica en que ella debe recuperarse a sí misma para recuperar al capitán Wentworth.

A modo de posdata quiero destacar a la señora Croft, esposa del almirante y hermana del capitán Wenthworth. A pesar de ser un personaje secundario, en ella se insinúa una mente más abierta, un carácter fuerte y unas opiniones avanzadas para su época.  Por sus comentarios, se percibe que estas ideas proceden de su forma de vida: es una mujer que ha viajado, que ha compartido experiencias y cuya visión del mundo no es teórica, sino experimentada.

Agradecer al concurso de Masa Crítica de Babelio que me asignaran esta maravillosa edición de la obra de Jane Austen, de la editorial Gribaudo.

 

CITAS:

...cuando alguien se traslada a vivir lejos de otro, aun mediando apenas cinco kilómetros de distancia, se produce a menudo un cambio absoluto en las conversaciones, opiniones e ideas.

Pero, justa o injustamente, hay ciertas combinaciones poco armoniosas que la razón no logra justificar, que el buen gusto no puede tolerar y que el ridículo no tarda en aprovechar.

Sí, pero detesto oírte hablar como si fueras un caballero refinado y como si todas las mujeres fueran damas delicadas, en lugar de criaturas racionales. Ninguna de nosotras espera navegar en aguas tranquilas.




LO BELLO Y LO TRISTE

 

AUTOR: Yasunari Kawabata

EDITORIAL: Austral

PUBLICACIÓN: 25/10/2011



Lo bello y lo triste es una novela sutil cargada de matices emocionales; a veces romántica y muy poética, donde la seducción y el erotismo tienen su espacio. Están presentes los celos, la venganza, la obsesión, la indiferencia, la sumisión; formas del amor cuando este se tuerce.

Las descripciones de los paisajes, las montañas, jardines y campos de té japoneses son un deleite con las que el autor crea ambientes que envuelven, invitando a una lectura más introspectiva.

En toda la novela se percibe la tristeza de los personajes principales, Oki y Otoko. Guardan una relación que tuvieron en el pasado y las circunstancias que los separaron. El paso del tiempo no ha borrado las secuelas que dejó ese amor y, aunque no está vivo en ellos, si hay un sentimiento o fuerza que los ha mantenido ligados.

Hace al menos veinte años que no se ven; que todo terminó; cada uno construyó su vida; y no puedo evitar preguntarme: ¿qué sentido tiene volver a verse? ¿qué le atrae a Oki de Otoko para desear verla?

Su comportamiento me ha llevado a pensar que Oki no quiere dejar de sentirse culpable porque este sentimiento da sentido a su vida. Lo demuestra en la novela que escribe sobre Otoko, donde narra la relación que tuvieron y como ocurrió todo. Es una novela cruel y silenciosa porque no cuenta con ella en ningún sentido y la utiliza como si el personaje lo hubiera creado él. Le hace daño por segunda vez al convertirla en una historia.

Una segunda observación, consecuencia de la novela que escribe Oki, es el malestar que causa en su mujer cuando esta tiene que transcribir todo el texto. Ya estaban casados cuando tuvo la relación con Otoko, lo que demuestra que el sufrimiento de esta lo coloca en un segundo plano.

Otoko es más delicada, más elegante y sensata a la hora de construir su vida y transforma su dolor arte. Ella encarna lo bello y lo triste, por eso creo que es el personaje más interesante y se convierte en la columna vertebral de la trama. La forma en que gestiona sus sentimientos hacia Oki la convierte en un personaje fuerte. Cómo encaja la novela, cómo le afecta que una parte de su vida salga a la luz, lo hace de forma sumisa y en silencio. Su belleza nace de la herida.

Keiko es la joven protegida de Otoko, y tercer personaje importante en esta historia. No soporta la pasividad de su protectora y trata de transformar su dolor en acción.  Aquí entra en juego la venganza que interrumpe ese lazo que Oki y Otoko han construido entre lo bello y lo triste.

Es una novela para entretenerse en comprender como la belleza contrasta con la tristeza en la figura de Otoko: en cómo su herida no se cierra, pero no la convierte en venganza. Su dolor encuentra la forma en la belleza.




