EDITORIAL: Planeta
PUBLICACIÓN:1984
Empiezo esta reseña por el Apéndice final del libro, titulado «La señorita Marie Duplessis». Lo escribe Jules Janin. Habla de la mencionada dama, la original, la que motivó al autor a escribir «La dama de las camelias».
Ha llamado mi atención el hecho
de que, tras publicarse con éxito la obra, los lectores, con sus reflexiones,
llegaron a la conclusión de que «La dama de las camelias» no era
una novela inventada, sino un drama real que la protagonista había vivido y
sufrido. Podría haber ocurrido lo contrario, pero el interés que despertó por
conocer los pormenores de esta Dama entre quienes la leyeron, avivó el interés
de la novela.
No quiero hacer comparaciones, son
odiosas, entre el padre y el hijo. Con estilos diferentes, Dumas hijo creó una
bella, romántica y dramática historia basada en un hecho real de su vida, la
relación que mantuvo con Marie Duplessis, Marguerite Gautier en «La dama
de las camelias». También es sabido que esta obra inspiró la ópera de
Giuseppe Verdi, La Traviata.
La mayor parte de la novela
transcurre en París. También es mencionada Bougival, una localidad cercana a la
ciudad que en la época se puso de moda frecuentar.
Hay bastante semejanza entre la
novela que se narra con la realidad que vivió el autor junto a su amante,
excepto en el desenlace. Del final real, las fuentes dicen que Dumas hijo cortó
su relación con Marie Duplessis por miedo a contraer la tuberculosis que
padecía la joven dama. En la ficción, elige un final en el que Armand queda
justificado.
Marguerite es una cortesana de
alto standing. Su vida anterior la ha llevado hasta París, y la forma más fácil
para sobrevivir era ser la amante de algún poderoso caballero.
Su belleza la llevó a los más
altos niveles, siendo la cortesana más cotizada de la ciudad. No todos los
hombres podían acceder a ella, pero los que la veían deseaban, al menos, ser
presentados y besar su mano. Alguna que otra gran fortuna cayó por el nivel de
gastos que la dama ocasionaba al año.
La novela está contada por dos narradores en tiempo presente. Marguerite ha fallecido y todos sus bienes van a ser subastados para pagar las deudas que había contraído.
Uno de ellos es Armand Duval, el
enamorado de Marguerite. El otro es el narrador editor, del que no conocemos su
nombre, pero se verá en la obligación moral de contar la historia de ellos tal
y como se la cuenta Armand.
Dicho evento propiciará que ambos
personajes entren en contacto. Hay un objeto en la subasta que genera el
interés de uno, mientras que para el otro tiene un significado sentimental.
El amor de Armand hacia
Marguerite, es irresistible, exigente, romántico, caprichoso y, porque no,
obsesivo. He tenido la impresión de que Armand, en cierto modo, se enamora de
su belleza y de la atracción que sobre él ejerce.
El amor de Marguerite hacia
Armand ocurre con un simple gesto que ella aprecia en él. Su amor también es
verdadero y lo demostrará al final.
«La dama de las camelias»
refleja el condicionamiento social de la época, con sus prejuicios y
contradicciones.
Abnegación es la palabra clave en
esta historia de amor. Las imposiciones de los propios amantes se convierten en
impedimento.
Fueron libres para elegir amarse
pese a los obstáculos de su época y las indisposiciones familiares. El amor
pasional de él y una solución más pragmática por parte de ella, no por eso
menos enamorada, da como resultado una historia de amor en la que, aunque los
resultados no sean los esperados, nos enseña hasta donde es capaz de llevarnos
el amor. Porque no siempre tiene que haber un final feliz,
CITAS:
-... pertenezco a esa clase de
personas que creen que lo grande está en lo pequeño. Pequeño es el niño, y
contiene al hombre; el cerebro es estrecho, y alberga el pensamiento; el ojo es
un sólo punto, y abarca leguas.
-¡Cuántos rodeos y cuántos razonamientos no arguye el corazón
para alcanzar lo que desea!
-Marguerite abrigaba todavía
orgullo e independencia: dos sentimientos que, heridos, son capaces de obrar
como obra el pudor.
-A veces, las mujeres toleran que
traicionen su amor, nunca que hieran su amor propio; y siempre se hiere el amor
propio de una mujer cuando, al cabo de dos días de iniciar relaciones amorosas
con un amante, este la abandona, sean cuales fueran las razones que se esgrimen
para tal ruptura.
-Cuando la existencia ha
contraído un hábito, como el de aquel amor, parece imposible que dicho hábito
pueda cortarse sin romper al mismo tiempo todos los demás resortes de la vida.
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