EDITORIAL: Austral
PUBLICACIÓN: 02/10/2013
Hubiera sido bonito leer esta
novela en esa época tan convulsa como es la adolescencia, esta que el autor
titula Edad Prohibida.
La "salida del
cascarón". Así llamaban los adultos en mi pueblo a la llegada de la
adolescencia. El despertar de la sexualidad, descubrir el primer amor del que
dicen que nunca se olvida y, aunque ahora no lo veamos, era también el momento
de tomar decisiones. En realidad, pocas cosas se olvidan de esa época.
Es una novela escrita con ternura
y de forma muy natural. No desentona en entre los que pertenecen a esas
generaciones de la época en que fue publicada, o quedan cerca. De alguna manera
pueden sentirse identificados. Era una edad en la que dominaba la inocencia, y
también la ignorancia a todo lo que se venía encima.
¿Por qué llamarla Edad
Prohibida? Tal vez por el desconcierto de ser considerado niño o ya un
hombre, según para qué. O descubrir que la chica de quien te has enamorado se
ha convertido, de un día para otro en mujer, y tú sigues siendo un crio.
Hay un capítulo del libro, que
lleva el título de la novela, donde más claro se expresa esa sensación. Uno de
los protagonistas no lo comprende, y se enfada consigo mismo diciéndose que la
adolescencia debería estar prohibida.
El autor expone esta etapa de
revuelos con cierto toque de exageración. Tal vez con la intención de hacer ver
al lector que, entre la forma de vivir Enrique su Edad prohibida
y la de Anastasio, hay un abismo que es necesario expresar para resaltar la
importancia de las decisiones que se toman en esta edad.
La novela se sitúa en los finales
de la Guerra Civil. Un escenario que no destaca demasiado porque no es
relevante. En cuanto a la trama, es la historia de unos chicos que despiertan a
la adolescencia y se descubren así mismos. El paso del tiempo los hará crecer y
se convertirán en personas adultas.
Todos se recordarán entre si
mientras recorren caminos diferentes, hasta el día que estos se crucen y los
amigos se vuelvan a ver. Llegados a este punto se sabrá el resultado de las
decisiones que tomó cada uno de ellos.
Nos lo avisa el autor desde el
principio. Empieza en tiempo presente, con los dos personajes principales, y
continúa narrando las adolescencias de ellos y sus amigos. Lo bello de esta
novela es saborear la evolución de esta etapa de la vida que también considero
complicada.
Desde la incertidumbre de no
saber por qué te sientes así, descubrir el amor o sentir atracción hacia otra
persona y no saber cómo actuar, dejarte llevar a veces por los impulsos, … Es
un cúmulo de experiencias nuevas originando el caos en tu cabeza.
Y en el fondo es el paso
necesario para llegar a la madurez.
—La playa no pertenecía al
continente, sino al océano. Era el último reducto de su jurisdicción. Y tenía,
como él, la inconstancia de las formas y el hechizo de la soledad.
—Tienes una bendita enfermedad,
hijo mío, … «La primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido…» Todo eso que
sientes dentro de ti, hijo mío, es la buena tierra que se mueve porque se sabe
en sazón para recibir las semillas. (…) Recibe lo que se echa y cría igual lo
santo que lo perverso.
Me parece interesante lo que nos cuentas. No conocía esta obra del autor. De él tengo en la estantería Los renglones torcidos de Dios, que me atrae, pero a la vez me repele un poco por el tema psiquiátrico que contiene (que no siempre me es apetecible, la verdad). Igualmente, creo que será lectura interesante, como este que reseñas... Me has traído a la mente a este autor que, entre tantos pendientes, siempre dejamos en cola a muchos.
ResponderEliminarUn saludito.
Gracias por tu comentario Lectora empedernida.
EliminarHa sido el primer libro de este autor y tengo a la espera el que tu mencionas. Este que reseño es una preciosidad. No dejes de leerlo.
Saludos.