MALASANTA

 

AUTOR: Antonio Tocornal

EDITORIAL: Fundación José Manuel Lara

PUBLICACIÓN: 27/04/2022



La historia de Malasanta puede inquietar a determinados lectores dependiendo de su nivel de sensibilidad. El autor narra la vida de esta mujer con crudeza y sin cortarse un ápice en llamar a las cosas por su nombre.

A veces, entre tanta crudeza, que termina doliendo, asoma un poco de humor que la suaviza. Esto se percibe en la descripción caricaturesca de los personajes y en los nombres que los definen.

El tema principal es la prostitución, profesión a la que Malasanta parece destinada antes de nacer. Pero la novela también hace referencia a los abusos que se cometen en esta profesión, a la situación de los discapacitados, a las personas trans, a la soledad de la vejez y a todos los indigentes que a menudo vemos tirados en las calles. Nos hace pensar en una realidad que existe, pero que con frecuencia ignoramos porque no nos atañe directamente.

La novela se divide en seis capítulos y cada uno narra un momento de la vida de Malasanta. El tiempo en el que transcurren sus días no es lineal, sino que salta en décadas, de modo que cada etapa se entiende como consecuencia de las anteriores y permite al lector ver cómo se va forjando su destino. Aunque el lenguaje es muy explícito no daña la lectura, que me ha parecido elegante.

Malasanta sobrevive como puede. Es el resultado de una vida marcada por la precariedad, la falta de educación y el abandono. Es víctima de las circunstancias y digna de lástima. La bondad y la generosidad están dentro de ella, aunque solo sabe expresarlo a través de las formas que aprendió en el prostíbulo, las únicas que la vida le permitió conocer.

Su comportamiento no nace de su carácter, sino de las experiencias de rechazo, aislamiento y violencia que ha sufrido, que la han llevado a protegerse mediante el silencio y la distancia.




BUENOS DÍAS, TRISTEZA


AUTORA: Françoise Sagan

EDITORIAL: TusQuets

PUBLICACIÓN: 2022


A Cécile no le ha resultado agradable que la saquen de su zona de confort a sus diecisiete años. La vida con su padre, hasta la llegada de Anne, una antigua amiga de su madre se basaba en la ligereza, la complicidad y la ausencia de normas. Esta presencia, previamente anunciada por Raymond, no solo alterará su rutina y su forma de vivir, sino que la obligará a enfrentarse a una madurez que aún no tenía prevista.

Raymond es un hombre, yo diría hedonista, que tiene la vida organizada en torno a la comodidad y disfrute, donde los conflictos no existen. Incluso evita todo lo que implique un esfuerzo moral, una responsabilidad y cualquier incomodidad emocional.

Padre e hija viven en un ambiente carente de disciplina, donde se vive el presente y el lema principal es: «mientras estemos bien ahora, todo está bien». Tampoco parece excesivamente preocupado por el futuro de su hija que, teniendo en cuenta que es una menor, comparten juntos el tren de vida del padre. Visto con la mirada crítica de hoy sería cuestionable.

Cécile, por su parte, es una chica feliz que disfruta de la complicidad afectiva con su padre, y vive instalada en el presente sin cuestionarse el sentido de sus emociones ni de sus actos.

El conflicto surge en ella con la llegada de Anne, que representa un modelo de vida completamente opuesto al que Cécile ha llevado hasta ahora. Esta no trata de desempeñar de forma explícita el papel de madrastra, pero ejerce sobre ella una disciplina que no acepta.

Es una mujer recta, culta, que profundiza en las emociones y le gustan las conversaciones intelectuales. Su aspecto es el de una mujer elegante; un modelo de feminidad que Cécile no conoce. Es sutil y delicada en el trato con ella porque conoce el modo de vida del padre y la hija.

Raymond, por supuesto, está encantado con Anne, mientras su hija la ve como una amenaza desde el momento en que es conocedora de que esta relación se puede convertir en perenne. Cécile, ante la posibilidad de perder su modo de vida intentará ingeniárselas para que esto no ocurra.

Su comportamiento puede resultar comprensible en esta historia, que todo es un capricho de la edad, pero en realidad da que pensar y puede ser preocupante. Porque Cécile, más que a perder a su padre, algo que no contempla, a lo que tiene miedo es a perder su modo de vida.

Sus maquinaciones secretas terminarán en un final trágico. Tal vez se pasó de la raya, podría haber pensado. Siempre le quedará la duda de cómo ocurrieron realmente los hechos: los intuye, pero solo ella los conoce en su totalidad.

En el final de esta historia, Cécile descubre que el dolor existe; es consciente de que sus actos pueden tener consecuencias terribles y que su vida ideal también se puede romper, pero nada cambia.

Es como si añadiera a los ingredientes de su vida uno más: la tristeza que siempre la acompañará.



LA EXTRAÑA DESAPARICIÓN DE ESME LENNOX

AUTORA: Maggie O’Farrell

EDITORIAL: Salamandra

PUBLICACIÓN: 28/05/2009


Hay un desconcierto inicial en la lectura que indica que algo no está bien en Esme. A medida que la vamos conociendo, desde la infancia, es inevitable sospechar que su comportamiento no es el de una niña normal. Y esa es toda la información, a priori, que da la autora para hacer creer al lector lo que no es.

Crea un prejuicio falso en quien lo lee porque al mismo tiempo que se narra el pasado está ocurriendo el presente, y este confirma la idea que ya nos hemos creado sobre la protagonista.

Confunde también el hecho de que intervengan tres narradoras: Esme siempre en primera persona; Iris y Kity en tercera, pero la primera está en el presente y la segunda narra el pasado.

La visión «anormal» que cada lector se pueda crear de la protagonista es la habilidad de la autora para reflejar la rígida sociedad y el modelo familiar de Esme. Por eso, conforme avanza la lectura se hace cada vez más evidente que no hay patología en ella, sino la forma en que los demás la juzgan por no actuar en concordancia.

Esme no encaja en el modelo de feminidad de la época; no contempla la idea de que su vida se resuelva con un matrimonio y esto desespera bastante a sus padres.

Y entonces llega el momento más devastador del libro. Algo terrible le ocurre a Esme que la fractura por completo. La autora insiste menos en lo que ocurre que en el después, cuando Esme comprende el golpe brutal de lo sucedido. Este daño no deja huella social, solo está en su interior, y menos aún si no puede o no debe contarlo.

Este desorden interno, su repugnancia y la incapacidad para seguir como si nada, la condenan de por vida. ¿Debe fingir, callar e incorporarse a una sociedad en la que no encaja?

Se hace dura la novela cuando descubrimos que Esme ha sido borrada del árbol familiar y es llevada a uno de esos lugares que entierran en vida, y deja de existir para el resto del mundo; en el futuro nadie sabrá que ha existido.

Es un clamor, una incomodidad, lo que se instala en el cuerpo cuando se escucha la voz de Esme suplicando a su padre que no la saque del hogar familiar. Solo tiene dieciséis años y no entiende que maldad ha cometido. Pero sus padres son de los que piensan que «muerto el perro se acabó la rabia». Así es como lo ven, como una solución práctica para restablecer el orden familiar y social.

Una decisión administrativa hace que Esme tenga que abandonar el lugar en el que ha pasado décadas. ¿Se le puede llamar tener suerte o causa del destino que por fin vaya a ser libre?

Visto en el sentido de que se produce un cierre, es una circunstancia que nada tiene que ver con ella. Desde el punto de vista moral, Esme, no sale porque alguien la escuche, la crea o repare en la injusticia que se ha cometido con ella.

Ella no alberga esperanza, tan solo sobrevive encerrada por una sociedad que condena su forma de ser y de estar. Solo cuando ese sistema deja de existir, ella puede salir.

El final también me ha parecido desconcertante dejando que el lector saque su propia conclusión. No esperemos una reconciliación, ni un perdón, como tampoco hay consuelo. Es el resultado de una vida rota y gastada por el paso del tiempo sin posibilidad de recuperación.

Está más cuerda que nunca: recuerda lo que le hicieron, quienes participaron y qué le fue arrebatado sin retorno. No busca reconstruir el lazo familiar, sino afirmar su verdad, aunque sea tarde y no repare nada.